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domingo, 30 de diciembre de 2012

"El diablo mundo (fragmento)", un poema de José de Espronceda.

  ¡Oh imbécil y arraigada en vicios
turba de viejos que ha mandado y manda!       2630
Ruinas soñar os hace y precipicios
vuestra codicia vil que así os demanda.
¿Pensáis tal vez que los robustos quicios
del mundo saltarán si aprisa anda,
porque son torpes vuestros pasos viles,            2635
tropel asustadizo de reptiles?
  ¿Qué vasto plan, qué noble pensamiento
vuestra mente raquítica ha engendrado?
¿Qué altivo y generoso sentimiento
en ese corazón respuesta ha hallado?               2640
¿Cuál de esperanza vigoroso acento
vuestra podrida boca ha pronunciado?
¿Qué noble porvenir promete al mundo
vuestro sistema de gobierno inmundo?
  Pasad, pasad como funesta plaga,                  2645
gusanos que roéis nuestra semilla;
vuestra letal respiración apaga
la luz del entusiasmo; apenas brilla.
Pasad, huid, que vuestro tacto estraga
cuanto toca y corrompe y lo amancilla;             2650
sólo nos podéis dar, canalla odiosa,
miseria y hambre y mezquindad y prosa.

(José de Espronceda: "Obras poéticas", ed. RBA, 1994, pp. 224-225).

jueves, 27 de diciembre de 2012

"Hijo mío", un poema de Leopoldo Panero.

Desde mi vieja orilla, desde la fe que siento,
hacia la luz primera que torna el alma pura,
voy contigo, hijo mío, por el camino lento
de este amor que me crece como mansa locura.

Voy contigo, hijo mío, frenesí soñoliento
de mi carne, palabra de mi callada hondura,
música que alguien pulsa no sé dónde, en el viento,
no sé dónde, hijo mío, desde mi orilla oscura.

Voy, me llevas, se torna crédula mi mirada,
me empujas levemente (ya casi siento el frío);
me invitas a la sombra que se hunde a mi pisada,

me arrastras de la mano... Y en tu ignorancia fío,
y a tu amor me abandono sin que me quede nada,
terriblemente solo, no sé dónde, hijo mío.

(Leopoldo Panero: "Memoria del corazón [Antología poética]", ed. Renacimiento, 2009, pp. 125).

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Un poema de Francisco Brines.

Yo no era el mejor
para mirar la tarde,
pero me fue ofrecida;
y en mis ojos
se despertó el amor
sin gran merecimiento.
Y no fue necesaria una conciencia lúcida
ni una más clara inteligencia:
tú, que me lees
con mayor espíritu.
Pero tampoco nadie
pudo estimar tanto
algún pequeño corazón
con un corazón tan pequeño.
Tú me comprendes con dificultad,
pero sabes también
que es suficiente mi dolor,
y por eso me lees.

(Francisco Brines: "Ensayo de una despedida. Poesía completa (1960-1997)", ed. Tusquets, 2011, pp. 78).

martes, 25 de diciembre de 2012

"No hay más", un poema de Karmelo C. Iribarren.

Al principio
quieres
cambiar el mundo,
y al final
te conformas
con dejar el tabaco.

No hay más.

Así de cómico,
y así de trágico.

(Karmelo C. Iribarren: "Desde el fondo de la barra", ed. Línea de Fuego, 1999, pp. 18. También en "La ciudad [Antología 1985-2008]", ed. Renacimiento, 2008, pp. 95). En la segunda edición hay una pequeña corrección en los versos 2 y 3. La palabra "cambiar" aparece incluida en el segundo: "quieres cambiar / el mundo"...

lunes, 24 de diciembre de 2012

"Hay un gato", un poema de Miguel Merino.

HAY UN GATO

en la calle
husmeando
con sigilo
la basura.

Son sus ojos
lo que brilla
entre las sombras
de los cubos.

Puedo verlo
desde aquí, acodado
en la ventana.

Concentrado
en la comida,
no le importa
que lo mire.

Es muy negro

y en la frente

tiene una mota blanca.

(Miguel Merino: "Hierros invisibles", ed. Huacanamo, 2010, pp. 14).

domingo, 23 de diciembre de 2012

Mis tiranos favoritos (7).

