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domingo, 30 de diciembre de 2012

"El diablo mundo (fragmento)", un poema de José de Espronceda.

  ¡Oh imbécil y arraigada en vicios
turba de viejos que ha mandado y manda!       2630
Ruinas soñar os hace y precipicios
vuestra codicia vil que así os demanda.
¿Pensáis tal vez que los robustos quicios
del mundo saltarán si aprisa anda,
porque son torpes vuestros pasos viles,            2635
tropel asustadizo de reptiles?
  ¿Qué vasto plan, qué noble pensamiento
vuestra mente raquítica ha engendrado?
¿Qué altivo y generoso sentimiento
en ese corazón respuesta ha hallado?               2640
¿Cuál de esperanza vigoroso acento
vuestra podrida boca ha pronunciado?
¿Qué noble porvenir promete al mundo
vuestro sistema de gobierno inmundo?
  Pasad, pasad como funesta plaga,                  2645
gusanos que roéis nuestra semilla;
vuestra letal respiración apaga
la luz del entusiasmo; apenas brilla.
Pasad, huid, que vuestro tacto estraga
cuanto toca y corrompe y lo amancilla;             2650
sólo nos podéis dar, canalla odiosa,
miseria y hambre y mezquindad y prosa.

(José de Espronceda: "Obras poéticas", ed. RBA, 1994, pp. 224-225).

jueves, 27 de diciembre de 2012

"Hijo mío", un poema de Leopoldo Panero.

Desde mi vieja orilla, desde la fe que siento,
hacia la luz primera que torna el alma pura,
voy contigo, hijo mío, por el camino lento
de este amor que me crece como mansa locura.

Voy contigo, hijo mío, frenesí soñoliento
de mi carne, palabra de mi callada hondura,
música que alguien pulsa no sé dónde, en el viento,
no sé dónde, hijo mío, desde mi orilla oscura.

Voy, me llevas, se torna crédula mi mirada,
me empujas levemente (ya casi siento el frío);
me invitas a la sombra que se hunde a mi pisada,

me arrastras de la mano... Y en tu ignorancia fío,
y a tu amor me abandono sin que me quede nada,
terriblemente solo, no sé dónde, hijo mío.

(Leopoldo Panero: "Memoria del corazón [Antología poética]", ed. Renacimiento, 2009, pp. 125).

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Un poema de Francisco Brines.

Yo no era el mejor
para mirar la tarde,
pero me fue ofrecida;
y en mis ojos
se despertó el amor
sin gran merecimiento.
Y no fue necesaria una conciencia lúcida
ni una más clara inteligencia:
tú, que me lees
con mayor espíritu.
Pero tampoco nadie
pudo estimar tanto
algún pequeño corazón
con un corazón tan pequeño.
Tú me comprendes con dificultad,
pero sabes también
que es suficiente mi dolor,
y por eso me lees.

(Francisco Brines: "Ensayo de una despedida. Poesía completa (1960-1997)", ed. Tusquets, 2011, pp. 78).

martes, 25 de diciembre de 2012

"No hay más", un poema de Karmelo C. Iribarren.

Al principio
quieres
cambiar el mundo,
y al final
te conformas
con dejar el tabaco.

No hay más.

Así de cómico,
y así de trágico.

(Karmelo C. Iribarren: "Desde el fondo de la barra", ed. Línea de Fuego, 1999, pp. 18. También en "La ciudad [Antología 1985-2008]", ed. Renacimiento, 2008, pp. 95). En la segunda edición hay una pequeña corrección en los versos 2 y 3. La palabra "cambiar" aparece incluida en el segundo: "quieres cambiar / el mundo"...

lunes, 24 de diciembre de 2012

"Hay un gato", un poema de Miguel Merino.

HAY UN GATO

en la calle
husmeando
con sigilo
la basura.

Son sus ojos
lo que brilla
entre las sombras
de los cubos.

Puedo verlo
desde aquí, acodado
en la ventana.

Concentrado
en la comida,
no le importa
que lo mire.

Es muy negro

y en la frente

tiene una mota blanca.

(Miguel Merino: "Hierros invisibles", ed. Huacanamo, 2010, pp. 14).

domingo, 23 de diciembre de 2012

Mis tiranos favoritos (7).

