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domingo, 22 de diciembre de 2013

Un fragmento de Michel de Montaigne.

   "(...) Y aun cuando para revalorizar el poder absoluto de nuestra voluntad, alegase San Agustín haber visto a alguien que ordenaba a su trasero tantos pedos como quería y aun cuando su glosador Vives fuese más lejos con otro ejemplo de su época de pedos organizados según el tono de los versos que se recitaban, ello no supone tampoco la pura obediencia de este miembro; pues, ¿acaso existe otro por lo común más indiscreto y escandaloso? Además sé de uno tan turbulento y rebelde que tiene a su amo sin aliento tirándose pedos constantemente y sin remisión desde hace cuarenta años, llevándole así a la muerte. Y quiera Dios que sólo sepa por las historias cuántas veces nos lleva el vientre hasta las puertas de una muy angustiosa muerte por negarnos a un solo pedo; y ojalá que el emperador [Claudio, según Suetonio] que nos dio libertad para tirarnos pedos por todas partes, nos hubiera dado el poder para ello".

     (Michel de Montaigne: "Ensayos I", ed. Cátedra, 2012, pp. 151)

domingo, 15 de diciembre de 2013

Diario (10)

13 de diciembre, 2013.
(manuscrito, pasado a ordenador el 15/12)

   Voy a una entrevista de trabajo en los alrededores de Las Ventas. Llego temprano, mucho, y entro en una cafetería de la zona para esperar. Es uno de esos locales con solera - aunque sin papel higiénico, todo hay que decirlo - y algún cartelón evocando espléndidas tardes de torturar toros. Nunca entenderé cómo un supuesto arte puede producir engendros tan horteras, sin el menor criterio.

   Aparte del camarero solo hay un cliente. Un tipo más que maduro, ya quemado, y con expresión muy seria, de mal humor de serie. Lleva, también, gafas oscuras, cosa que en diciembre y a esas horas únicamente indica que eres ciego o que lo estás, o acaso que perteneces a esa clase de señores que añoran los tiempos de cara al sol. Es evidente que es vidente y que se trata, por tanto, de un caso becerro; o sea, que oscila entre las opciones be y ce.    

   La tele está puesta y hay un deváter mañanero sobre Cataluña. Varios tertuliculos hablan de la conga multitudinaria, del posible referendum, de toda esa mierda hervida que nos sirven a diario. El tipo de la barra tiene un cabreo de pequinés con el asunto, rechina, y se pone de repente a soltar un discurso allí en mitad del garito. Particularmente la consulta catalana me importa menos que la del psiquiatra, que ya es decir, aunque el camarero asiente así como muy sentido y el tipo empieza a crecerse, a subir el volumen de la diatriba y los pantalones también de vez en cuando. Habla sin cesar, cesáreo, como si estuviese dirigiéndose al Senado de Roma. Parece un Catón medio catatónico exigiendo la destrucción de Cartago. Convocando ya a todos los manípulos... ¡a la Legión! No sé qué leches le habrá echado el hijoputa del camarero, pero él pide sangre, paredones chorreando, cunetas llenas de incontables tarraconenses. En cinco minutos ya está dispuesto a combatir; si pasase una camioneta militar se lanzaría en plancha al interior. ¡A por ellos compatriotas! De verdad que lo de este país es para mear y no echar gota. Qué pila de tarados. A las 8:15 a.m ya están morados de carajillo y listos para la acción. No hay tregua...

   Al final me contratan como refuerzo navideño y ya no sé si alegrarme o emigrar.



jueves, 12 de diciembre de 2013

Diario (9)

12 de diciembre, 2013.

   Estos días han sido muy comentadas las declaraciones de Rajoy en Sudáfrica, a propósito del funeral de Mandela. Como siempre chambonas, sin un ápice de gusto, ni de tacto, ni de vista... sin el menor de los sentidos en realidad. En un entierro lo correcto y hasta lo cordial si cabe es ensalzar las virtudes del difunto, no las de tu equipo de fútbol. Evocar algún recuerdo en común si lo hubiera, o algún acto notable del homenajeado. O sino, joder, que algún asesor redacte un panegírico diligente del dirigente, lo lees con el rostro muy serio y ya te has portado como un señor. No te engolosines en los goles de tu país que quedas como la gocha; peor aun que el falso intérprete para sordos que salió con Obama, que por lo menos hizo reír al respetable cuando se descubrió el pastel.

   Dentro de los eslóganes vacíos de contenido que suelen usarse para vacilar a las masas el patriotismo de cafetería es siempre el más socorrido, eso es verdad. ¿A quién no le gusta sentirse el más español del chiringuito, pegar un puñetazo en la barra y pedir a voces fusilamientos para los flojos o cualquier cosa que rime y otro chupito? Solo personarse en alguna dependencia administrativa a montarla, a achantar pero bien al del mostrador, lo supera. Vestido de chulapo y diciendo "cotización" así con acento castizo, sílaba a sílaba y soltándole al oficinista pringado perdigones de saliva al cecear. Pertenecer a la vanguardia de la hispanidad bien entendida, decente y de centro, así escorada hacia El Escorial, es algo que tienta a cualquiera, y de ahí que sea el recurso fetiche para hacer que el personal comulgue con hostias o ruedas de molino: convertirlos por encantamiento en gigantes.

   Cervantes fue pobre como una rata. Un desgraciado que las pasó canutas. Se fue a Italia porque había pinchado a un tipo en una bronca - le iban a cortar la mano derecha, qué cosas -, y en Lepanto combatió en un pequeño esquife, sirviendo con fiebre, vómitos y diarrea, una disentería de agárrate, hasta que le hirieron y perdió la izquierda. Igual les pasó a miles ese día. Los alaridos debían de ser atroces, aparte de los cadáveres flotando, la cabeza del Alí Pachá en una pica y toda esa casquería tan gloriosa por ahí esparcida. Si sacasen hoy las imágenes en el informativo la gente devolvería la pasta; tendríamos que girar la cabeza de la repulsión, del asco. Luego el cautiverio, que tela. Como para echarlo también en la tele. Tormentos, vejaciones, palizas, y el tío intentando fugarse a toda costa, escondido como un topo hambriento en ella. O a veces deambulando por el desierto sin un mendrugo ni cobertura siquiera. "¡Malditas compañías...!". Y para colmo el mítico cura exaltado acusándole de cometer "pecado nefando" allí en los baños de Argel. Llegar al hogar y que te quiera llevar a la hoguera un cuervo del dieciséis untado, qué cosas, con un tarro de manteca; que pagues porque te han dado por el culo, vamos. Librar por los pelos y después pasarse los días esperando ya no digo mercedes, sino pequeños empujones que nunca llegaban. No se enrollaron ni para que pudiese enrolarse rumbo a las Indias. Ahí encerrado, escribiendo La Galatea y sobreviviendo malamente en el teatro de este país. Si alguien llega a cantarle aquello de "¿Qué le estará pasando al probe Miguel, que hace mucho tiempo que no sale?", posiblemente hoy no tendríamos novela universal alguna. Se habría quedado colgado de la golilla como otros de las goleadas. No es extraño que fuese alguien con semejante biografía quien logró captar mejor que nadie el verdadero espíritu de este país. Hasta qué punto se nos va la pinza pretendiendo ser caballeros y viendo grandes hazañas donde no las hay.


 

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Diario (8)

11 de diciembre, 2013.

   Hace un par de semanas Felipe Zapico me invitó a escoger y recitar un poema en la presentación de su nuevo libro: "Cosas". Lo de nuevo es un decir, porque el poemario fue escrito en 1981; digamos que el que acaba de editar. Andaba pendiente de que me avisen para un trabajo "en navidades", y de entrada había condicionado mi asistencia a que eso sucediese o no. Pero dado que últimamente solo recibo llamadas así como de otros planetas, de voces robóticas que quieren hablar conmigo de tarifas con delfines y flipazos de ese calibre, pues iré encantado.

    Felipe es una de esas imprescindibles moscas detrás de la oreja, si no cojoneras, que les salen a todos los sistemas establecidos. De esas que dicen cosas como que "la colonia huele mal". Volviendo de Londres en avión me sentaron en una fila de cacatúas británicas que iban probando compulsivamente todo el muestrario de perfumes "libres de impuestos"; echándose rociadas generosas de cada frasquito en los dedos para luego metérselos por la tocha. La pestuza era mareante, hasta la arcada. No sabía uno si abrirse en canal o arrojarse a él sin paracaídas. Lo curioso es que, hasta que ayer me puse a leer su "Litro de versos", nunca había escuchado a ningún poeta contar semejante realidad de un modo tan claro. La colonia, en efecto, huele singularmente mal, y en plural todavía peor. Este es un verso absolutamente bukowskiano, influencia reconocida por Felipe y en especial en la obra a la que me refiero. Me recordó a aquel poema de Hank en el que, durante un viaje en tren por la costa, un niño iba mirando durante todo el trayecto por la ventanilla y de pronto decía que el mar era feo. "La pura verdad, y nunca hasta entonces me había dado cuenta", concluía él (cito de memoria). La poesía es, en buena medida, éso, y con Zapico no hay atracos ni otra cara. Cuando dice que Damasco es porque es cierto, y además precisamente allí, donde bombardean a los críos y hay demasiada gentuza empeñada en que nadie se huela el verdadero meollo, el tufo a estupidez y codicia. Felipe hace una lista de los idiotas y la recita a gritos, con un vozarrón bizarro. Que para eso es leonés.

   Muchos de sus poemas (no todos) son auténticos mosqueos. Con la élite política y con las alitas poéticas. Redondo, rotundo: si ellos tienen difusores y sprays pues él también, no te jode, y toda la intención de usarlos sin complejos. "Yo escribo sin su dinero", así de claro. Ni lo necesito ni lo quiero.

   Aunque de ser una apisonadora irritada, irredenta, puede pasar a apasionado todoterreno. A ser una de esas moscas amigas de Machado. Pasarse las horas fotografiando orillas y cigüeñas, o descubrirse de pronto como el doble secreto de Orson Welles o el inspirador no reconocido de la última portada de Reverte (creían que adelgazando al pipas no iba a darse cuenta. Se ve que no le conocen bien. Aunque no ha denunciado para no darle otro disgusto a Mr.T). Tiene, además, poemas de amor magníficos. Ayer por ejemplo leí éste: "El columpio / había quedado roto/ los niños lloraban / y tú solo pensabas / en librarte de mí / en romperme". En "El ladrón de peras" hay toda una sección: "Opérculos sobre tus párpados", que no tiene desperdicio. Me hizo descubrir a un Zapico de registros que ni sospechaba. "Es tiempo de intemperie / desolación / cierzo en la memoria / cenizas. / Una píldora para / matar el abatimiento.  // Es tiempo de abatimiento / y ya no estás / nunca vas a estar, / ni te olvido / ni lo intento". Zapico es un hombre de grandes dimensiones, eso es evidente, y en él caben todos los temas, o al menos todos los que importan. Afirmaba Monterroso en una de sus frases más conocidas que solo hay tres: el amor, la muerte y las moscas... Pues eso, todos. Mezclados y agitados.

No beses
si no amas.

No des la mano
si no sientes afecto.

No des la espalda
ni a tu padre.

martes, 10 de diciembre de 2013

Diario (7)

10 de diciembre, 2013.