     EL SHA DE PERSIA

     Fue el segundo Sha, y el último, de su dinastía. Su padre empezó de cosaco de a pie y fue ascendiendo en la escala social hasta llegar a Sha Reza el Grande, Rey de Reyes, Sombra del Todopoderoso, Nuncio de Dios y Centro del Universo, en 1925. Lo que se dice una carrera astronómica. Sin embargo tenía sus cosas: había prohibido fotografiar a los camellos, por considerarlos animales atrasados, y en cierta ocasión ordenó fusilar a un burro por atravesarle un prado. Vamos, que era más corto que la tarjeta de visita que llevaba para según qué asuntos, eso fijo; un tipo digamos que tirando a desértico en los usos, rústico de carácter. Pero en fin, le dejó sus hectáreas de parcelas y heredades al varón primogénito - que tenía gemela: la shasha, me figuro  - y a bien corta edad, no podía quejarse el chaval. Tampoco el resto de la población, dicho sea de paso. Si bien a veces, al menor despiste de la estirpe, algunos se liaban la manta a la cabeza - si no la traían ya de serie - y se ponían a derribar esculturas de las ecuestres sin control, como si no costase labor y sus buenos duros cincelarlas ahí a mazo y subirlas al pedestal después - y el arte aparte. Al final ya era como una manía, un reflejo condicionado o un reflujo incondicional o cualquiera sabe. Llegaron a existir auténticos derribamonumentos de altura, gente que había mamado el oficio o lo que fuese en el barrio, desde muy críos, con padres y vecinos, y que incluso se jactaba de ello, quejándose también de los no pocos aficionados que en la revolución del 79 se pusieron a tirar estatuas con mucha cuerda pero poca cordura, sin saber de junturas, metales soldados elementales ni hacia dónde debía inclinarse la estructura al ceder. Y claro, los dejaban caer directamente sobre sus cabezas, a lo caverna. O sea que sí: que era un desastre de espontáneos Persia bajo su mandato, que es que ya ni se llamaba así desde hacía tiempo el sitio. "¿El qué de dónde dices...? No me vaciles, anda".

     El Señor estaba un poco acomplejado como es lógico. Posibles no le faltaban, se exportaba petróleo a espuertas y superados los lances de la nacionalización la mordida era incluso de más dinero. Pero que no, que no se encontraba. Andaba por palacio con zapatos de taconazo y ordenando a la gente que se los besase a ver si así, con la tontísima, subían la talla y la autoestima. Claro que en el fondo sabía que no le querían bien. Para pedir pedían (solicitaban, que es más fino) como si les hubiese hecho la bocona un fraile; hasta en su casa de vacaciones hacían cola para ver si caía una colaboración. Mandatarios y gente bien entronada por otro lado, nada de alucinados de la duna pegando alaridos doloridos, que había nivel. El propio Rey de España - por ejemplo - le mandó una carta en el 77 con un sablazo más gordo que la mítica espada Shahi que colgaba él al cinto para las galas: de diez millones de dólares, a ver si colaba. Para defenderse del PSOE, ya que fuentes fidedignas le habían informado de que eran marxistas... Y todo así de espléndido. Pero luego a la mínima volaban las balas. Había atentados para aburrir. Los mullahs sobre todo, que eran tercos como mulas, y golfos pérsicos de todo pelaje. ¡Si es que al final había tramas para matarle hasta en las tiendas de dátiles! Querían descoronarle ya sin decoro alguno. Su policía secreta, la Savak, no daba abasto. Palabras como tornillo, peso, ciénaga, oscuridad... y muchas otras así de irrelevantes, podían ser consideradas indicios de descontento y base suficiente para una detención, con todo el lote de entonces. A veces se torturaba a los más turbantes sin hacer averiguación previa alguna, sin interrogatorio siquiera, para ahorrar tiempo y gestiones, porque es que estaban saturadísimos de tarados. "Voy a ver a Alí el herrero, que me falta un tornillo". Un fanático. "Uff, qué calorazo hace... Teherán es bochornoso". Un campesino detractor. "¡Qué alboroto!... ¡Le ha tocado un perrito piloto!...". Fusilamiento directo. Ocho de cada diez estaban conchabados; quitando militares y policías y chivatos y chivos y cabrones triscantes y trincantes, pues el desierto petrolero entrero.