     EL SHA DE PERSIA

     Fue el segundo Sha, y el último, de su dinastía. Su padre empezó de cosaco de a pie y fue ascendiendo en la escala social hasta llegar a Sha Reza el Grande, Rey de Reyes, Sombra del Todopoderoso, Nuncio de Dios y Centro del Universo, en 1925. Lo que se dice una carrera astronómica. Sin embargo tenía sus cosas: había prohibido fotografiar a los camellos, por considerarlos animales atrasados, y en cierta ocasión ordenó fusilar a un burro por atravesarle un prado. Vamos, que era más corto que la tarjeta de visita que llevaba para según qué asuntos, eso fijo; un tipo digamos que tirando a desértico en los usos, rústico de carácter. Pero en fin, le dejó sus hectáreas de parcelas y heredades al varón primogénito - que tenía gemela: la shasha, me figuro  - y a bien corta edad, no podía quejarse el chaval. Tampoco el resto de la población, dicho sea de paso. Si bien a veces, al menor despiste de la estirpe, algunos se liaban la manta a la cabeza - si no la traían ya de serie - y se ponían a derribar esculturas de las ecuestres sin control, como si no costase labor y sus buenos duros cincelarlas ahí a mazo y subirlas al pedestal después - y el arte aparte. Al final ya era como una manía, un reflejo condicionado o un reflujo incondicional o cualquiera sabe. Llegaron a existir auténticos derribamonumentos de altura, gente que había mamado el oficio o lo que fuese en el barrio, desde muy críos, con padres y vecinos, y que incluso se jactaba de ello, quejándose también de los no pocos aficionados que en la revolución del 79 se pusieron a tirar estatuas con mucha cuerda pero poca cordura, sin saber de junturas, metales soldados elementales ni hacia dónde debía inclinarse la estructura al ceder. Y claro, los dejaban caer directamente sobre sus cabezas, a lo caverna. O sea que sí: que era un desastre de espontáneos Persia bajo su mandato, que es que ya ni se llamaba así desde hacía tiempo el sitio. "¿El qué de dónde dices...? No me vaciles, anda".

     El Señor estaba un poco acomplejado como es lógico. Posibles no le faltaban, se exportaba petróleo a espuertas y superados los lances de la nacionalización la mordida era incluso de más dinero. Pero que no, que no se encontraba. Andaba por palacio con zapatos de taconazo y ordenando a la gente que se los besase a ver si así, con la tontísima, subían la talla y la autoestima. Claro que en el fondo sabía que no le querían bien. Para pedir pedían (solicitaban, que es más fino) como si les hubiese hecho la bocona un fraile; hasta en su casa de vacaciones hacían cola para ver si caía una colaboración. Mandatarios y gente bien entronada por otro lado, nada de alucinados de la duna pegando alaridos doloridos, que había nivel. El propio Rey de España - por ejemplo - le mandó una carta en el 77 con un sablazo más gordo que la mítica espada Shahi que colgaba él al cinto para las galas: de diez millones de dólares, a ver si colaba. Para defenderse del PSOE, ya que fuentes fidedignas le habían informado de que eran marxistas... Y todo así de espléndido. Pero luego a la mínima volaban las balas. Había atentados para aburrir. Los mullahs sobre todo, que eran tercos como mulas, y golfos pérsicos de todo pelaje. ¡Si es que al final había tramas para matarle hasta en las tiendas de dátiles! Querían descoronarle ya sin decoro alguno. Su policía secreta, la Savak, no daba abasto. Palabras como tornillo, peso, ciénaga, oscuridad... y muchas otras así de irrelevantes, podían ser consideradas indicios de descontento y base suficiente para una detención, con todo el lote de entonces. A veces se torturaba a los más turbantes sin hacer averiguación previa alguna, sin interrogatorio siquiera, para ahorrar tiempo y gestiones, porque es que estaban saturadísimos de tarados. "Voy a ver a Alí el herrero, que me falta un tornillo". Un fanático. "Uff, qué calorazo hace... Teherán es bochornoso". Un campesino detractor. "¡Qué alboroto!... ¡Le ha tocado un perrito piloto!...". Fusilamiento directo. Ocho de cada diez estaban conchabados; quitando militares y policías y chivatos y chivos y cabrones triscantes y trincantes, pues el desierto petrolero entrero.