   En esa misma plaza de Rábade, en un lugar privilegiado, estaba el local más frecuentado de todo el pueblo: el "CAFÉ ESPAÑOL". En todas partes había uno con ese nombre por lo que sé; eran como la versión franquista de las franquicias. El suelo con baldosas y serrín, la botella de sifón, las clásicas mesas de mármol con el tapete verde para la partida. Recuerdo la máquina de tabaco, que no era de botones, sino de aquellas con tiradores, y las marcas que se ofrecían: Celtas, Rex, Goya, 1X2, Ducados... Más bizarría imposible; no había ni rubio. Si un inspector sanitario de la actualidad se encontrase algo semejante colgado en un garito le temblarían las piernas de la impresión. Podría perfectamente pensar que se trata de un artefacto terrorista. Pero el caso es que funcionaba; había más parroquia allí que donde repicaban las campanas, y fija además, clientes de décadas, de generaciones. Funcionaba hasta tal punto que su propietario, el Rin, se piraba muchas veces durante horas dejándolo abierto y sin nadie en la barra para atender, y los clientes que llegaban se servían a su gusto y pagaban después religiosamente, cogiendo el cambio o dejando propina incluso. Nunca faltó ni un duro (peso) de la caja. Jamás... Aquí al inspector sanitario ya le daría un síncope pistonudo; pensaría que se ha muerto y que está en el otro mundo, en el cielo de los hosteleros, o al menos en otro país. Solo no ver por ninguna parte "al responsable" le haría hecho suponer que seguía en casa.

   El delincuente oficial de allí era el Pena. Ya estaba rehabilitado, o al menos relativamente tranquilo, aunque en tiempos había atracado un banco creo que en Coruña, con dos cojones. Entonces los del oficio no se andaban con pijadas, y él era de los vocacionales, aunque también debía de ser de esos medio profesionales y medio no; de los que son capaces de culminar lo más difícil y luego cagarla en tonterías como para tirarse de los pelos (si es que aún los tienes). Por lo que me contaron el golpe en sí fue un éxito. Entró en la sucursal con el arma, todos al suelo, me cago na cona bendita, y llegó a salir con una bolsa de deporte llena de fajos de billetes de los de Echegaray, el hombre que demostró que ganar el Nobel no sirve de nada. Hasta ahí impecable. Lo que pasa es que después se ve que se apasionó más de la cuenta, por la adrenalina me figuro, y se metió en un chiringuito de los alrededores a ponerse hasta la bola de langostinos. Me parece que fue Confucio el que dijo que si quieres esconder un diamante lo mejor es un vaso de hielo - no estoy seguro, puede que se trate de una de esas citas atribuidas, al igual que a Echegaray no le he leído. En esencia estoy de acuerdo, es lo más juicioso... pero no le eches whisky encima, tío. La idea es no dar el cante. Cuando llegó la policía a tomar declaración a los empleados y demás testigos alguien le reconoció desde lejos, y como ellos dicen "se personaron" en el garito, donde le pillaron con todo el botín y pringado hasta los dedos, sin atender a raciones ya. Pagó no sé cuánto en la cárcel y al salir volvió al pueblo, donde se ganaba la vida trabajando de palista (legal). Era, desde luego, todo un personaje, con greñas y aquel bigotón macarrónico de la época... y alguno de esos tatuajes de punteados azules. "¿Qué tal rapaz?¿Cómo está todo por Asturias?". "Bien, bien...".

   Si había algo sagrado allí era el tute. La partida de la sobremesa era un ritual inexcusable y a partir de las tres el café se llenaba de jugadores de las más diversas condiciones. "¡Ouros!". "¡Teño, carallo!". Voceando todos de la emoción desatada, eso sí. Algunos eran auténticos adictos al naipe. Había uno, el Canario (no sé de dónde le venía el mote porque era más gallego que el caldo; de ser un pájaro fino supongo, o cantar tanto las cuarenta), al que le daban hasta espasmos si no encontraba pareja para la baraja. Por lo general todo el mundo tenía compañeros fijos para jugar en grupos de dos o cuatro, camadas de camaradas ya establecidas. También el Canario, por supuesto; lo que ocurría es que los demás tenían sus límites en cuanto al tiempo de pintarla y él no. La sangre le pedía tute a todas horas. Como a otros el caballo, pero a él todas las figuras. A veces se sentaba solo, cortando las cartas sin tregua, intentando tentar a cualquiera que pasase a su lado. "¿Un tute?". Adultos comunmente, ya fuesen o no forasteros, o sino niños cuando el grado de desesperación empezaba a ser patológico y se le ponían los faros vidriosos, como si estuviese a punto de echársele a volar la boina. Yo mismo jugué con él en alguna ocasión, por pura lástima. Las tardes peores, cuando no arribaba ningún rival, era desolador verle allí con los codos sobre el tapete y la cara tapada entre las manos, al borde del siroco. Era un jugador excelente, magistral. De los que saben cuándo va a salir cada triunfo y subastan con una precisión japonesa. De haber nacido en Las Vegas, Nevada, habría elegido hasta los gobernadores, pero allí tenía que conformarse con el que le tocase en suerte. Y a veces, doy fe, auténticos neófitos que no sabían ni lo que era "arrastrar". Parejas extrañas de verdad. Claro que ninguna lo era tanto como la de el Pena con su guate habitual: un guardia civil. Aquello sí que era como para haberlo grabado. El bandarra del pueblo bramándole a la benemérita: "¿Pero ti estás tolo o qué che pasa? ¿Cómo tiras o cabalo? ¿No ves que che levan o rey ahí, parvo...? ¡Me cago en...!¡Ya nos ganaron, carapijo!". Solo faltaba el inspector de sanidad acodado en la barra y encendiendo un trujas con el orujo.

 
 

lunes, 9 de diciembre de 2013

Diario (6)

9 de diciembre, 2013.

   Ayer comimos en casa de mi primo Suso, cerca de Alpedrete. Mi otro primo gallego, Francisco, acaba de mudarse a Madrid, y aprovechamos para tener una pequeña reunión. A Fran llevaba sin verle años; la última vez no era ni adolescente, y ahora trabaja en una inmobiliaria. En nuestro primer encuentro la semana pasada le reconocí de milagro.

   No sé si Rábade, el pueblo donde nació mi padre, habrá cambiado tanto también. Supongo que no mucho, allí las cosas solían ir despacio, claro que en los últimos quince años se ha acelerado todo hasta el delirio así en general. De hecho Francisco me comentó que andaban construyendo y derribando, y luego construyendo y volviendo a derribar, casetas de pulpo en el campo da feira. "¿Y para qué?". "No lo sé, ni idea. Para gastar os cartos... Están locos". Podría decirse que el campo da feira era el centro neurálgico de la población, junto con la plaza. Allí se desarrollaba la llamada vida social. La plaza, recuerdo, tenía el diseño más básico que pueda imaginarse: un cuadrado exacto dividido en cuatro sectores o más bien grandes losas de hormigón con unos pocos árboles y bancos circundándola, totalmente simétricos y rudimentarios. Sin el menor ornamento además, ni una placa siquiera dedicada a algún fascista ilustre. Pura sobriedad. Sin embargo parece ser que ya la han "arreglado" también, los mismos de las casetas locas. Han puesto una fuente enorme que de cuando en cuando se desborda inundando las casas vecinas, y suelo de madera en el que hay unos trompazos criminales cuando hiela. "No te rías", me contó Francisco," que ya se han escarallado unos cuantos". En fin... cosas de estos tiempos que corren o vuelan o cualquiera sabe. De todo menos andar como dios manda: sin rompernos las crismas.

   Estadísticamente no hay muchos megalómanos severos, con averías serias, aunque cuando coinciden todos en un mismo grupo político hay que empezar a preocuparse. En especial en una tierra como Lugo, donde lo más característico y hermoso de su arquitectura es la sencillez. El emblema de la capital, sin ir más lejos, es su muralla, construcción eminentemente práctica y elemental, mucho más amiga de la roca desnuda y bien robusta que del revestimiento rococó. Y lo mismo ocurre con su casco viejo, donde el empedrado, los pequeños soportales, las galerías y demás virguerías urbanas, son de una simplicidad maravillosa y eficaz. Uno de los escritores más destacados que han dado esos contornos, el mindoniense Álvaro Cunqueiro, tenía una curiosa afición: coleccionaba ecos. Tocaba las palmas bajo los arcos más señeros de Galicia para escucharlos y clasificarlos después. Puede parecer la típica boutade de artista, si bien Cunqueiro no iba de ese palo; se trataba de un hombre muy de la época. Cuando quería hacer el gilipollas se afiliaba a Falange, que para eso estaba... pero oír y catar con calma las resonancias en la arquitectura ancestral era algo fundado y de interés. Yo mismo descubrí lo que era el eco bajo un puente sobre el Miño. Mi padre me llevó con cuatro o cinco años y me lo enseñó. Ni siquiera conocía la palabra y de pronto me vino cuadruplicada, reverberante. Desde entonces, en mis paseos por allí, siempre me adentraba a posta en un puente para probar su acústica, si era o no de los que tenían eco y hasta qué punto. Me parecía como hipnótico. Así que, cuando años más tarde leí aquella inclinación del de Mondoñedo, no solo me quedé con la copla, sino que la comprendí profundamente. Galicia es el lugar con los ecos más hermosos del mundo. Como el propio autor explicó ya no se sabe si son palomas o ángeles lo que se echa a volar entre esas casas de piedra plana y oscura, de piedra abuela. Qué suelos de madera resbaladiza ni qué pollas...



 

sábado, 7 de diciembre de 2013

Cuatro poemas de Juako Escaso.

13.

Creímos
que nadábamos en la abundancia

Hoy sabemos
que nos ahogábamos en ella

.....

17.

No se debe ver la televisión
mientras se come - aconsejan -
ya que podría afectar
al proceso de digestión

No especifican si de la comida
o de las imágenes

.....

38.

En el capitalismo
la realidad es ante todo
ilusión colectiva

praxis
de la alucinación

.....

94.

¿Has visto el tamaño
la indomable belleza
del mundo?

Es cierto: el libro
no llega a cubrir gastos
la gente se descarna
en oficinas
y no hay amor suficiente
para todos pero
¿has visto el tamaño
la indomable belleza
del mundo?

     (Juako Escaso: "Mañana sin amo", ed. La oveja roja, 2013, páginas sin marcar)

viernes, 6 de diciembre de 2013

Un poema de Bárbara Butragueño.

EL PEQUEÑO PÁJARO CAE
y tú te limitas a observarlo
desde tu clara presencia
lo ves caer en su hueco inventado
en su vuelo de elipsis ardiendo.

Y contemplando inmóvil su caída
comprendes que tu calma en círculo
tu desplegado ramaje
no puede ser escalera
pues abierta la jaula
el pájaro persiste en su terror
inventa su parásito
y se devora

y todo para poder habitar
la irreal oscuridad del poema
sin ni siquiera advertir
que el verdadero poema
sólo puede escribirse en libertad.

Ah pequeño pájaro que cae
eres tu propia jaula.

     (Bárbara Butragueño: "Incendiario", ed. Polibea, 2013, pp. 57-58)

jueves, 5 de diciembre de 2013

Diario (5)

5 de diciembre, 2013.

   Uno de los libros que tengo sobre la mesita en estos momentos es "Las peregrinaciones de Childe Harold", de Lord Byron. En la primera parte, o Canto, vale, habla de España, y varias conclusiones a las que llega son: 1) que es un país de gente noble, a excepción de la nobleza; 2) que cuando los señores huyen, mueren los vasallos fieles a los cobardes y los traidores; y, 3) que idolatramos a una patria a la que solo debemos la existencia. Las citas son más o menos textuales, y si las aireo es porque al ser un Lord supongo que tiene inmunidad para no ser detenido y multado por vejar al país si es que vuelve a viajar a él, cosa que no parece probable - que retorne, se entiende. También porque son muy sintomáticas de uno de los males seculares de esta tierra - y en aquella época sobremanera - que desde luego no pasa desapercibido a cualquier turista de neurona ilustre: la escasa o nula capacidad de su (nuestra) clase dirigente, y no solo de la llamada cabeza, sino también de sus troncos y extremidades.