     Algunos le describen como un obseso sexual. Se dice que en una ocasión había intentado hacerle el amor a la hija de un ministro volando en helicóptero sobre Isfahan. Para remontar la renta media no tenía demasiadas ideas practicables, más bien ninguna aparte de soltar sus migajas, pero para embizcarse mojando el biscote bien que se le espabilaba la imaginación. En un viaje a Venecia indignó de lo lindo al prefecto de la ciudad al pedirle una mujer para la noche. El móvile de una donna. Se armó un auténtico escándalo: ¿pero cómo había podido semejante enajenado llegar a ser prefecto de Venecia? Tuvo incluso que intervenir el presidente Andreotti para que se agenciase la ragazza. En fin, que lograr que cayese un chichi no era un problema grave, aunque hacer que callasen los chiís ya era otro cantar. Estaban completamente fuera de sí, y con ese idioma en la cabeza además, haciéndose hasta autolesiones y la hostia. Tuvo que freír a varios ayatollahs, a ver si así se templaban. En mesas eléctricas y con aceite hirviendo, que estaba la cosa muy caliente. Luego aquel tal Jomeini con el dedo huesudo apuntándole, que menuda perra con las lapidaciones y las perras que se dilapidaban. No la apeaba: un cabreo de caniche tenía. ¡El sha debe marcharse! Así, sin argumentar ni razonarlo. No decía otra cosa: ¡El sha debe marcharse! Ya se le podía hablar del oro negro, de la revolución blanca y de los ultrarrojos, que no había manera de que reculase: ¡El sha debe marcharse!, y punto. Como si estuviese rayado. Él mientras iba librando linaje y pellejo como podía, lo dicho. Sobre todo usando marines usa, que tienen cierta fijación con democratizar o lo que surja en esa zona. Aunque a veces ya había que salvarlo de carambola. Un día se cayó por un precipicio cabalgando y tuvo que alzarle una mano santa, por lo visto, o sea que se aupó de chiípa. Menuda potra, sí... y menudo caballo que sería también. Un pura sangre, seguro. Pero un poco cegado a lo mejor.

"Digo que yo no soy un hombre puro", un poema de Nicolás Guillén.

Yo no voy a decirte que soy un hombre puro
entre otras cosas
falta saber si es que lo puro existe.
O si es, pongamos, necesario.
O posible.
O si sabe bien.
¿Acaso has tú probado el agua químicamente pura,
el agua de laboratorio,
sin un grano de tierra o de estiércol,
sin el pequeño excremento de un pájaro,
agua hecha no más de oxígeno e hidrógeno?
¡Puah!, qué porquería.

Yo no te digo pues que soy un hombre puro,
yo no te digo eso, sino todo lo contrario.
Que amo (a las mujeres, naturalmente,
pues mi amor puede decir su nombre),
y me gusta comer carne de puerco con papas,
y garbanzos y chorizos, y
huevos, pollos, carneros, pavos,
pescados y mariscos,
y bebo ron y cerveza y aguardiente y vino,
y fornico (incluso con el estómago lleno).
Soy impuro ¿qué quieres que te diga?
Completamente impuro.
Sin embargo,
creo que hay muchas cosas puras en el mundo
que no son más que pura mierda.
Por ejemplo, la pureza del virgo nonagenario.
La pureza de los novios que se masturban
en vez de acostarse juntos en una posada.
La pureza de los colegios de internado, donde
abre sus flores de semen provisional
la fauna pederasta.
La pureza de los clérigos.
La pureza de los académicos.
La pureza de los gramáticos.
La pureza de los que aseguran
que hay que ser puros, puros, puros.
La pureza de los que nunca tuvieron blenorragia.
La pureza de la mujer que nunca lamió un glande.
La pureza del que nunca succionó un clítoris.
La pureza de la que nunca parió.
La pureza del que no engendró nunca.
La pureza del que se da golpes en el pecho y dice santo, santo, santo,
cuando es un diablo, diablo, diablo.
En fin, la pureza
de quien no llegó a ser lo suficientemente impuro
para saber qué cosa es la pureza.

Punto, fecha y firma.
Así lo dejo escrito.

(Nicolás Guillén, en "Nueve poetas cubanos del siglo XX", ed. Grijalbo Mondadori, 2000, pp. 32-34).

sábado, 22 de diciembre de 2012

"A Lisi", un poema de José de Jesús Martínez.

Diez años ha, me cago en dios, que te amo
cada vez con más odio, cada día
con un nuevo rencor, y todavía
te busco, te huyo, te maldigo y llamo.

Puta madre, mamita, cómo lamo
la espada de tu ausencia, larga y fría,
y cómo me odian, mama, el alma mía
y el cuerpo en el que a diario me encaramo.

Se me ha podrido el corazón de tanto
quererte, odiarte, verte y de no verte,
y tanta pena, Lisi, tanto llanto.

Diez años ya, carajo, de quererte
comiendo mierda, soledad y espanto,
mierda con mierda, coño, hasta la muerte.

(José de Jesús Martínez, sacado de la página www.poetaspoemas.com).

viernes, 21 de diciembre de 2012

Mis tiranos favoritos (6).