     Algunos le describen como un obseso sexual. Se dice que en una ocasión había intentado hacerle el amor a la hija de un ministro volando en helicóptero sobre Isfahan. Para remontar la renta media no tenía demasiadas ideas practicables, más bien ninguna aparte de soltar sus migajas, pero para embizcarse mojando el biscote bien que se le espabilaba la imaginación. En un viaje a Venecia indignó de lo lindo al prefecto de la ciudad al pedirle una mujer para la noche. El móvile de una donna. Se armó un auténtico escándalo: ¿pero cómo había podido semejante enajenado llegar a ser prefecto de Venecia? Tuvo incluso que intervenir el presidente Andreotti para que se agenciase la ragazza. En fin, que lograr que cayese un chichi no era un problema grave, aunque hacer que callasen los chiís ya era otro cantar. Estaban completamente fuera de sí, y con ese idioma en la cabeza además, haciéndose hasta autolesiones y la hostia. Tuvo que freír a varios ayatollahs, a ver si así se templaban. En mesas eléctricas y con aceite hirviendo, que estaba la cosa muy caliente. Luego aquel tal Jomeini con el dedo huesudo apuntándole, que menuda perra con las lapidaciones y las perras que se dilapidaban. No la apeaba: un cabreo de caniche tenía. ¡El sha debe marcharse! Así, sin argumentar ni razonarlo. No decía otra cosa: ¡El sha debe marcharse! Ya se le podía hablar del oro negro, de la revolución blanca y de los ultrarrojos, que no había manera de que reculase: ¡El sha debe marcharse!, y punto. Como si estuviese rayado. Él mientras iba librando linaje y pellejo como podía, lo dicho. Sobre todo usando marines usa, que tienen cierta fijación con democratizar o lo que surja en esa zona. Aunque a veces ya había que salvarlo de carambola. Un día se cayó por un precipicio cabalgando y tuvo que alzarle una mano santa, por lo visto, o sea que se aupó de chiípa. Menuda potra, sí... y menudo caballo que sería también. Un pura sangre, seguro. Pero un poco cegado a lo mejor.

"Digo que yo no soy un hombre puro", un poema de Nicolás Guillén.

Yo no voy a decirte que soy un hombre puro
entre otras cosas
falta saber si es que lo puro existe.
O si es, pongamos, necesario.
O posible.
O si sabe bien.
¿Acaso has tú probado el agua químicamente pura,
el agua de laboratorio,
sin un grano de tierra o de estiércol,
sin el pequeño excremento de un pájaro,
agua hecha no más de oxígeno e hidrógeno?
¡Puah!, qué porquería.

Yo no te digo pues que soy un hombre puro,
yo no te digo eso, sino todo lo contrario.
Que amo (a las mujeres, naturalmente,
pues mi amor puede decir su nombre),
y me gusta comer carne de puerco con papas,
y garbanzos y chorizos, y
huevos, pollos, carneros, pavos,
pescados y mariscos,
y bebo ron y cerveza y aguardiente y vino,
y fornico (incluso con el estómago lleno).
Soy impuro ¿qué quieres que te diga?
Completamente impuro.
Sin embargo,
creo que hay muchas cosas puras en el mundo
que no son más que pura mierda.
Por ejemplo, la pureza del virgo nonagenario.
La pureza de los novios que se masturban
en vez de acostarse juntos en una posada.
La pureza de los colegios de internado, donde
abre sus flores de semen provisional
la fauna pederasta.
La pureza de los clérigos.
La pureza de los académicos.
La pureza de los gramáticos.
La pureza de los que aseguran
que hay que ser puros, puros, puros.
La pureza de los que nunca tuvieron blenorragia.
La pureza de la mujer que nunca lamió un glande.
La pureza del que nunca succionó un clítoris.
La pureza de la que nunca parió.
La pureza del que no engendró nunca.
La pureza del que se da golpes en el pecho y dice santo, santo, santo,
cuando es un diablo, diablo, diablo.
En fin, la pureza
de quien no llegó a ser lo suficientemente impuro
para saber qué cosa es la pureza.

Punto, fecha y firma.
Así lo dejo escrito.

(Nicolás Guillén, en "Nueve poetas cubanos del siglo XX", ed. Grijalbo Mondadori, 2000, pp. 32-34).

sábado, 22 de diciembre de 2012

"A Lisi", un poema de José de Jesús Martínez.

Diez años ha, me cago en dios, que te amo
cada vez con más odio, cada día
con un nuevo rencor, y todavía
te busco, te huyo, te maldigo y llamo.

Puta madre, mamita, cómo lamo
la espada de tu ausencia, larga y fría,
y cómo me odian, mama, el alma mía
y el cuerpo en el que a diario me encaramo.

Se me ha podrido el corazón de tanto
quererte, odiarte, verte y de no verte,
y tanta pena, Lisi, tanto llanto.

Diez años ya, carajo, de quererte
comiendo mierda, soledad y espanto,
mierda con mierda, coño, hasta la muerte.