   Últimamente la nueva aristocracia, la económica, se queja hasta la extenuación de la falta de competitividad y preparación de los trabajadores. Nos repiten como un mantra que somos unos mantas, haraganes, codiciosos, inflexibles, soviéticos incluso... lo que se les pase por la chola después de los chupitos. El tejido empresarial se desmorona y la culpa es de los celadores sanitarios; de las pérfidas planchadoras de maternidad. Si en los bancos se supone que hay montante a raudales, pero luego se descubre que no, ¿quién además del infame profesor interino de química puede estar implicado? Todos tuvimos uno y sabemos cómo se las gastan con los fluidos; cómo hacían que se evaporase la liquidez mágicamente allí en sus laboratorios de científicos chiflados. Pensar que los máximos responsables oficiales del tinglado deberían ser en la práctica semejante cosa es un desvarío. Ellos manejaban la información secreta para otros, diseñaban las estrategias de gestión, controlaban los balances pormenorizados y previsiones y daban las instrucciones a diestro y siniestro... pero al parecer el problema era el maquinista del metro, que no medía bien. Se le iba la olla en vacaciones al pobre y les descuadró los cálculos en tropecientos mil millones. Les hizo perder la cuenta con esa cegadora camisa de palmeras que se puso en el Caribe.

   Aquí, cuando se acaba la inversión piramidal, empieza la pirámide invertida. Unos la cagan y los descuidados, los ineptos, resulta que son aquellos a los que les cae la mierda encima. Los señores se escaquean y los vasallos pagan: indiscutible. El punto tercero se había ido atenuando un poco con los años, es cierto... Aunque ya lo van a regular.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Diario (4)

4 de diciembre, 2013.

   Nunca había tenido animal de compañía, salvo un pez que compré en un arrebato: Sócrates. Traté de hacerlo bien, de alimentarlo correctamente quiero decir, cambiarle el agua como me había indicado el de la tienda y todas esas cosas, pero lo cierto es que no duró mucho. Una mañana me desperté y estaba despanzurrado flotando en la pecera, como una especie de gargajo naranja. Lancé un lánguido suspiro, como los románticos, y fui a tirarlo por el váter. Eso era todo lo que sabía sobre mascotas, teniendo en cuenta además que Sócrates no era especialmente comunicativo - o tal vez yo no lo entendía cuando abría y cerraba la boca, que debo reconocer que lo hacía con frecuencia. En cualquier caso no llegamos a tener una relación muy cercana, interactuábamos lo justo, y recuerdo que en algún momento hasta me arrepentí de haberlo comprado; no por las molestias, que eran insignificantes, sino más bien porque no acababa de comprender qué hacía aquel pobre bicho allí, en un frasco con ínfulas y sin una mínima decoración de corales.

   El caso es que, desde hace algún tiempo, convivo con dos gatas y un gato. Cañeros además: una gorda obsesionada con que le abran el grifo, desde las seis de la mañana hasta las doce de la noche, y un retaco camorrista más malo que la madre que lo parió; un punk que sacamos de un motor donde se había quedado atrapado, que ya hay que ser notas. La tercera es la más serena. Se llama Sola y hace honor a su nombre, porque así es como le gusta estar, cosa que entiendo perfectamente. Por lo común se subía al respaldo del sofá, igual que una pequeña gárgola, y allí se pasaba horas como en trance, oteándolo todo sin moverse ni un milímetro a no ser que alguien se pusiese cariñoso con ella, en cuyo caso se le disparaba la zarpa como si tuviese un resorte. Era como una hare krishna con mala hostia, pero al menos se comportaba con cierta sensatez. Claro que desde que llegó el nuevo fichaje, el enano, anda revolucionada también. Las dos lo están, cada una a su manera. Llevaban una vida de señoras florero, del cojín al chorrito de agua fría abierto por el mayordomo calvo o ahí practicando el budismo agresivo, sin la menor turbulencia en sus rutinas. Solo les faltaba la mesita con pastas y té gatunos y la partida semanal de perseguir la pelotita por el patio. Y de repente, claro, aparece de la nada un bandarra con rabo de escobilla a comerles el pienso y la moral y se monta pero fina. Anda por ahí agazapado el cabrón, las acecha escondido como si estuviese de caza y cuando pasan les salta al cuello a morderlas igual que un vampiro psicótico, unos ñascos que meten miedo, y ahí empiezan ya todos a sacar las uñas y a bufar en alto que más que un salón parece un documental de la dos lo que tenemos. Maullidos desconsolados, acrobacias en los muebles, reyertas con garras blancas. Sola ya tiene una paranoia severa: lo diquela todo por si intenta tenderle una emboscada el díscolo, y me parece a mí que lo de la paz espiritual va a tener que aplazarlo a otra de sus siete vidas, porque de momento se le jodió el zen y hasta la cena como se despiste. Así andan... Lo llamativo para mí es que poco a poco empiezo a interpretar sus movimientos y hasta sus sonidos, las distintas modulaciones y tonos. Por supuesto sé cuál miaga y casi casi lo que quiere. Lo que dice, si es que se puede decir así. Este nivel de comunicación con los animales es algo nuevo para mí; antes un gato me parecía esencialmente lo mismo que otro gato, no apreciaba diferencias sustanciales en sus comportamientos, pero el comprobar en la práctica (científicamente es ya una perogrullada a estas alturas de la biología) que todos tienen un carácter muy marcado y consecuente, experimentarlo por mí mismo y a diario, está siendo una vivencia muy curiosa que aún no sabría muy bien cómo calificar. Diría que enriquecedora de no ser por el precio que le ponen a su comida y el ritmo de autómata al que zampa la gorda, o los cuidados veterinarios y etcétera. Pero hermosa seguro, aunque me despierte cagándome en dios muchos días. Al final les quieres como son, sin trampas.

   

martes, 3 de diciembre de 2013

Diario (3)

3 de diciembre, 2013.

   No seré yo quien ponga en duda la generosidad de los valencianos. Durante todo el fin de semana no pararon de hacerle regalos a Ana, y el sábado, incluso, el propietario de Chez Lyon nos invitó a comer allí, ¡a seis personas! Y menudo menú: todo delicatessen, virguerías de alta cocina y en abundancia. Entre los entrantes había unos chorizos de ciervo que eran como para empezar una berrea allí mismo de lo buenos que estaban. Era hasta abrumador todo; daba la sensación de que de un momento a otro iba a entrar el sastre de Camps con uno de sus surtidos de trajes y corbatas sin cobrar para ponerse a repartirlos. O a tirar del hilo: "¿Quién quiere tomar medidas? Aquí traigo la cinta...". Algo impresionante.

   Javier hizo de cicerone durante la visita. Como prometió nuestro primer destino fue ir a ver el mar, desde un café de Alboraya. Allí picamos algo, que estábamos esfamiaos - habíamos salido de Madrid casi sin comer - y después directos al recital, en Xirivella. Muy emotivo: una concejala del Partido Popular se echó a llorar y todo en la tarima. Para rematar se vendieron la mayoría de los libros, hasta el punto de que el último día ya no quedaban y hubo gente que no pudo comprarlo. No era, claro está, una cifra astronómica, aunque tratándose de poesía casi que sí. El editor le dijo a Ana por teléfono que era la primera vez que le ocurría algo semejante, y al parecer era el número máximo de ejemplares que podía mandar la distribuidora de una sola vez. Están teniendo tantos pedidos que, por lo pronto, han limitado los envíos a esa cantidad. La obra ha gustado mucho y se nota.

   Se publican muy buenos libros de poesía en la actualidad, pero yo diría que éste responde a una necesidad muy específica y muy latente: rescatar tesoros interiores. Creo que es en buena medida su secreto, aparte de que los poemas de Ana son muy accesibles, no son esos mapas complejos en los que uno se pierde y puede acabar perfectamente en Mongolia. Los tiempos están para ello, casi para coger un detector de metales y ponerse a pañar ferralla vamos, y redescubrir algo que tanto se empeñan en arrebatarnos, con belleza y solidez, con humildad también, es una cosa que no solo gusta, sino que interesa. Cualquier persona, habitual o no de los versos, puede encontrar allí una guía directa a lo que importa, a lo cercano y lo arcano de su personal camino, que es algo más valioso que los lingotes y hasta que los lingotazos. Es la vida en toda la extensión de la palabra, labrada día a día y pese a todo. La vida que verdaderamente merece ese nombre y no las identidades que nos tienden como una colada sucia.

 

viernes, 29 de noviembre de 2013

Diario (2)

29 de noviembre, 2013.

   En unas horas salimos hacia Valencia. Será un fin de semana movido, con muchos compromisos, aunque con gente maja también, que siempre ayuda a sobrellevarlos mejor. La última vez que estuvimos visité la famosa huerta de allí. Enrique tiene alquilada una pequeña parcela que trabaja con regularidad, con afición y ganas, y los resultados son casi mágicos. Bolsas y bolsas de hortalizas de primera calidad, enormes y jugosas, brotadas en escasos metros, en apenas un pequeño retal de tierra. Allí es generosa, espléndida, de una fertilidad ya proverbial, y la verdad es que se nota con solo mirarla, es como si rezumase nutrientes, una especie de combustible sólido para arrancar vida. Instintivamente te das cuenta de que es así: un chollo para labrar. Da la impresión de que basta simplemente abrirla, un surco casi casual, y luego soltar las semillas para que la cosecha sea provechosa. Por supuesto no es así, hay que darle a la fesoria también y doblar el espinazo... pero lo parece. Se ve y se respira.

     Cuando viví en Holanda me contaron un día que había gente que se había vuelto majara por comer bulbos de tulipán, durante la posguerra. La tierra allí no es tan caritativa, no da ni un limón de limosna, y desde luego el clima tampoco es que ayude. Cuando vienen los vientos del mar del norte, sin una sola montaña que los pare, no se puede ni avanzar en bici, y no digamos ya el frío. A veces consideraban la nieve un alivio porque calentaba moderadamente la temperatura y aflojaba un poco el espesor de aquel aire cortante, como cuchillas rozando la cara. Unos regadíos como los valencianos allí serían considerados un regalo de dios, y de los gordos. Una bendición, un milagro auténtico, y casi estoy seguro de que los antiguos habrían construido toda una religión a su alrededor, templos y la hostia para dar gracias y prevenir posibles cabreos en las alturas. Recuerdo un lugar donde había una colina diminuta, un montículo apenas, en cuya cumbre se había hecho - en tiempos ya remotos, claro - una especie de estrambótica fortaleza circular donde pensaban ir a refugiarse cuando llegasen las grandes inundaciones, el fin del mundo o yo qué sé... Si montaron todo aquel tinglado por un peñasco no quiero ni pensar lo que les habría sugerido esa tierra hechizante, como embrujada por los mejores abonos. El Paraíso como mínimo. No hace falta ir tan lejos: aquí mismo basta con leer el pasaje del Cantar del Cid en que éste les muestra a Doña Jimena y sus hijas Valencia conquistada - o reconquistada, según el barrio en que preguntes. Se quedan como idiotizadas con el mar, y recuerdo haber leído en alguna parte que Azorín anotó en su ejemplar privado: "Claro, nunca habían visto el mar...". Ahora puede parecer una tontería, pero entonces no. Debía de ser como un fogonazo, para irse por la pata en el cinturón de castidad. No creo que sea por azar que esos versos figuren allí, cuando los cantares eran como el cine del pueblo. Llevaban el mar a Castilla, la fascinación en imágenes a los agricultores que los oían recitar. Todos aquellos huertos ubérrimos - aunque circunstancialmente sembrados de cadáveres, ejem - y el mar de fondo... Javier GM ha dicho que eso será lo primero que nos lleve a ver hoy, en cuanto nos recoja en la estación. Me muero de ganas.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Diario (1)

26 de noviembre, 2013.