     MAXIMILIANO HERNÁNDEZ MARTÍNEZ

     Creía en médicos invisibles, o quizá era sólo una excusa para recortar el presupuesto sanitario. Aunque parece ser que sí, porque una vez llenó San Salvador de luces de colores para espantar a la viruela. Cuando su hijo Maximiliano enfermó de gravedad recurrió a ellos; puso a calentar ahí en el patio de palacio, al sol, varias botellas azules llenas de agua y... en fin, no mucho más. Supongo que se las dio tibias o hervidas para que bebiese o algo, ni idea. Naturalmente se murió. Tenía, eso sí, un reloj de péndulo que le avisaba de si le habían echado veneno en la comida. Poniéndolo a dar vueltas sobre un mapa encontraba a los malos y tesoros piratas, un utensilio utilísimo. Podía además comunicarse telepáticamente con el Presidente de los Estados Unidos, aunque a veces recurría a medios más convencionales para no abusar de su paraciencia ni de la paciencia del otro. Por ejemplo cuando le explicó que no quería soldados negros allí. Temía sobre todo que pudiesen reproducirse ( se corría el inminente riesgo, dijo); que pensasen quizá que todos aquellos farolillos de colores eran para celebrar al patrono y andar por ahí quilando con los condones invisibles, y no una cosa seria, luces para la salud.

     Como buen militar de carrera que era llegó rápido a general. Luego entró en las listas del partido Pro Patria, de tendencia claramente propatriótica. Eran los más tajantes del bareto entonces en eso de paisar al prójimo, de los del puño en la barra. Sin concesiones, o sólo las justas vamos - a la fruitcompanys y cía y deja de contar. Había que salvar a El Salvador, ser más papistas que el Papa y si hacía falta llenar la capital de piñatas rotas pues se llenaba, cojones; pero allí ya no iba a cogerse un trancazo ni dios, ni a los marines negros de los machines que atracaban, que ya aborrecían tantos catarros y cotarros ciudadanos. En algo así consistía el programa, no estaba muy claro en realidad... y sin embargo ganaron. Maximiliano fue nombrado Ministro de Guerra y Vicepresidente, que de entrada no estaba mal; hasta que descubrió, claro, que Presidente vestía mucho más y fue haciendo las gestiones para permutar prematuramente con la ayuda inestimable de las fuerzas invisibles, que para cosas así parece que sí son eficaces que se matan. Era fan del nazismo, o al menos aficionado, y se trajo a algunos arios importantes importados para dar buen tono y color, ya que en esa época estaban de moda además. En 1938 nombró Director de la Escuela Militar a Eberhardt Bohnstedt, general de la Wehrmacht, que aunque resultaba difícil de pronunciar hasta por telepatía venía muy bien para pronunciamientos. Gimnasia alemana para todos, venga, y por supuesto fútbol, que no faltase. Porque se pueden discutir las medidas médicas de Maximiliano, cuestionar la lógica de su ideología y hasta dudar si sus neuronas funcionaban por impulsos sinápticos o dándole a la manivela, pero lo cierto es que ni siquiera a día de hoy se ponen en duda sus esfuerzos para favorecer el balompié en su país, abriendo campos donde no los había y dando apoyos por centenares para entrenar.

     Introdujo la Cívica y la Urbanidad como materias obligatorias en todos los niveles académicos. El adecentamiento corporal, la distinción entre seres humanos normales y anormales y el modo de conducirse en la mesa, en la sala y en el dormitorio, o bien en velorios y enterramientos, adquirieron casi la categoría de disciplinas autónomas - firmes -. Se estableció asimismo que cualquier persona que pidiese educación sería considerada comunista, o sea, muy desconsiderada. La patria estaba llena de gente con inclinaciones semejantes y había que poner orden a tanta ordinariez. Sólo para empezar, se llevó a cabo una operación de desinfección de desafectos conocida como "la matanza". Entre 15 y no menos de 30.000 de estos fenómenos, según las diferentes cifras, fueron debidamente reconvertidos en vertidos recónditos en pocas semanas; entre ellos el legendario Farabundo Martí. No todo iba a ser perfecto y se cometió el error de enterrarlos a escasa profundidad, lo cual provocó que las piaras de cerdos se disparasen para devorarlos, con el consecuente y muy imaginable problema de higiene. Como es lógico el Gobierno tuvo que intervenir para evitar la contaminación de los animales, que podrían haber llegado a ponerse más rojos que rosas también. Además se representó por obligación en todo el país, para salir bien airosos del impasse de la limpieza, la obra teatral Pero también los indios tienen corazón, una cocada. Hasta el péndulo delator se paralizó de emoción. Entonces aún no habían aterrizado en la zona, pero es probable que incluso los nazis, con lo envarados y maizones que eran en generales, hubiesen terminado por agotar la caja de kleenex soltando lagrimones de los gruesos y mocos rubios como querubines.





jueves, 20 de diciembre de 2012

"Otra vez Amarilis", poema atribuido a Márgara Sáenz (*).