(José de Jesús Martínez, sacado de la página www.poetaspoemas.com).

viernes, 21 de diciembre de 2012

Mis tiranos favoritos (6).

     MAXIMILIANO HERNÁNDEZ MARTÍNEZ

     Creía en médicos invisibles, o quizá era sólo una excusa para recortar el presupuesto sanitario. Aunque parece ser que sí, porque una vez llenó San Salvador de luces de colores para espantar a la viruela. Cuando su hijo Maximiliano enfermó de gravedad recurrió a ellos; puso a calentar ahí en el patio de palacio, al sol, varias botellas azules llenas de agua y... en fin, no mucho más. Supongo que se las dio tibias o hervidas para que bebiese o algo, ni idea. Naturalmente se murió. Tenía, eso sí, un reloj de péndulo que le avisaba de si le habían echado veneno en la comida. Poniéndolo a dar vueltas sobre un mapa encontraba a los malos y tesoros piratas, un utensilio utilísimo. Podía además comunicarse telepáticamente con el Presidente de los Estados Unidos, aunque a veces recurría a medios más convencionales para no abusar de su paraciencia ni de la paciencia del otro. Por ejemplo cuando le explicó que no quería soldados negros allí. Temía sobre todo que pudiesen reproducirse ( se corría el inminente riesgo, dijo); que pensasen quizá que todos aquellos farolillos de colores eran para celebrar al patrono y andar por ahí quilando con los condones invisibles, y no una cosa seria, luces para la salud.

     Como buen militar de carrera que era llegó rápido a general. Luego entró en las listas del partido Pro Patria, de tendencia claramente propatriótica. Eran los más tajantes del bareto entonces en eso de paisar al prójimo, de los del puño en la barra. Sin concesiones, o sólo las justas vamos - a la fruitcompanys y cía y deja de contar. Había que salvar a El Salvador, ser más papistas que el Papa y si hacía falta llenar la capital de piñatas rotas pues se llenaba, cojones; pero allí ya no iba a cogerse un trancazo ni dios, ni a los marines negros de los machines que atracaban, que ya aborrecían tantos catarros y cotarros ciudadanos. En algo así consistía el programa, no estaba muy claro en realidad... y sin embargo ganaron. Maximiliano fue nombrado Ministro de Guerra y Vicepresidente, que de entrada no estaba mal; hasta que descubrió, claro, que Presidente vestía mucho más y fue haciendo las gestiones para permutar prematuramente con la ayuda inestimable de las fuerzas invisibles, que para cosas así parece que sí son eficaces que se matan. Era fan del nazismo, o al menos aficionado, y se trajo a algunos arios importantes importados para dar buen tono y color, ya que en esa época estaban de moda además. En 1938 nombró Director de la Escuela Militar a Eberhardt Bohnstedt, general de la Wehrmacht, que aunque resultaba difícil de pronunciar hasta por telepatía venía muy bien para pronunciamientos. Gimnasia alemana para todos, venga, y por supuesto fútbol, que no faltase. Porque se pueden discutir las medidas médicas de Maximiliano, cuestionar la lógica de su ideología y hasta dudar si sus neuronas funcionaban por impulsos sinápticos o dándole a la manivela, pero lo cierto es que ni siquiera a día de hoy se ponen en duda sus esfuerzos para favorecer el balompié en su país, abriendo campos donde no los había y dando apoyos por centenares para entrenar.

     Introdujo la Cívica y la Urbanidad como materias obligatorias en todos los niveles académicos. El adecentamiento corporal, la distinción entre seres humanos normales y anormales y el modo de conducirse en la mesa, en la sala y en el dormitorio, o bien en velorios y enterramientos, adquirieron casi la categoría de disciplinas autónomas - firmes -. Se estableció asimismo que cualquier persona que pidiese educación sería considerada comunista, o sea, muy desconsiderada. La patria estaba llena de gente con inclinaciones semejantes y había que poner orden a tanta ordinariez. Sólo para empezar, se llevó a cabo una operación de desinfección de desafectos conocida como "la matanza". Entre 15 y no menos de 30.000 de estos fenómenos, según las diferentes cifras, fueron debidamente reconvertidos en vertidos recónditos en pocas semanas; entre ellos el legendario Farabundo Martí. No todo iba a ser perfecto y se cometió el error de enterrarlos a escasa profundidad, lo cual provocó que las piaras de cerdos se disparasen para devorarlos, con el consecuente y muy imaginable problema de higiene. Como es lógico el Gobierno tuvo que intervenir para evitar la contaminación de los animales, que podrían haber llegado a ponerse más rojos que rosas también. Además se representó por obligación en todo el país, para salir bien airosos del impasse de la limpieza, la obra teatral Pero también los indios tienen corazón, una cocada. Hasta el péndulo delator se paralizó de emoción. Entonces aún no habían aterrizado en la zona, pero es probable que incluso los nazis, con lo envarados y maizones que eran en generales, hubiesen terminado por agotar la caja de kleenex soltando lagrimones de los gruesos y mocos rubios como querubines.