   Hoy es la presentación de "Las sumas y los restos". Ana andaba un poco nerviosa la noche pasada, aunque al final no tardó en dormir demasiado.

   La acompañarán Juan Carlos Mestre y Rafael Reig, además del editor, Juan Pastor. Sabina de la Cruz llamó a casa ayer diciendo que no podría estar, que lo sentía mucho, y que enviaría una nota para que se leyese. Se la escuchaba afectada al teléfono; desde que se conocieron en Bilbao se ha encariñado con Ana y ha hecho todo lo posible para que la edición y distribución del libro sean de la mayor calidad y eficacia posibles. En todo caso nos ha citado a los dos para la próxima semana, que va a pasar aquí en Madrid. Es una señora encantadora, toda inteligencia y nobleza.

   Ya llevo bastante avanzada la lectura de las "Obras completas" de Blas de Otero que nos regaló. Hasta hoy conocía sus libros más destacados, que había leído en su momento, y algunos textos sueltos, pero buena parte de su producción estaba prácticamente olvidada. Me sorprendió, de entrada, su "Cántico espiritual", título significativo donde los haya. Poemas de los primeros años cuarenta, impregnados todavía - como su nombre indica - de una fuerte religiosidad, que entonces era un sentimiento omnipresente en Blas de Otero. A punto estuvo de ser sacerdote, y en una época en la que aquélla no era precisamente una vocación que se pudiese tomar a broma, obviando las formas y doctrina más estrictas quiero decir, el catolicismo ultraortodoxo y con olor a cirio. Cuando comencé la lectura Sabina le dijo a Ana "que no me asustase", o algo así, con ese primer poemario. En absoluto; si bien no es uno de mis registros favoritos, la poesía espiritual, enfocada desde la abnegación que da la fe, tiene una fuerza enorme cuando es de verdad sentida y honesta. Onetti decía que solo hay dos clases de escritores: los que hablan consigo mismos y los que hablan con dios. Y ambos son, en mi opinión, igual de legítimos. Si los poemas son buenos por mí como si hablan con una vaca, sagrada o no. El mes pasado, sin ir más lejos, volví a leer a Fray Luis y compré una antología de Sor Juana Inés. Los dos inmensos. Y el "Isidro" de Lope de Vega, un tocho de diez mil versos, en coplas castellanas, que incluso acabé, de cabo a rabo. Por otro lado los sonetos religiosos de Lope son magníficos, de una limpieza y una devoción totales. Súplicas desde la pura humildad, siendo él quien era, desde el dolor de saberse insignificante y perdido, pecador, y buscando el Perdón con mayúsculas, el camino más elevado para sanar su alma, sin paripés ni retrancas retóricas - el Fénix era de los que tomaba disciplinas al final. Poniéndose enteramente a disposición de (su) Cristo, de rodillas ante el poder de la Vida. Pueden, desde luego, no compartirse las maneras, los símbolos, pero si tal cosa no es un impulso poético de primer orden que baje dios y lo vea. Siglos después sigue vigente, salvando el salto cultural de casi cuatrocientos años. Y puede que hasta sin superar. Al borde de la muerte, mientras ya lo sangraban, pronunció sus últimas palabras: dijo que la verdadera fama era ser bueno, y que él cambiaría todo cuanto había tenido por poder hacer un acto más de virtud en la vida. Ahí está la pedrada. Quien tenga algo mejor y más alto que decir desde la agonía, o desde la tarima de maestro, que tire otra.

   (Del "Isidro" - I, 370-380 -:

   Que al natural la doctrina
   de perfeccionar acabe
   es justo, mas no se alabe
   quien sabe como imagina,
   mas quien con provecho sabe.

   No saber en contingencia
   que el errar con advertencia,
   tengo por mejor ganancia,
   y una fiel ignorancia
   que una temeraria ciencia.)


27 de noviembre, 2013.

    La presentación quedó guapa, más que competente. Había unas cincuenta personas y el local era agradable, cómodo y con abundante espacio. Reig y Mestre estuvieron muy bien, cada uno en su estilo, atinaron con el libro y las introducciones fueron pertinentes, sin tracas y con carácter. Luego Ana hechizó al público, estaba sembrada, y hasta el editor se emocionó yo creo cuando vio que había gente que se llevaba dos o incluso tres ejemplares del expositor, para regalar por navidades supongo. Al final se acabaron los que había. Tratándose de un volumen de poesía es algo bastante insólito, aunque la obra es buena, yo creo que la mejor de Ana hasta hoy. Se merece un hueco en el estante y los instantes de cualquier persona interesada en la poesía escrita en la actualidad, que no deja de ser la misma de siempre remozada o en más voces. Eso seguro.

   Durante las firmas salí a la calle a fumar con Gsús Bonilla. Otro que está evolucionando en el mejor de los sentidos. Hace cambios de astronauta en cada libro; se pone a explorar otras selvas de cocos y hojas enormes; y aunque como planteamiento suena bien, algo que casi cada creador suscribiría, implica riesgos evidentes, empezando por el de perderse y quedar sin víveres con los que innovar o a merced de las fieras - que las hay y a patadas, con las fauces y zarpas disfrazadas o no. Por lo común un autor encuentra un estilo navegable y por ahí sigue. O uno golfo y ahí atraca. No me parece mal, ojo, es tan digno como todo lo contrario si los textos lo son. Aunque los hay también que llegan a saturar; que ya fieden, como se dice en Asturias, siempre con y en la misma línea. Acaban pareciendo tendales, y si acaso intentan dar un giro importante al percal ya ni ellos mismos se entienden. Se les pira la famosa inspiración de pronto. Otros dan unos bandazos que parece que le están tocando las maracas al respetable. Eso es algo que está muy bien si eres el rey del mambo, pero si no a mí solo me sugiere miedo, o mucha mierda. Alguien debería explicarles a esos sujetos tan crípticos y avanzados en lo suyo que el jeroglífico no es nada moderno. Que ya las momias los usaban para decorar tumbas, y que hasta en las revistas de pasatiempos de toda la vida pasaron de moda. Viñetas de náufragos, sí; jeroglíficos, mejor mirar directamente las soluciones. De crío me volvía majara con aquellos ojos y dedos señalando objetos, tratando de desentrañar la palabra, aunque llegó un momento en que azoté aquellas páginas a tomar por culo de un patadón y me fui a comprar tabaco, para no volver nunca. Crecimiento se llama, y es algo muy natural en una medida razonable, sin perder la tierra de vista, ya sea el planeta o la materia donde se planta y hay raíces. Y eso es lo que Gsús hace: aumentar sus registros con solvencia, sin ser otro lunático soplando sobre las cenizas a ver si alguien se ciega. Menos mal.

   No conocía aún la calle Serrano. Ayer estuve allí por primera vez. Era un poco como esperaba: boutiques, joyerías, rajoyerías, tiendas de esas de "tendencias" en las que te cobran hasta por estornudar. Pero al final son covachas de lo más chabacano, pura tramoya. Bodrios para endiosar y endosar su vidrio. Se ven más guardias "al cabo de la calle" que vanguardias, eso fijo. Un espejismo como otro cualquiera. Lo que más llamó mi atención fueron las aceras: anchísimas. Se nota que hay peces bien gordos caminando por ahí. En general en Madrid son estrechas como cintas, para pasear con otros hay que ir en fila india casi, esquivando sin parar. Claro que donde hay cuartos y medios se nota. Me contaron que la ampliación se realizó no hace mucho. También que excavando se encontraron unas ruinas arqueológicas y que le echaron hormigón al yacimiento a toda leche, no fuese a crear incomodidades al distinguido vecindario. Gente por ahí sacando vasijas viejas, qué vulgaridad... Haciendo fosas con mono y dándole al pico, o lo que es peor: ¡descubriéndolas! Menudo miedo. A los difuntos hay que dejarlos donde están y no perturbar el descanso. A ver si se va a llenar el barrio de posters-gays de esos, como en Chueca, y luego a ver quién duerme tranquilo. Con que nos ensanchen la acera nos basta de momento, muchas gracias. Son así...


viernes, 15 de noviembre de 2013

EPÍSTOLA A UN DEPENDIENTE

Al final hay cuatro estantes de libros
como de cuarta mano. La mayoría
ya amarillentos, chollos entre comillas
de los que caen más hojas al cogerlos
que bamboleando el árbol de la ciencia.
Joyas del siglo de oro que se deslizan
por las baldosas, meticulosamente sucias 
(y conste que no digo el adverbio por decirlo,
que el antro no lo friegan desde Cervantes).
Pero a veces hay milagros, y encuentro
un volumen de Jose Pla - sin la pe -
por cincuenta céntimos. Dos novelas
que no son tal cosa, aunque se empeñe
el prologuista, ni tendrían por que serlo,
sino bitácoras, diarios de viajes,
aquellos cuadernos que él solía escribir
con paisajes, pitanzas y tipos que encontraba -
sin un párrafo de ficción. Pero en fin...
una edición salvable y bien de precio,
que en una tienda así ya es bastante. 
La cojo y voy a la caja. Sin más pedanterías.
Ya en el mostrador, el menda que despacha,
me pregunta si no voy a llevarme nada más.
Es sin duda caribeño, yo diría que cubano
por el acento, claro que sin el proverbial
desenfado que se atribuye a la gente de allí,
sino más bien seco y hasta con mala hostia.
"Un móvil", me suelta. "¿No quieres un móvil?".
"No", contesto. En realidad no quiero ni el mío.
Lo tengo por imperativo, porque me obligan
las circunstancias, pero si por mí fuese
lo estamparía sin piedad contra la pared
con todas sus aplicaciones de mierda.
Se lo cambiaría al tipo antipático incluso
por un vinilo rayado... "Muchas gracias".
"Esto cuesta solo medio euro, chico.
Es muy poco... Llévate otra cosa".
A punto estoy de preguntarle, lo juro,
por un ejemplar del Manifiesto Comunista,
solo para oír el comentario sabrosón,
aunque me pueden los buenos modales
y digo que no, que en otra ocasión será.
Abre entonces la registradora y me cobra
la moneda de mal humor, en plan borde.
Sin darme, como a los demás, una bolsa.
No exagero si digo que los libros
salvaron mi vida. No todos, claro,
buena parte no conseguí ni acabarlos.
Pero otros la dotaron de un propósito,
de rumbo y un enfoque que yo mismo,
sin su ayuda, no habría logrado jamás -
en tiempos sobre todo de derrumbe,
cuando nada encajaba y daban ganas
de arrojarse del viaducto más cercano
al ver el paisaje, las perspectivas
que este mundo le ofrecía a un borracho
incurable, como una vez escuché,
después de años de terapias fallidas,
recaídas y despertar en hospitales.
En desintoxicación leí las epístolas
de Séneca, hinchado a pastillas.
O sus diálogos: Oh dioses misericordiosos,
cuánto más dolor me causó lo deseado
que aquellas cosas que he temido...
Auténticas cápsulas del lenitivo total.
Y luego millares de versos para ver,
para saber mirar, el color, la maravilla:
la hormiga sobre la hoja, el trepidante
amanecer interno en un centro
mientras me lavaba la cara,
levitando casi al verlo todo tan bello,
como si hubiese dado a luz el asombro.
La poesía, la palabra mejor de otros,
me dio todo eso, y mucho más,
que por lo pronto me llevo conmigo,
dejando ya solo un último mensaje
para quien atienda: ¡A tomar por culo
todos tus móviles baratos, hombre!








domingo, 10 de noviembre de 2013

Un fragmento de Juan Boscán.