El tiempo ha pasado y vuelves a mi memoria.

Tu auto trepando hacia la sierra, la CreamRica
   ¿recuerdas?, volteando a la derecha, todos
   esos moteles.

Entonces éramos nosotros; no tú, no yo. Me quiérote
   te gózame, me amándonos, decíamos.

¿A quién llevas ahora? Contigo entre las piernas
   ¿quién pega alaridos y triza los espejos
   donde nos repetíamos bestiales y dulcísimos?

¿Qué otro vientre recibe tu miel mía, peruano? Di
   qué frívola puta, qué sórdida hipócrita limeña,
   qué casada cuidadosa del cornudo.

Hijo de perra, ¿lo haces? Pero allí no, nunca, con
   nadie vuelvas a la habitación 35. Que se te
   muera para siempre, que se te pudra si regresas.

Una vez dije allí no ¿recuerdas?, dije después
   donde quieras. Tú me observabas igual que un
   entomólogo, eras un médico lascivo examinando
   una muchacha muerta de amor: no hables, eres
   una muñeca, un cuerpo sin voluntad, y me
   tocabas probándome y fui durazno de esos
   que se abren con la mano.

Un durazno, dijiste a mis espaldas, a la luz de la
   tarde, separando con suavidad mis carnes,
   descubriendo lo que ni yo conozco, mi zona
   más oscura, la que guarda esa caricia atroz,
   obscena y tuya que no olvido.

Júralo: no has de volver a esa cama con nadie. Me
   has negado tu cuerpo, el que gustaba mirar
   impúdico y erecto viniendo a mí, el tuyo que
   era el mío. Concédeme eso entonces: anda a
   otro sitio a hacer tus porquerías.

O vuelve a la habitación 35. El tiempo ha pasado,
   ya no hay sino recuerdos y Amarilis qué puede
   sino juntar palabras. Ahora somos tú y yo, no
   existe más nosotros. Uno y uno, dos solos: yo
   y esa mierda que tú soy y yo añoras, desgraciado.

     (Figura en la "Antología de la lírica amorosa", ed. Vicens-Vives, 1990, pp. 181-182, atribuido a Márgara Sáenz [1937-1964]).

   (*) La autora es una invención. El poema fue compuesto conjuntamente por tres escritores peruanos - Mirko Lauer, Abelardo Oquendo y Antonio Cisneros - para una antología de poesía erótica publicada en los años setenta. Hasta que la travesura o lo que fuese quedó al descubierto se formó cierto revuelo. Según Miguel Ángel Huamán por encontrar en un mismo texto tres rasgos inverosímiles: poeta mujer, ecuatoriana y buena. Pero el caso es que se armó pistonuda: hubo - Gabriela Falconi: "El extraño caso de la poeta guayaquileña Márgara Sáenz (1937-1964)" - hasta una manifestación que culminó con la obligación legal de incluir el poema en los libros escolares, como ejemplo de la producción intelectual de la mujer ecuatoriana y latinoamericana; y en Guayaquil existe al parecer o existió la Plaza Márgara Sáenz, con monumento en mármol y acero a la escritora incluido. De hecho en la antología donde yo lo leí no se dice nada al respecto, y se da por real el nombre, aunque sin más datos que esas dos fechas de nacimiento y muerte y apuntar que el poema fue extraído de la excelente selección de José Batlló, "Cien poemas de amor de la lírica en lengua castellana", Lumen, Barcelona, 1987

"Vidas rebeldes", un poema de Uberto Stabile.

Cuando era más joven pensaba que ser libre era ser libre
algo así como no tener obligaciones ni  compromisos,
nada por lo que vivir, nada por lo que morir
rebelde sin causas conocidas.
Años más tarde descubrí que alguien
tenía que tirar la basura todas las noches,
porque la vida y la casa empezaban a oler mal,
como huele uno cuando critica todo cuanto no es.
Años más tarde descubrí entre la basura que tiraba
el dulce aroma de mi propio hogar
tu ropa sucia, mis fotografías
los juguetes viejos de los niños
y esa llave que nunca supe lo que abría,
pero ya había perdido la casa
y tuve que reconstruir la esperanza
mucho más lejos de donde estaba calculado.
Ahora, cuando cada noche salgo a la calle con mi bolsa de basura
y aprovecho el paseo para encender ese cigarrillo que despierta
los perros de los vecinos
y los veo en sus casas encendidas consumir la vida,
me doy cuenta que en la oscuridad
era más fácil ser libre.

(Uberto Stabile: "La línea de fuego", ed. Brosquil, 2008, pp. 76-77).

miércoles, 19 de diciembre de 2012

"Manos", un poema de Robinson Jeffers.