jueves, 20 de diciembre de 2012

"Otra vez Amarilis", poema atribuido a Márgara Sáenz (*).

El tiempo ha pasado y vuelves a mi memoria.

Tu auto trepando hacia la sierra, la CreamRica
   ¿recuerdas?, volteando a la derecha, todos
   esos moteles.

Entonces éramos nosotros; no tú, no yo. Me quiérote
   te gózame, me amándonos, decíamos.

¿A quién llevas ahora? Contigo entre las piernas
   ¿quién pega alaridos y triza los espejos
   donde nos repetíamos bestiales y dulcísimos?

¿Qué otro vientre recibe tu miel mía, peruano? Di
   qué frívola puta, qué sórdida hipócrita limeña,
   qué casada cuidadosa del cornudo.

Hijo de perra, ¿lo haces? Pero allí no, nunca, con
   nadie vuelvas a la habitación 35. Que se te
   muera para siempre, que se te pudra si regresas.

Una vez dije allí no ¿recuerdas?, dije después
   donde quieras. Tú me observabas igual que un
   entomólogo, eras un médico lascivo examinando
   una muchacha muerta de amor: no hables, eres
   una muñeca, un cuerpo sin voluntad, y me
   tocabas probándome y fui durazno de esos
   que se abren con la mano.

Un durazno, dijiste a mis espaldas, a la luz de la
   tarde, separando con suavidad mis carnes,
   descubriendo lo que ni yo conozco, mi zona
   más oscura, la que guarda esa caricia atroz,
   obscena y tuya que no olvido.

Júralo: no has de volver a esa cama con nadie. Me
   has negado tu cuerpo, el que gustaba mirar
   impúdico y erecto viniendo a mí, el tuyo que
   era el mío. Concédeme eso entonces: anda a
   otro sitio a hacer tus porquerías.

O vuelve a la habitación 35. El tiempo ha pasado,
   ya no hay sino recuerdos y Amarilis qué puede
   sino juntar palabras. Ahora somos tú y yo, no
   existe más nosotros. Uno y uno, dos solos: yo
   y esa mierda que tú soy y yo añoras, desgraciado.

     (Figura en la "Antología de la lírica amorosa", ed. Vicens-Vives, 1990, pp. 181-182, atribuido a Márgara Sáenz [1937-1964]).

   (*) La autora es una invención. El poema fue compuesto conjuntamente por tres escritores peruanos - Mirko Lauer, Abelardo Oquendo y Antonio Cisneros - para una antología de poesía erótica publicada en los años setenta. Hasta que la travesura o lo que fuese quedó al descubierto se formó cierto revuelo. Según Miguel Ángel Huamán por encontrar en un mismo texto tres rasgos inverosímiles: poeta mujer, ecuatoriana y buena. Pero el caso es que se armó pistonuda: hubo - Gabriela Falconi: "El extraño caso de la poeta guayaquileña Márgara Sáenz (1937-1964)" - hasta una manifestación que culminó con la obligación legal de incluir el poema en los libros escolares, como ejemplo de la producción intelectual de la mujer ecuatoriana y latinoamericana; y en Guayaquil existe al parecer o existió la Plaza Márgara Sáenz, con monumento en mármol y acero a la escritora incluido. De hecho en la antología donde yo lo leí no se dice nada al respecto, y se da por real el nombre, aunque sin más datos que esas dos fechas de nacimiento y muerte y apuntar que el poema fue extraído de la excelente selección de José Batlló, "Cien poemas de amor de la lírica en lengua castellana", Lumen, Barcelona, 1987

"Vidas rebeldes", un poema de Uberto Stabile.