           RESPUESTA DE BOSCÁN
        A DON DIEGO DE MENDOZA

(...)
   Bien puede el labrador sin avaricia
multiplicar cada años sus graneros,
guardando la igualdad de la justicia.
   No curo yo de hacer cavar mineros                 190
de venas de metal ni otras riquezas,
para alcanzar gran suma de dineros.
  Sólo quiero excusar tristes pobrezas,
para no sufrir soberbias de hombres vanos,
ni de ricos estrechos estrechezas.                        195
   Quiero tener dineros en mis manos,
tener para tener contenta vida
con los hidalgos y con los villanos.
   Quien quiera se desmadre y se desmida,
buscando el oro puro y reluciente,                        200
y la concha del mar Indo venida.
   Quien quiera esté cuidoso y diligente,
haciendo granjear grandes yugadas
de tierra do aproveche la simiente.
   Si con esto se envuelven las lanzadas,                205
las muertes entre hermanos y parientes,
y de reyes las guerras guerreadas:
   huyan de mí los tales accidentes,
huyan de mí riquezas poderosas,
si son causa de mil males presentes.                     210
   Déjeme estar contento entre mis cosas,
comiendo en compañía mansamente
comidas que no sean sospechosas.
(...)
   Nosotros seguiremos sus pisadas:
digo, yo y mi mujer nos andaremos
tratando allí las cosas 'namoradas.
   A do corra algún río nos iremos,                       250
y a la sombra de alguna verde haya,
a do estemos mejor nos sentaremos.
   Tenderme ha allí la halda de su saya,
y en regalos de amor habrá porfía,
cuál de entrambos hará más alta raya.                  255
   El río correrá por do es su vía,
nosotros correremos por la nuestra,
sin pensar en la noche ni en el día.
   El ruiseñor nos cantará a la diestra,
y verná sin el cuervo la paloma,                           260
haciendo en su venida alegre muestra.
   No ternemos envidia al que está en Roma,
ni a los tesoros de los Asianos,
ni a cuanto por acá del India asoma.
   Ternemos nuestros libros en las manos,            265
y no se cansarán de andar contando
los hechos celestiales y mundanos.
(...)
   Su mano me dará dentro en mi mano,
y acudirán deleites y blanduras
de un sano corazón en otro sano.
   Los ojos holgarán con las verduras                  295
de los montes y prados que veremos,
y con las sombras de las espesuras.
   El correr de las aguas oiremos,
y su blando venir por las montañas,
que a su paso vernán donde estaremos.              300
   El aire moverá las verdes cañas,
y volverán entonces los ganados,
balando por llegar a sus cabañas.
   En esto ya que el sol por los collados
sus largas sombras andará encumbrando,           305
enviando reposo a los cansados,
   nosotros nos iremos paseando
hacia el lugar do está nuestra morada,
en cosas que veremos platicando.
(...)


     (Juan Boscán, en: "Poesía lírica del Siglo de Oro", ed. Cátedra, 1993, pp. 42-45)

sábado, 9 de noviembre de 2013

Así se las ponían a Fernando VII.

     Buena parte de los estudiosos le califican como el rey más denostado y desastroso de cuantos han posado el culo en el trono de España, lo que equivale casi a ser el más chinado en un concurso japonés. Su propia madre le describía como marrajo y cobarde, y a su primera esposa le parecía totalmente memo; ni siquiera un marido físico y además un latoso. Claro que tardó once meses en culminar aquel matrimonio con María Antonia. Quizá es que andaba un poco resquemada. Se sabe que tenía un miembro de talla imperial, un digno glande de España, y hasta hubo quien atribuyó esos problemas de erección a tamaño tamaño; a que no le venía bien el riego, ni el general ni ése en particular. Pero nada más erróneo: se trató de un simple tropezón de orden psíquico, un desorden, del que luego se recuperó con creces, llegando incluso a adquirir una firme reputación de putero y veleta en todos los sentidos. Las cosas como son.

     De hecho su tercera esposa, María Josefa, tuvo una incontinencia de esfínteres durante la noche de bodas. Vamos, que más que la pureza le entregó el puré, se cagó de miedo. La pobre niña rica solo contaba quince años y se había educado íntegramente entre monjas de Sajonia, o sea que ni idea de lo que era mojar. Aparte quienes debían aleccionarla en los momentos previos no estaban dispuestas: Mª Teresa de Braganza - la princesa ya casada más próxima al rey - porque era la hermana de la reina anterior y no hacía buenas migas con la alemana; y la camarera mayor - segunda opción según la tradición - porque nunca se había fijado en las cosas que su marido le hacía en la cama. Así que, además de virgen, no había oído hablar ni de la cigüeña. Entró en el dormitorio sin descascarar del todo, pensando tal vez que le aguardaba un plácido y merecido descanso en palacio tras tanto trajín ceremonioso. Sin embargo lo que se encontró fue al monarca, un canicón de ciento y pico kilos en camisón, sugiriéndole con su voz aflautada jugar a la gallinita ciega con aquel pedazo de polla aciaga. Menuda escena después de cenar. Su Alteza quiso magrearla y la cría empezó a pegar alaridos. Se escabulló y hubo una persecución acalorada por la alcoba: él con la amabilidad de un volcán reclamando sus favores por derecho y por tieso, y ella volcando los muebles. Al fin salió y llamó con un cabreo bien real a su cuñada y a la camarera, a las que traita de P. et B. - tal y como se lo relató Merimée a Stendhal en una carta - y les EXIGE que le enseñen a la chorba buenas formas y posturas mientras él se fuma un puro en el pasillo, aún con el camisón. Ellas la asesoran, incluso a esas horas, para complacer al rey, y se muestra ya la niña más dócil y resignada en la segunda entrega, aunque también consumida por los nervios y el canguelo de consumar, motivo por el cual pasó lo que pasó. Por lo visto no volvieron a tocarse en ocho días, y hasta tuvo que intervenir el Papa para calmar las ánimas. Cuando María Josefa accedió lo hizo con la condición de rezar previamente junto a su esposo un rosario y el padrenuestro mientras practicaban el coito. Y otro extra, que en este caso le habían recomendado los doctores a él: penetrar a través de un cojín agujereado para que resultase menos doloroso. Así se las ponían a Fernando VII, como se suele decir... Si bien la expresión se refería, en un principio, a las bolas de billar.


viernes, 8 de noviembre de 2013

Biafran Air Force.

     A finales de los años sesenta del siglo anterior se produjo un genocidio, otro. Fue durante la Guerra Civil Nigeriana, también llamada de Biafra, donde en los peores momentos llegó a darse una media de diez mil cadáveres diarios, con un saldo final de entre uno y tres millones. Pelagra, anemia, inanición... Hubo un descomunal brote de kwashiokor, una patología causada por carencia de proteínas y que afecta principalmente a los niños. Produce lesiones cerebrales, letargo, coma y, al final, la muerte. Leslie Kirkley, director de Oxfam, constató en junio del 68, durante una visita a la zona, que de no recibir víveres con urgencia unos 400.000 entrarían en una fase de "no esperanza". Y eso a muy corto plazo. En cuestión de meses la devastación podría ser definitiva.

     El problema no era solo conseguir los alimentos, sino distribuirlos. La tribu más afectada, los ibos, había sido literalmente cercada, y cortar de raíz todo suministro formaba parte de la táctica bélica. Los enfrentamientos frontales no estaban dando los resultados previstos. El pueblo ibo, inferior en número (una décima parte de combatientes en relación con el ejército oficial) y con armamento de menor calidad, estaba resistiendo los ataques con una fiereza y eficacia insospechadas. No solo vencieron buena parte de las batallas, deteniendo el avance gubernamental, sino que llegaron incluso a hacer una incursión en el occidente de Nigeria, una ofensiva más que temeraria que tuvo resultados desastrosos en el otro bando. De ahí que el lugar pasase a ser, literalmente, un sitio. Bajo el mando del general Gowon, un botarate más girado que el ventilador de Emmanuelle, las tropas nigerianas se decidieron por el asedio, el exterminio indiscriminado y criminal por hambre y enfermedad. Todo aprovisionamiento quedaba terminantemente prohibido, incluido el humanitario, y por supuesto se bloquearon las costas y el espacio aéreo. Mientras, en Europa, se removía el mayo de París y países como Gran Bretaña, Bélgica, Holanda, Italia y por supuesto la catoliquísima España - los ibos, qué cosas, eran mayoritariamente cristianos - importaban allí... material militar a los otros. Está de más decir que bajo el suelo de Biafra está el océano de petróleo "más puro de todo el mundo". Podría ser utilizado, directamente, para la alimentación de un motor diesel de un camión y éste funcionaría. Sin refinar ni nada, con solo cavar unos cuantos hoyos. Un chollazo.

     En las navidades de ese año hubo un terrible bombardeo sobre Umuahia. No hay constancia de que la aviación nigeriana atacase jamás objetivos armados. Como señala Gary Brecher: "Habría sido demasiado arriesgado, y menos divertido que bombardear campos de refugiados, hospitales y columnas de civiles. Ésos fueron sus blancos favoritos; mejor dicho, los únicos". Varios proyectiles habían alcanzado una casa llena de niños. El espectáculo debía de ser, como es lógico, espeluznante. Un veterano piloto sueco, Carl Gustav von Rosen, se encontraba allí, entregando una carta que le había sido encomendada, y ante la imagen de aquella carnicería se quedó trastornado, rumiando en silencio los horrores. Muy poco después, tomando café con el escritor Frederick Forsyth, más tarde autor de varios best-sellers, se decidió a hablar de su nueva determinación a la vista de lo sucedido: iba a "aniquilar las Fuerzas Aéreas federales". Con dos cojones. Sueco, insisto, de pocas palabras, y a punto de jubilarse además. Se ve que no le gustaba nada la perspectiva del dominó, y a partir de esa no sé si decir optimista declaración se puso a trazar un plan. No resultaba fácil: los gubernamentales tenían cazas MiG-17, bombarderos Il-28 soviéticos, aviones de transporte DC-3 y helicópteros en abundancia, mientras que los biafreños... pues nada en realidad; ni un puto ala delta para saltar. Aunque bueno, ya se sabe cómo son los nórdicos de plantados, y éste encima era conde. Pijadas ni una: les iba a esconder el nabo escandinavo pero bien, en toda la retaguardia del general Güewon o lo que fuese. Estaba decidido.

     Consiguió agenciarse varios ultraligeros canijos. Tamaño furgoneta y no muy grande, de los de fumigar y gracias. Unos de esos cacharros monoplaza que sueltan pedorretas al volar y dan banzados a ras de los árboles. Como mosquitos de pesadilla vamos. Tuvieron que pintar la parte inferior de azul para ver si se camuflaban un poco, porque menudo cante la Biafran Air Force, que así se bautizó el invento. Se alzaban del suelo de chiripa, y con más de doscientos veinticinco kilos de carga ni catapultándolos. Había que arrojar lastre y hasta la mascota para conseguir más cota. Una jartada todo. Sin embargo funcionó. Todas estas aparentes desventajas, al final, resultaron ser de lo más estratégicas. Su forzada lentitud favorecía la precisión en el tiro, la mitad de los cohetes hacían diana, y gracias a volar tan bajo no les alcanzaban más que a balazos. Volvían de las misiones como un colador con alas, sí, pero volvían siempre. No lograron derribar ninguno.