Dentro de una cueva en un estrecho cañón cerca de Tassajara
la bóveda de la roca está pintada con manos,
una multitud de manos en la media luz, una nube de palmas de hombres, no más,
ninguna otra pintura. Nadie hay que pueda decir
si el tímido y silencioso pueblo café que está muerto pretendía
religión o magia, o si hicieron estos trazos
en los ocios del arte; pero, sobre los años divididos, estos cuidados
signos manuales son ahora como un mensaje sellado
que dice: "Miren: también fuimos humanos; tuvimos manos y no garras. Salve
les decimos, hombres de hábiles manos, que nos suplantan
en el hermoso país; disfruten por una estación su belleza y haced lugar
y sed suplantados; pues también ustedes son humanos".

.....

HANDS

Inside a cave in a narrow canyon near Tassajara
The vault of rock is painted with hands,
A multitude of hands in the twilight, a cloud of men's palms, no more,
No other picture. There's no one to say
Whether the brown shy quiet people who are dead intended
Religion or magic, or made their tracings
In the idleness of art; but over the division of years these careful
Signs-manual are now like a sealed message
Saying: "Look: we also were human; we had hands, not paws. All hail
You people with the clever hands, our supplanters
In the beautiful country; enjoy her a season, her beauty, and come down
And be supplanted; for you also are human".

(Robinson Jeffers: "Antología", ed. Libros del Umbral, 1999, pp. 86-87; traducción de Alberto López Fernández y Pablo Soler Frost).

martes, 18 de diciembre de 2012

"Más allá del peligro", un poema de Sharon Olds.

Una semana después de que murió
de pronto entendí
que su amor por mí estaba seguro:
ya nada lo podría alterar. A veces,
durante el último año, su rostro se iluminaba
cuando yo entraba a su habitación,
y una vez, medio dormido,
sonrió al pronunciar mi nombre.
Respetaba mi arrojo:
la vez que me ataron a la silla,
ataron a alguien que él respetaba, y cuando
dejaba de hablar durante semanas enteras,
yo era uno de los seres a quienes no le hablaba,
alguien con un lugar en su vida.
La última semana lo dijo sin querer:
entré a su cuarto y le pregunté
"Cómo estás," y contestó, "Yo a ti también".
Desde entonces, temí perder esas palabras.
Hasta el último momento podía equivocarme,
ofenderlo. Bastaría una de sus muecas de disgusto
para que volviera a joderme la vida.
Intenté no pensar demasiado,
ayudaba a cuidarlo, le limpiaba el rostro,
lo acompañaba.
Pero un rato después de que murió,
de pronto pensé, con asombro, ahora
siempre me amará, y me reí:
estaba muerto, ¡muerto!

.....

BEYOND HARM

A week after my father died
suddenly I understood
his fondness for me was safe - nothing
could touch it. In that last year,
his face would sometimes brighten when I would
enter the room, and his wife said
that once, when he was half asleep,
he smiled when she said my name. He respected
my spunk - when they tied me to the chair, that time,
they were tying up someone he respected, and when 
he did not speak, for weeks, I was one of the
beings to whom he was not speaking,
someone with a place in his life. The last
week he even said it, once,
by mistake. I walked into his room and said
"How are you," and he said, "I love you
too". From then on, I had
that word to lose. Right up to the last
moment, I could make some mistake, offend him,
and with one of his old mouths of disgust he could
re-skew my life. I did not think of it much,
I was helping to take care of him,
wiping his face and watching him.
But then, a while after he died, 
I suddenly thought, with amazement, he will always
love me now, and I laughed - he was dead, dead!

(Sharon Olds: "El padre", ed. Bartleby, 2004, pp. 76-77; traducción de Mori Ponsowy).

domingo, 16 de diciembre de 2012

Dos poemas de Eugenio Montale.

Conozco la hora en que la cara más impasible
es cruzada por una cruda mueca:
se revela un instante una pena invisible.
No lo nota la gente de la atestada calle.

Vosotras, palabras mías, traicionáis en vano la mordedura
secreta, el viento que en el corazón sopla.
La más cierta razón es de quien calla.
El canto que solloza es un canto de paz.

.....

Tal vez una mañana yendo por un aire de vidrio,
árido, veré, volviéndome, cumplirse el  milagro;
la nada a mis espaldas, el vacío detrás
de mí, con un terror de borracho.

Después, como en una pantalla aparecerán de golpe
árboles casas colinas para el engaño usual.
Pero será demasiado tarde; y me iré callado
entre los hombres que no se vuelven, con mi secreto.

(Eugenio Montale: "Huesos de sepia y otros poemas", ed. Orbis, 1983, pp. 62 y 66; traducción de Carlo Frabetti).

jueves, 13 de diciembre de 2012

Mis tiranos favoritos (5).

     NERÓN

     Venía de un linaje con solera. Su tatarabuelo Gneo Domicio ya se paseaba por su provincia en elefante. Se decía que su padre había aplastado adrede a un niño en la Vía Apia, encabritando al caballo, y que cierto día le sacó un ojo a un patricio por censurarle con excesiva franqueza. Las vanidades y envenenamientos masivos de su madre, Agripina, son conocidos y hasta históricos. Sin embargo Nerón fue un niño noble y dotado de una inteligencia notable. Le gustaba criar pájaros cantores: un estornino y dos ruiseñores entre otros, a los que enseñaba a hablar en griego y latín. Para firmar su primera condena a muerte titubeó, tuvieron que insistirle. "Ojalá no supiera escribir", sentenció. Y es que la sangre le horrorizaba entonces; asistía a los espectáculos circenses con una esmeralda para ver a los gladiadores a través de ella, usándola a modo de espejo. Cuando un actor alado que remedaba el vuelo de Ícaro sufrió un imprevisto y se estrelló a su lado, chiscándole toda la toga, es posible que sintiese un repelús. Aunque indudablemente se repuso. Nerón quiero decir.

     Al cabo de un tiempo fue dejándose de remilgos y milongas. De natural apasionado, excesivo, la inercia de ser césar en una Roma más bien afilada, donde se envenenaba incluso en vano, acabó transformándole en un locanas legendario. Llegó a liquidar a un tipo por ser demasiado melancólico y tener cara de pedagogo. Cuando le trajeron la cabeza de Sila degollado bromeó con sus canas prematuras, y le pareció hermosísima la nariz de la de Plauto. Criaba mulas hermafroditas y a un antropófago egipcio. Organizaba orgías de antología, de las que pasan a los anales, como la del lago Agripa, donde todas las abominaciones que pueda representarse una mente depravada se hicieron realidad. Vamos, que la ruta del bacalao era cosa de fenicios y cenizos. Uno de sus juegos consistía en ponerse pieles de fiera, salir como una posta de una jaula y abalanzarse sobre los genitales de varios hombres y mujeres encadenados en pelotas, ahí en postes, mientras su liberto Doríforo le cubría, según Suetonio. Claro que puede que se trate de una confusión del distinguido historiador, porque lo cierto es que cubierto ya iba: con pieles de fiera. No había ninguna necesidad.

  Como la mayoría de los hijos tirando a empantanados de las familias pudientes su gran ilusión era ser cantante. Para ello no escatimó en medios ni en extremos. Cuando se hartaba de comilonas y ensartes de comedia se disciplinaba en su arte, casi como un asceta. Se pasaba hasta las tantas dándolo todo con el músico Terpno, que tiritaba la cítara; seguía una dieta idiota a base de puerros de Aricia, absteniéndose de fruta y purgándose con lavativas y vómitos; se tapaba la boca con un pañuelo para evitar la acción perniciosa del aire, que debía de estar de lo más viciado por ahí; o hacía ejercicios hipopotámicos con una plancha de plomo sobre el pecho, para robustecer la chorrada de voz. Llevaba un auténtico séquito de lamerones cuando declamaba. Algunos secuestrados de la orden ecuestre, o bien pacones orondos de la plebe (unos cinco mil) adiestrados en el arte de aplaudir con síncopes tipo tejo, zumbido de abeja, o teja acanalada... según lo convenido o conveniente. No obstante, para publicitar bien el asunto, acuñaba monedas de sí mismo tañendo, por si alguien no se había pispado aún del fenómeno. Era sin duda un emperador emprendedor, un dictador didáctico, aunque difícil de bailar a juzgar por los títulos de sus grandes éxitos: Orestes matricida, Edipo ciego, Hércules furioso... Un poco punk de antañazo con su cresta postiza de laurel, o quizá el gran precusor de lo que siglos más tarde Artaud daría en llamar el teatro de la crueldad.

     De hecho las puertas se cerraban durante sus actuaciones y nadie podía salir bajo ningún concepto. Se habla de mujeres que parieron en las gradas, que no debe de resultar nada agradable; de tipos que trataban de saltar los muros y se hacían incluso los muertos por ver si los sacaban para enterrarlos. De un terremoto también que una vez sacudió el escenario, sin que el gran césar se inmutase ni cesase el recitativo (es más: compuso al parecer unos versos a los dioses, para agradecerles su ovación). Hay que reconocer que al menos bemoles para dar el cante sí los tenía. Era en el fondo su especialidad.






   

"A mi hija", un poema de Raymond Carver.