     El 22 de mayo atacaron el aeropuerto de Port Harcourt, llevándose por delante un Ilyushin y dos MiG que había en el pista. Eso como aperitivo. En incursiones posteriores destrozaron unos treinta aparatos de combate y transporte, varios helicópteros, un bombardero británico Canberra, una torre de control, seis camiones... O sea, que diezmaron las fuerzas aéreas, prácticamente todo el arsenal, tal y como había vislumbrado en su día von Rosen. Se montó pero fina. Y no digamos ya cuando fueron a por las instalaciones petrolíferas, a darles donde más dólar les podían producir. Causaron tantos destrozos que la Shell-BP acordó "la suspensión temporal de sus operaciones en la tierra firme de Nigeria". Hubo una sacudida brutal en el mercado británico, y algunos que yo me sé empezaron a verlo crudo pero de verdad. Durante casi seis meses el ejército nigeriano ni se movió. Se declaró una especie de tregua por la bondad del general Gowon, decía la prensa de allí, y otras que por los rigores de la estación húmeda. Se ve que llovían gatos y perros, literalmente. Y pepinazos.
   

     

   

lunes, 4 de noviembre de 2013

"Ti voglio bene", un poema de José A. Mesa Toré.

Me envías una escueta postal de tu viaje
con unas cuantas faltas leves de ortografía
- aunque eso no importa, ya sabes mi manía
de perseguir tus líricas traiciones al lenguaje.
Hablas de la ciudad, del mediocre hospedaje
en pleno centro de Florencia y todavía
hacia el final te tiembla la azul caligrafía
cuando dices que sientes mi sombra entre el paisaje.
¿Quién puede comprenderte, mi lejana turista?
Hoy me mandas suspiros, promesas, algún beso,
y ayer mismo huías con un hasta la vista
No temas: estaré aguardando el regreso
en el sitio fijado y a la hora prevista,
para ver como un tonto las fotos del suceso. 

     (José A. Mesa Toré, en: "La nueva poesía (1975 - 1992)", ed. Grijalbo Mondadori, 1996, pp. 229)

martes, 22 de octubre de 2013

Dos fragmentos de Miriam Reyes.

(...)
Mientras vivas
cuidaré de ti
como cuido de mirar el suelo que piso
como cuido de escoger las manzanas con mis manos
y de no esconder los agujeros.

.....

(...)
Las casas se derrumban a mi paso
la tierra es una alfombra de escombros.
Me detengo a admirar la belleza de las palas mecánicas
los movimientos de las excavadoras me erizan de deseo.
De noche las contemplo:
los perfiles inmóviles de las palas
descansando sobre el cielo azul cobalto
al lado de la luna de luz nacarada
son aún más hermosos que los brazos de los hombres que las manipulan
y las excavadoras
con sus enormes bocas abiertas y llenas todavía
de tierra y escombros
parecen enormes animales muertos.
(...)

     (Miriam Reyes: "Espejo negro y otros poemas", Ediciones Liliputienses, 2013, pp. 52 y 53)

lunes, 7 de octubre de 2013

Unamuno y los paisajes.

     "Unamuno me dijo que Pereda, a pesar de haber descrito paisajes que habían producido gran impresión en la gente de su época, incluso en las personas de sensibilidad de su época, era un hombre absolutamente incapaz de ver un paisaje, hasta el punto de que una vez le dijo, Pereda, que la Naturaleza le repugnaba absolutamente. Añadía que Ruyra era un caso igual al de Pereda, en lo que al paisaje se refiere y que ambos escritores eran, en este aspecto, intercambiables. Tanto los paisajes del escritor castellano como los del escritor catalán son paisajes de gabinete, completamente artificiales y totalmente extraños a la realidad. De momento no supe qué contestarle a Unamuno.

     Con referencia al autor de El sabor de la tierruca, Unamuno fundaba lo que decía con pruebas de un peso tremendo. Unamuno tenía cartas de Pereda que demostraban que el primer sorprendido de que el público gustara de los paisajes que contenían sus novelas era Pereda mismo. Unamuno no conocía personalmente a Ruyra y, por tanto, desconocía lo que pensaba de los paisajes que había descrito. Lo que sí conocía y a fondo el profesor era la literatura que Ruyra había construido. Por lo que a Pereda hace referencia, no supe, como ya dije, contestarle nada. En cambio, traté de disuadirle de la opinión que sobre Ruyra había formulado.

     - Ruyra es un gran paisajista - hube de decirle.
     - No creo - me contestó.
     - Nadie como Ruyra ha sabido describir el mar...
     - ¡Por Dios!

     Le pedí un ejemplar de Marines i boscatges, que el profesor tenía a mano en su despacho, y leí varios trozos, al azar. Primero sobre el mar y luego sobre los bosques. Unamuno escuchó muy atento y fue animándose a través de la lectura.

     - Esto tiene un cierto aire, en efecto - me dijo. Y después de una pausa añadió -: Verdad es que a mí el mar no me gusta...

     Cuando a Unamuno se le daban razones, se batía en retirada rápidamente. Esto pude observarlo en Salamanca, en París y en Madrid, centenares de veces. Luego le leí unos fragmentos sobre paisajes boscosos.

     - Desde luego, desde luego... - dijo -. Lo que pasa es que los bosques a mí me repugnan.

     Esto sucedía en 1921. (...)".

     (Josep Pla: "Viaje en autobús", ed. Austral, 2013, pp. 188-189)

   

domingo, 22 de septiembre de 2013

"Conflictos", un poema de Sharon Olds.

                                                  (Rodesia, 1978)

Deja ya de hablar de conflictos.
Veo la cabeza pálida como el vientre de una araña de la
recién nacida encima de la hierba, con la tela de araña de
venas invisibles en su cráneo, la piel
gris y fulgente, el limpio corte de
la bayoneta en mitad del pecho.
Veo la cara de su madre, a golpes,
ha tomado la forma de una planta,
un cactus con espinas grises y carnosos
brotes de color granate oscuro.
Veo el largo de su brazo sobre la pequeña;
su muñeca descansa inmóvil  con todo su peso, sobre las
diminutas costillas.
                             No me hables de
política, tío. Que tengo ojos.

.....

                  THE ISSUES

Just don't tell me about the issues.
I can see the pale spider-belly head of the
new-born who lies on the lawn, the web of
veins at the surface of her scalp, her skin
grey and gleaming, the clean line of the
bayonet down the center of her chest.
I see her mother's face, beaten and
beaten into the shape of a plant,
a cactus with grey spines and broad
dark maroon blooms. 
I see her arm stretched out across her baby,
wrist resting, heavily, still, across the
tiny ribs.
Don't speak to me about 
politics. I've got eyes, man. 

     (Sharon Olds: "Los muertos y los vivos", Bartleby Editores, 2006, pp. 26. Traducción de J.J. Almagro Iglesias y Carlos Jiménez Arribas)

"Poema con chiflo a lo lejos", un poema de Felipe Zapico.

              Vuelve el afilador, su chiflo
hoy en en medio de la tormenta, otra tormenta,
                           otra ciudad.

     Y me despojo de mi alma, o lo que sea
                          y se la entrego
               pero él me dice que no puede
                            hacer nada
                     que espere a que pase
                           el hojalatero
                                  que
                                tal vez
                     me la pueda remachar.

     (Felipe Zapico: "El ladrón de peras", ed. Origami, 2013, pp.78)

martes, 17 de septiembre de 2013

Dos poemas y un fragmento de Oliverio Girondo.

DICOTOMÍA INCRUENTA

SIEMPRE llega mi mano
más tarde que otra mano que se mezcla a la mía
y forman una mano.

Cuando voy a sentarme
advierto que mi cuerpo
se sienta en otro cuerpo que acaba de sentarse
adonde yo me siento.

Y en el preciso instante
de entrar en una casa,
descubro que ya estaba
antes de haber llegado.

Por eso es muy posible que no asista a mi entierro,
y que mientras me rieguen de lugares comunes,
ya me encuentre en la tumba,
vestido de esqueleto,
bostezando los tópicos y los llantos fingidos.

.....

RESTRINGIDO PROPÓSITO

DEMASIADO corpóreo,
limitado,
compacto.

Tendré que abrir los poros
y disgregarme un poco.

No digo demasiado.

.....

Del poema "Lo que esperamos".

(...)
Pero, quizás, un día,
antes de que la tierra se canse de atraernos
y brindarnos su seno,
el cerebro les sirva para sentirse humanos,
y ser hombres,
mujeres,
- no cajas de caudales,
ni perchas desoladas -,
someter a las ruedas,
impedir que nos maten,
comprobar que la vida se arranca y despedaza
los chalecos de fuerza de todos los sistemas;
y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas
se encuentran en nosotros y no bajo la tierra.
(...)

     (Oliverio Girondo: "Obra. Poesía y prosa", ed. Losada, 2012, pp. 334, 337 y 367)

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Un fragmento de Lope de Vega.

AL DOCTOR GREGORIO DE ANGULO,
REGIDOR DE TOLEDO

EPÍSTOLA SEGUNDA
(Fragmento)

(...)
   Un príncipe, ¿qué piensa, cuando pase
sangre de Adán, mil siglos olvidada,
a la que algún barbero le secase
   (porque ser más o menos colorada
es parte de salud, no es parte noble;
que la propia es la virtud, no la heredada),
   piensa que se crió para ser roble
de los blasones de su casa armado,
donde con fruto ajeno viva inmoble?
   ¿Piensa que solamente se ha criado
para comer capones y perdices,
y teñido de púrpura el pescado?
   ¿Para que traiga en ámbar las narices,
la tierna carne en flamenca holanda,
los ojos en pinturas y tapices,
   y dando el pulso a la lisonja blanda,
cuando tiene salud, entre mujeres,
comer en viernes lo que Dios no manda?
   ¡Oh, tú!, que a todos en comer prefieres,
y sin sudor de Adán bebes y comes
Baco aromatizado y blanca Ceres,
   cuando al balcón del ser mortal te asomes,
mira que para ser del hombre amparo,
y para que a tu cuenta su bien tomes,
   Dios te crió de abuelo y padre claro;
que te pudiera hacer un zapatero,
no para ser estítico y avaro.
   No fue tu ciencia tu nacer primero;
que hasta salir por la primera puerta
cualquiera se naciera caballero.
   Después que, la cabeza descubierta,
te sirvan dromedarios y elefantes,
serás señor si tu virtud lo acierta.
   Allí, cuando estrellado de diamantes
el pecho, como lámpara en cadenas,
te miren los ministros circunstantes,
   si dieres honra, hicieres obras buenas,
diremos que eres sabio, noble y santo;
pero si no, que tienes alma apenas.
(...)

.....
     (Lope de Vega: "Poesía selecta", ed. Cátedra, 2010, pp. 334-335)

domingo, 8 de septiembre de 2013

Un fragmento de T.S. Eliot.

(...)
¿Nos engañaron o engañábanse
ellos, los ancianos de voz queda,
al no legarnos sino la receta
de un fraude? La serenidad tan sólo
un voluntario embotamiento,
nada la cordura sino un saber
sobre secretos muertos, inservibles
en la tiniebla a la que se asomaron
o de la que apartaron la mirada.
Hay, nos parece, a lo sumo un valor
limitado en el saber por experiencia.
Impone su pauta la percepción
y lleva a error, pues es nueva la pauta
a cada instante y cada instante
es una valoración renovada
y sorprendente de cuanto hemos sido.
Sólo no nos engaña lo que, siendo
engañoso, no puede ya dañarnos.
A mitad del camino, y aún más,
por el camino todo, en una selva
oscura, en un zarzal, junto a una ciénaga
donde el paso es inseguro y hostigan
monstruos, luces fantásticas y el riesgo
de ser hechizados. No me hable nadie
del saber de los viejos,
sino de su demencia, su temor
a la posesión, a pertenecer
a otro, o a otros, o a Dios.
El único saber al que podemos
aspirar es el de la humildad, que es infinita.
(...)