Es demasiado tarde para maldecirte - ya te gustaría
hacerlo, digamos, como Yeats con su hija. Y cuando
la vemos en Sligo, vendiendo sus cuadros...
era la más plañidera, la mujer más vieja de Irlanda.
Pero estaba a salvo.
Durante la mayor parte del tiempo, sus razonamientos
se me escapaban. En cualquier caso, es demasiado tarde,
como dije. Ya eres mayor, y encantadora.
Eres una borracha muy guapa, hija.
Pero eres una borracha. No puedo decir que me partas
el corazón. No tengo corazón cuando se trata
de cosas de la priva. Triste, sí, sólo Dios lo sabe.
Tu amigo, ése al que llaman Shiloh, ha vuelto
a la ciudad, y la bebida vuelve a correr.
Llevas tres días borracha, me cuentas,
cuando sabes jodidamente bien que la bebida es como veneno
para nuestra familia. ¿No te servimos de suficiente ejemplo
tu madre y yo? Dos personas que se querían pegándose.
Golpeándose. Vaciando un vaso tras otro.
Maldiciones y golpes y traiciones.
¡Debes de estar loca! ¿Todavía no tienes bastante?
¿Quieres morir? Debe de ser eso. A lo mejor
creo que te conozco, y no te conozco.
Y no bromeo, niña. ¿Bromeas tú?
Hija, no puedes beber.
Las últimas veces que te vi, lo habías dejado.
Una escayola en el cuello, o si no
el dedo entablillado, gafas oscuras para esconder
tus hermosos ojos a la funerala. Un labio
que un hombre besaría en vez de partirlo.
¡Ay, Dios, Dios, Dios mío!
Tienes que contenerte.
¿Me oyes? ¡Espabila! Tienes que cortar con eso
y mejorar. Mira, nuestra familia fue hecha
para malgastar, no para conservar. Pero cambia ya.
Puedes, así de fácil - ¡eso es todo!
Hija, no puedes beber.
Te matará. Como hizo con tu madre y conmigo.
Como hizo.

  (Raymond Carver: "Bajo una luz marina", ed. Visor, 2005, pp. 43-44. Traducción de Mariano Antolín Rato).

miércoles, 12 de diciembre de 2012

"Sólo por divertirse", un poema de Antonio Santo.

Trepó a los árboles,
se revolcó en la hierba de los prados
y riendo a carcajadas corrió
por la vera del río hasta mi casa.
Subió por la fachada, por las escaleras,
entró y se asomó a las ventanas,
bailó con mi madre y jugó con mi perro,
saltó de sofá en sofá,
lamió mis libros, abrazó toda mi vida
y al fin, cansado,
se tendió en mi cama a dormir,
pero también el lecho se consumió.
Así que
volvió a salir a la calle.

Cuando yo llegué, la lluvia
ya se había llevado al mar las cenizas.
A lo lejos,
saltando de tejado en tejado
entre banderas blancas,
el fuego seguía buscando
algún sitio donde descansar.

(Antonio Santo - con Vicente Drü y Pablo López Cortina - : "Tres poetas porvenir", ed. Canalla, 2012, pp. 128).

jueves, 6 de diciembre de 2012

Un poema de Francisco de Quevedo.

PREFIERE LA HARTURA Y SOSIEGO MENDIGO
A LA INQUIETUD MAGNÍFICA DE LOS PODEROSOS.

Mejor me sabe en un cantón la sopa,
y el tinto con la mosca y la zurrapa,
que al rico, que se engulle todo el mapa,
muchos años de vino en ancha copa.

Bendita fue de Dios la poca ropa,
que no carga los hombros y los tapa;
más quiero menos sastre que más capa:
que hay ladrones de seda, no de estopa.

Llenar, no enriquecer, quiero la tripa;
lo caro trueco a lo que bien me sepa:
somos Píramo y Tisbe yo y mi pipa.

Más descansa quien mira que quien trepa;
regüeldo yo cuando el dichoso hipa,
él asido a Fortuna, yo a la cepa.

.....
zurrapa: brizna o pelillo o sedimento que se halla en los líquidos.

(Francisco de Quevedo: "Poesía original completa", ed. Planeta, 2004, edición y notas de José Manuel Blecua, pp. 518).

martes, 4 de diciembre de 2012

Un poema de Pablo Cortina.

                     II

                 Escribo

         ...sobre el amor,
pero el amor es un trozo de la vida.

            sobre la vida,
pero la vida es un trozo del tiempo.

            sobre el tiempo,
pero el tiempo es un trozo del universo.

            sobre el universo,
             pero el universo
                  entero
        es un trozo de silencio.

(Pablo Cortina, en: "Asturcones (Treinta y un poetas de Asturias)", ed. Canalla, 2012, pp. 52).