.....

                            (...) Had they deceived us
Or deceived themselves, the quiet-voiced elders,
Bequeathing us merely a receipt for deceit?
The serenity only a deliberate hebetude,
The wisdom only the knowledge of dead secrets
Useless in the darkness into which they peered
Or from which they turned their eyes. There is, it seems to us,
At best, only a limited value
In the knowledge derived from experience.
The knowledge imposes a pattern, and falsifies,
For the pattern is new in every moment
And every moment is a new and shoking
Valuation of all we have been. We are only undeceived
Of that which, deceiving, could no longer harm.
In the middle, not only in the middle of the way
But all the way, in a dark wood, in a bramble,
On the edge of a grimpen, where is no secure foothold,
And menaced by monsters, fancy lights;
Risking enchantment. Do not let me hear
Of the wisdom of old men, but rather of their folly,
Their fear of fear and frenzy, their fear of possession,
Of belonging to another, or to others, or to God.
The only wisdom we can hope to acquire
Is the wisdom of humility: humility is endless.
(...)

     (T.S. Eliot: "Cuatro cuartetos (Four Quartets)", ed. Cátedra, 2004, pp. 104-107. Traducción de Esteban Pujals Gesalí) 

sábado, 7 de septiembre de 2013

Dos poemas de Jorge M. Molinero.

          Crisis II
(todos tirando del mismo carro)

El violinista en el tejado
toca desafinado, con la funda
llena de estrellas.
Y no se piensa bajar de su azotea
de vistas privilegiadas.

Le importa una mierda
cómo te las apañes
cargando el contrabajo
por las escaleras.

.....

Palabras para Julieta III

                                             cambié los bares
                                         por la arena del parque
                                                              y toboganes
                                                       J. Malone Miller

tropieza
con un hipopótamo de plástico
tropieza
con jirafas, pelotas, peluches,
puzzles, pianos, xilofones, tambores

tropieza y se cae y se levanta y
tropieza
con legos, marionetas, cajas, caballos

no está mal
que aprenda tan pronto
a dejar las excusas a un lado
a no echar la culpa al mundo

saber que siempre
son las cosas que no dejamos
en su sitio
las que nos hacen tropezar

      (Jorge M. Molinero: "La noche que llovieron impermeables", ed. Origami, 2013, pp. 28 y 100)

jueves, 5 de septiembre de 2013

"¿Dónde anida el sentido?", un poema de César Ibáñez París.

Es verdad que la mierda
no solamente fluye por las alcantarillas,
sino también, y más, por los cerebros:
de neurona en neurona va saltando
grácil, aéreamente,
como una bailarina que sudara en exceso.
Y no pienses, lector, que tu cacumen
se libra de la regla.
Piensa un poco, haz memoria,
y osa pregonarte sin pecado...

Pero también es cierto que una fresca sonrisa,
la curvatura amable de unos labios
que ignoran el cinismo,
el sonido de flauta
que florece en la boca de la niña que juega,
alumbran la caverna de este mundo
más que un sol de verano.

¿Dónde anida el sentido?

     (César Ibáñez París: "La ruta de la sed", ed. Devenir, 2013, pp. 32)

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Dos poemas de Juan Gil-Albert.

     LO QUE SE NOS ROBA

Uno quisiera que el vivir fuera lo mismo que parece,
que el sol nos alegrara cuando por los desiertos avanza hasta nuestras ciudades de piedra,
que el mar sólo se preste para el feliz camino de los hombres,
que lo que llaman horas de descanso estuvieran de veras dedicadas al sueño.

Se quisiera que así como lo vimos infantiles,
un trajinado paso que no alteran las sombras
fuera el vivir, intenso desarrollo que se cumple
sin que doblez alguno atosigue esa fauna que contiene.

Quisiéramos habernos encontrado para vivir la vida que nos hizo,
no seguros lugares de molicie donde los ríos pasan,
pero nunca este suelo saqueado que imponéis al que llega,
dueños agonizantes que aun resisten con su fétido aliento.

.....

                       EVIDENCIA

Que no importa ya que mi plato esté colmado de carne,
que no importa que los proyectos sean fáciles en avión
y que esas gentes sonrían aún como pájaros hermosos
el pasar por el mundo en un carro de espumas.
Que no importa que sellemos las puertas en la noche silente
para darnos ya solos la música robada
como seres postizos que le toman un miedo a la selva;
no importa que del fuego hayamos hecho ese dulce refugio,
como tras de mamparas de felpa saborear los libros,
para que todo sea, como es,
una cosa terrible que se mueve.

     (Juan Gil-Albert: "Mi voz comprometida (1936 - 1939)", ed. Laia, 1980, pp. 98 y 100)

lunes, 2 de septiembre de 2013

Un fragmento de Ramón Irigoyen.

(...)

Decir adiós, cuando uno tiene amor,
es imposible, pues los pies se agarran
a unos brazos con piel de golondrina
y uno se pierde en esos ojos grandes
y se esconde en el cielo de la boca
y siente que le nacen mil raíces
tan pobladas de pájaros y pájaras
que quiere aquí quedarse para siempre.
Decir adiós, estando enamorado,
es algo falso que la sangre niega.

Por eso hoy que estoy bien afincado,
nada puedo decir para esa hora,
aunque presiento oscuramente que
si muero en casa y alguien me acompaña,
le haré esta simple súplica:
por favor, abre bien esa ventana.

     (Ramón Irigoyen, de su poema "Para esa hora", en "Poesía reunida (1979 - 2011)", ed. Visor, 2011, pp. 76)

jueves, 29 de agosto de 2013

"En la tienda de la florista", un poema de Jacques Prévert.

Un hombre entra en la tienda de la florista
y elige flores
la florista envuelve las flores
el hombre se lleva la mano al bolsillo
para buscar el dinero
el dinero para pagar las flores
pero al mismo tiempo se lleva
súbitamente
la mano al corazón
y cae

Al mismo tiempo que cae
el dinero rueda por el suelo
y también las flores caen
al mismo tiempo que el hombre
al mismo tiempo que el dinero
y la florista se queda allí
ante el dinero que rueda
ante las flores que se marchitan
ante el hombre que se muere
sin duda todo es muy triste
es necesario que la florista
haga algo
pero no sabe qué hacer
no sabe
por dónde empezar

Hay tantas cosas por hacer
con ese hombre que se muere
esas flores que se marchitan
y ese dinero
ese dinero que rueda
que no deja de rodar.

     (Jacques Prévert, de "La pluie et le beau temps", traducción de César Rojas copiada de la página www.amediavoz.com)

miércoles, 28 de agosto de 2013

"Si oyes correr el agua", un poema de Álvaro Mutis.

Si oyes correr el agua en las acequias,
su manso sueño pasar entre penumbras y musgos,
con el apagado sonido de algo
que tiende a demorarse en la sombra vegetal.
Si tienes suerte y preservas ese instante
con el temblor de los helechos que no cesa,
con el atónito limo que se debate
en el cauce inmutable y siempre en viaje.
Si tienes la paciencia del guijarro,
su voz callada, su gris acento sin aristas,
y aguardas hasta que la luz haga su entrada,
es bueno que sepas que allí van a llamarte
con un nombre nunca antes pronunciado.
Toda la ardua armonía del mundo
es probable que entonces te sea revelada,
pero sólo por esa vez.
¿Sabrás, acaso, descifrarla en el rumor del agua
que se evade sin remedio y para siempre?

     (Álvaro Mutis: "Antología", ed. Plaza & Janés, 2000, pp. 76)

sábado, 24 de agosto de 2013

Un poema de Ben Clark.

                     XII

LO que viene después de lo peor
es algo muy difuso, algo muy nimio.
Un tiempo que quizás, si no existiera,
tan solo extrañarían los taxistas
que se han acostumbrado con los años
a distinguir perfectamente cuando
tenemos la pupila fracturada,
la frente algo más gris y en las rodillas
un temblor que preludia la avalancha.
Entonces aprovechan - como lo hace
también la vida siempre en estos casos -
y nos cobran más cara la carrera. 

     (Ben Clark: "Los hijos de los hijos de la ira", ed. Hiperión, 2006, pp. 27)

viernes, 23 de agosto de 2013

"Tarde de abril", un poema de Aurelio González Ovies.

La luz. La tarde. El hombre.
El rebaño y el perro que regresan.
Las chimeneas que asoman sobre
octubre.
El pueblo y su silencio azul de cal y hortensias.
Vale la pena ser mortal y carne.

Tanta beatitud - un mirlo canta -
merece nuestra ausencia.

     (Aurelio González Ovies: "Esta luz tan breve [Poesía, 1988 - 2008]", ed. Saltadera, 2008, pp. 176)

jueves, 22 de agosto de 2013

"Basura", un poema de C.K.Williams.

Yo soy tu basurero. Lo que tú dejas,
me lo guardo para mí, lo quemo o lo tiro
al vertedero o desde gabarras al río delicioso.
Tus viejos calzones de color marrón ahora son míos,
por ellos sé
cuáles fueron tus sueños. Recuerdo
cómo una vez, en un armario, con zapatos
susurrando y bolas de naftalina, te agarraste
y lloraste como una mujer. Tus noches apestan
a pantallas de lámpara podridas, a tinteros y a seda
porque mis hombres y yo, con nuestros rastros
de orina y huevos blandos y nuestras largas escobas
siseando, nos acercamos.
¿Qué hacen con los riñones y los dedos de los pies
en los hospitales? ¿Y dónde fue a parar tu viejo perro,
el que se meaba en la alfombra y gruñía?
Ahora están en mi casa, y lo que rechina
en los dientes de tu mujer mientras duerme
es mío. Está masticando
embriones, los ojos de tu amante,
vuestra guía telefónica y el vaso vacío
que dejaste en la cocina. Y en tu cuerpo,
al que murió allí y se pudre
secretamente entre los dedos de tu espíritu,
le está sacando los genitales, canasta
tras canasta,
y machacándolo todo en la trituradora.

     ( C.K.Williams. Traducción de Roger Wolfe en "Hay una guerra", ed. Huerga y Fierro, 1997, pp. 96 y 97)

miércoles, 21 de agosto de 2013

"La belleza", un poema de Jesús Lizano.

¿Y si os dijera que la belleza
se encuentra en todas las cosas,
que ilumina todos los mundos,
que alienta todos los cambios,
que se deshace y recupera
sus formas, sus alianzas,
que se funde y solidifica,
se extiende y se recoge,
se esconde y se manifiesta,
baila en una partícula,
se pasea en un astro,
despierta en todas las voces?
¿Y si os dijera
que no está en la imagen sino en el impulso,
en la atracción que nos envuelve,
que la belleza
está naciendo continuamente,
que basta diluirse en ella
para olvidarse de nuestra finitud,
de nuestra esencia escindida,
confusa, turbulenta?
¿Y si os dijera
que la fuerais llamando,
que abrierais las ventanas de los sueños y de las cosas?
Qué cosa no fue antes un sueño
y qué sueño existiría
si no existiera la belleza.
Ella la que sufre,
la que grita, la que proclama
la libertad de las cosas,
la libertad de los sueños,
atraviesa los ojos,
atraviesa las manos,
se confunde con las lágrimas,
emerge de todos los movimientos,
engendra nuestros deseos.
¿Y si os dijera que el universo
sólo es el mensajero de la belleza?
¿Y si os dijera
que morir es diluirse en la belleza,
transformarse en mundo,
que el mundo sólo es belleza transformándose,
que vivir es transformarse en belleza?
¡Habría conquistado la inocencia!

     (Jesús Lizano: "Segunda parte de Lizanote de la Mancha (o la conquista de la inocencia)", ed. El Ciervo 96, 1999, pp. 43 y 44)

lunes, 19 de agosto de 2013

Cuatro poemas de Izet Sarajlic.

     [Poemas escritos durante el cerco a Sarajevo, 1336 días]

LA SUERTE A LA MANERA DE SARAJEVO

En Sarajevo,
en esta primavera de 1992,
cualquier cosa es posible.

Estás en una cola para comprar el pan
y despiertas en un hospital
con una pierna amputada.

Después, incluso reconoces que has tenido mucha suerte.

.....

LA QUEMA DE LOS LIBROS

Para protestar contra la indiferencia de la opinión pública internacional
algunos miembros de la Unión de Escritores
han anunciado que hoy
quemarán en público sus propios libros.

En su comunicado
veo que figura también mi nombre.

Es cierto,
apruebo de corazón esta protesta
contra la indiferencia del mundo,
pero yo nunca quemaré mis libros.

En primer lugar, porque los amo
y después porque será mejor
enviárselos a Ismar,
que hoy trabaja como farmacéutico en Suiza,
para que recuerde
la época en que reparaba mi techo
tapando los agujeros causados por las granadas.

.....

TEORÍA DE LA DISTANCIA

La teoría de la distancia la han inventado los estrictos,
aquellos que no quieren arriesgar en nada.

Yo pertenezco a aquellos
que creen que del lunes
se debe hablar el lunes;
es probable que el martes sea demasiado tarde.

Obviamente es difícil estando en la cantina,
mientras caen los proyectiles,
escribir poesía.

La única cosa más difícil es no escribir.

.....

NUESTROS ENCUENTROS DE AMOR EN EL LEÓN

Qué hermosa vejez pudimos haber tenido
tú y yo
sin toda esta locura nacionalista eslavo meridional.

Y en cambio,
después de todo sólo nos han quedado
estos encuentros de amor tristes
en el cementerio del León.

Ahora quiero decirte
que por momentos logro ser feliz
en medio de esta infelicidad
cuando en el cementerio me sorprende la lluvia.

Cuánto me gusta empaparme junto a ti.

     (Izet Sarajlic: "Sarajevo", ed. Valparaíso, 2013, pp. 38, 55, 61, 73. Traducción de Fernando Valverde).

sábado, 10 de agosto de 2013

"El pésame", un poema de David González.

      El Cejas se ha colgado de mí
y    quiere follarme el culo a toda costa.
      Pero él solo no va a poder conmigo,
y    lo sabe. Entonces lo habla con el Tajas
y    con el Bullati. A cambio de su ayuda les dará
      una caja de Rohipnol a cada uno.
      Su plan es éste:
      el Tajas y el Bullati me llevan a la sala
      de la televisión. Allí me dan una paliza
      que me deja hecho polvo,
      así cuando luego aparezca el Cejas
      no estaré en condiciones de plantarle
      cara y podrá darme por el culo
      a su entero placer. Ahora bien,
      la noche antes
      la palma la madre del Tajas
y    el Tajas, agobiado, no quiere seguir adelante
      con el plan. El Bullati tampoco.
      La pregunta es casi obligada:
      ¿debo darle el pésame al Tajas?

          ( David González: "El demonio te coma las orejas [1997 - 2008]", ed. Glayíu, 2008, pp. 108)

martes, 6 de agosto de 2013

Un poema de Gaston Ultraa.

Nada está en auge. Todo está en decadencia.
Así como dios no está en todo, todo
no está en uno
ni mucho menos depende de uno.

No suelo comprar la paz interior de los feriantes.
Prefiero la locura del hombre atormentado.
La locura del hombre
atravesado por las pasiones,
la razón de aquel que está en búsqueda.

Nada está en auge. Todo ha comenzado a caer;
a resquebrajarse en lo más alto las cúpulas;
a perder el sabor las frutas,
a envejecer el libro, la flor;
a agrietarse el cielo.

Sin embargo, cuando te pienso todo se detiene,
todo resiste,
todo se reagrupa, se unifica,
se empequeñece y vuelve a su vientre.
Y el deseo de besarte
da a luz los besos, los besos
a las miradas
y desde tu mirada todo es nuevo.

Este sentir,
este furor inoportuno,
este recordar a destajo.
Tu presencia insurrecta
en un mundo
en donde nada estaba en auge.
En un mundo
con esta variedad de colores,
con este magnífico atardecer.

     (Gaston Ultraa, copiado de su muro de facebook).

martes, 30 de julio de 2013

"Txoria txori", un poema de Daniel Macías.

Hay un pajarito blanco y negro que me persigue
todos los días por el desierto,
me vacila, me está vacilando,
que si canta mejor que yo,
que si vuela mejor que yo,
que si es más alegre y más libre que yo...
Y no me importa aceptarlo,
pero lo que de verdad envidio es
como escribe con sus patitas de alambre
versos sumerios sobre la arena.

     (Daniel Macías: "Diario de un piloto del desierto", ed. Baile del Sol, 2013, pp. 107).

lunes, 29 de julio de 2013

"Poesía para un lunes", un poema de Eva Vaz.

Vuelve el lunes tras el hiato;
vuelve con los ojos llenos de sueño
y con menos sueños posibles,
vuelve funcionarial, rutinario,
como la tormenta tras el rayo,
como un matrimonio.

¿Dónde están las buenas noticias?

El lunes huele a detergente,
a vacío,
a comida congelada.

Los lunes nunca hacemos el amor.

Lunes, tediosa palabra de orden
depurativo y famélico.

No hay poesía los lunes. Ni pescado fresco.

Es lunes, pero te quiero
y eso me salva el mundo.

     (Eva Vaz: "Ruido de venenos", ed. Crecida, 2013, pp. 54)

jueves, 18 de julio de 2013

"La realidad y el deseo", un poema de Roger Wolfe.

"Miras la luna nueva
- me solía decir mi madre -
y cierras después los ojos.
Y luego formulas un deseo".
Lo estuve haciendo durante años.
Era mágico.
O eso me parecía.
Pero hoy miro la luna
con los ojos bien abiertos.
He aprendido.
Quizá por suerte los deseos
nunca se materializan.

     (Roger Wolfe: "Afuera canta un mirlo", ed. Huacanamo, 2009, pp. 52).

jueves, 4 de julio de 2013

"Allí", un poema de Juan Gelman.

Nadie te enseña a ser vaca.
Nadie te enseña a volar en el espanto.
Mataron y mataron compañeros y
nadie te enseña a hacerlos de nuevo. ¿Hay
que romper la memoria para
que se vacíe? Miro
navegar rostros en mi sangre y me digo
que no murieron aún.
Pero mueren aún.
¿Qué hago mirando cada rostro?
¿Muero con ellos cada vez?
En alguna telita del futuro habrán escrito
sus nombres. Pero
la verdad es que están muertos.
Alazan sueños sin método contra
la vida chiquita.

     (Juan Gelman: "Valer la pena", ed. Visor, 2002, pp. 22).

lunes, 1 de julio de 2013

"A los desavenidos", un poema de Pablo Neruda.

Estos matrimonios peleados,
estas discordantes uniones,
por qué no rompen de una vez
y se terminan las historias,
las quejas de Juan y Juana,
los gritos entre Pedro y Pedra,
los palos entre Roso y Rosa?

A nadie le gusta pasear
con pez espadas conyugales
armados de razones duras
o disolviéndose en salmuera.

Por favor, pónganse de acuerdo
para no ponerse de acuerdo,
no salgan a mostrar cuchillos,
tenedores ni dentaduras.

En el estuario del amor
caben aún todas las lágrimas
y toda la tierra no puede
llenar la tumba del amor,
pero para morder y herir
no se pone el sol en las camas,
sino la sombra en los caminos.

     (Pablo Neruda: "Memorial de la Isla Negra", ed. Visor, 1994, pp. 243).

domingo, 30 de junio de 2013

Un poema de Gsús Bonilla.

PIC NIC: con el buen tiempo, sobre la yerba, extiendes
el mantel cuadriculado
degustamos, a la sombra, la tortilla
y al momento nos deshacemos
en halagos

una sangría
nos enjuaga la boca                    y
poco a poco                    se diluye
la salobridad del universo

avispas        moscas
hormiguitas         pequeñas miserias
de las cosas insignificantes

como la alegría en mangas de camisa
la felicidad con falda corta
y una camiseta de tirantes

parece        que por fin        la lluvia
nos dará una tregua

si bien       la primavera        está
desplegando toda su belleza

por qué no dar
la bienvenida a los insectos.

      (Gsús Bonilla: "aMoremachine [poemas de claradehuevo]", ed. Escalera, 2013, pp. 58).

martes, 25 de junio de 2013

"Una nadería quizá", un poema de Gerardo Vacana.

UNA NADERÍA QUIZÁ

Conocemos el origen
la naturaleza del mal.
Tenemos todos los análisis
los medios los instrumentos.
Los médicos en la cabecera
estuvieron todos de acuerdo.
Sin embargo, algo nos falta
para curarnos,
una nadería quizá, pero esencial.

.....

UN NONNULLA FORSE

Conosciamo l'origine
la natura del male.
Abbiamo tutte le analisi
i mezzi gli strumenti.
I medici al capezzale
furono tutti concordi.
Eppure qualcosa ci manca
per guarire,
un nonnulla forse ma essenziale. 

     (Gerardo Vacana: "La luz muy temprano", Fundación Inquietudes / Asociación Poética Caudal, 2012, pp. 36-37. Traducción de Carlos Vitale).

domingo, 23 de junio de 2013

"Díptico español" (fragmento), un poema de Luis Cernuda.

                    (...)

Lo que el espíritu del hombre
Ganó para el espíritu del hombre
A través de los siglos,
Es patrimonio nuestro y es herencia
De los hombres futuros.
Al tolerar que nos lo nieguen
Y secuestren, el hombre entonces baja,
¿Y cuánto?, en esa escala dura
Que desde el animal llega hasta el hombre.

Así ocurre en tu tierra, la tierra de los muertos,
Adonde ahora todo nace muerto,
Vive muerto y muere muerto;
Pertinaz pesadilla: procesión ponderosa
Con restaurados restos y reliquias
A la que dan escolta hábitos y uniformes,
En medio del silencio: todos mudos,
Desolados del desorden endémico
Que el temor, sin domarlo, así doblega.

La vida siempre obtiene
revancha contra quienes la negaron:
La historia de mi tierra fue actuada
Por enemigos enconados de la vida.
El daño no es de ayer, ni tampoco de ahora,
Sino de siempre. Por eso es hoy
La existencia española, llegada al paroxismo,
Estúpida y cruel como su fiesta de los toros.

Un pueblo sin razón, adoctrinado desde antiguo
En creer que la razón de soberbia adolece
Y ante el cual se grita impune:
Muera la inteligencia, predestinado estaba
A acabar adorando las cadenas
Y que ese culto obsceno le trajese
Adonde hoy le vemos: en cadenas,
Sin alegría, libertad ni pensamiento.

Si yo soy español, lo soy
A la manera de aquellos que no pueden
Ser otra cosa: y entre todas las cargas
Que, al nacer yo, el destino pusiera
Sobre mí, ha sido ésa la más dura.
                    (...)

     (Luis Cernuda: "Las nubes / Desolación de la Quimera" (el fragmento pertenece al segundo libro), ed. Cátedra, 1984, pp. 154-155).