Cuando era más joven pensaba que ser libre era ser libre
algo así como no tener obligaciones ni  compromisos,
nada por lo que vivir, nada por lo que morir
rebelde sin causas conocidas.
Años más tarde descubrí que alguien
tenía que tirar la basura todas las noches,
porque la vida y la casa empezaban a oler mal,
como huele uno cuando critica todo cuanto no es.
Años más tarde descubrí entre la basura que tiraba
el dulce aroma de mi propio hogar
tu ropa sucia, mis fotografías
los juguetes viejos de los niños
y esa llave que nunca supe lo que abría,
pero ya había perdido la casa
y tuve que reconstruir la esperanza
mucho más lejos de donde estaba calculado.
Ahora, cuando cada noche salgo a la calle con mi bolsa de basura
y aprovecho el paseo para encender ese cigarrillo que despierta
los perros de los vecinos
y los veo en sus casas encendidas consumir la vida,
me doy cuenta que en la oscuridad
era más fácil ser libre.

(Uberto Stabile: "La línea de fuego", ed. Brosquil, 2008, pp. 76-77).

miércoles, 19 de diciembre de 2012

"Manos", un poema de Robinson Jeffers.

Dentro de una cueva en un estrecho cañón cerca de Tassajara
la bóveda de la roca está pintada con manos,
una multitud de manos en la media luz, una nube de palmas de hombres, no más,
ninguna otra pintura. Nadie hay que pueda decir
si el tímido y silencioso pueblo café que está muerto pretendía
religión o magia, o si hicieron estos trazos
en los ocios del arte; pero, sobre los años divididos, estos cuidados
signos manuales son ahora como un mensaje sellado
que dice: "Miren: también fuimos humanos; tuvimos manos y no garras. Salve
les decimos, hombres de hábiles manos, que nos suplantan
en el hermoso país; disfruten por una estación su belleza y haced lugar
y sed suplantados; pues también ustedes son humanos".

.....

HANDS

Inside a cave in a narrow canyon near Tassajara
The vault of rock is painted with hands,
A multitude of hands in the twilight, a cloud of men's palms, no more,
No other picture. There's no one to say
Whether the brown shy quiet people who are dead intended
Religion or magic, or made their tracings
In the idleness of art; but over the division of years these careful
Signs-manual are now like a sealed message
Saying: "Look: we also were human; we had hands, not paws. All hail
You people with the clever hands, our supplanters
In the beautiful country; enjoy her a season, her beauty, and come down
And be supplanted; for you also are human".

(Robinson Jeffers: "Antología", ed. Libros del Umbral, 1999, pp. 86-87; traducción de Alberto López Fernández y Pablo Soler Frost).

martes, 18 de diciembre de 2012

"Más allá del peligro", un poema de Sharon Olds.

Una semana después de que murió
de pronto entendí
que su amor por mí estaba seguro:
ya nada lo podría alterar. A veces,
durante el último año, su rostro se iluminaba
cuando yo entraba a su habitación,
y una vez, medio dormido,
sonrió al pronunciar mi nombre.
Respetaba mi arrojo:
la vez que me ataron a la silla,
ataron a alguien que él respetaba, y cuando
dejaba de hablar durante semanas enteras,
yo era uno de los seres a quienes no le hablaba,
alguien con un lugar en su vida.
La última semana lo dijo sin querer:
entré a su cuarto y le pregunté
"Cómo estás," y contestó, "Yo a ti también".
Desde entonces, temí perder esas palabras.
Hasta el último momento podía equivocarme,
ofenderlo. Bastaría una de sus muecas de disgusto
para que volviera a joderme la vida.
Intenté no pensar demasiado,
ayudaba a cuidarlo, le limpiaba el rostro,
lo acompañaba.
Pero un rato después de que murió,
de pronto pensé, con asombro, ahora
siempre me amará, y me reí:
estaba muerto, ¡muerto!

.....

BEYOND HARM

A week after my father died
suddenly I understood
his fondness for me was safe - nothing
could touch it. In that last year,
his face would sometimes brighten when I would
enter the room, and his wife said
that once, when he was half asleep,
he smiled when she said my name. He respected
my spunk - when they tied me to the chair, that time,
they were tying up someone he respected, and when 
he did not speak, for weeks, I was one of the
beings to whom he was not speaking,
someone with a place in his life. The last
week he even said it, once,
by mistake. I walked into his room and said
"How are you," and he said, "I love you
too". From then on, I had
that word to lose. Right up to the last
moment, I could make some mistake, offend him,
and with one of his old mouths of disgust he could
re-skew my life. I did not think of it much,
I was helping to take care of him,
wiping his face and watching him.
But then, a while after he died, 
I suddenly thought, with amazement, he will always
love me now, and I laughed - he was dead, dead!

(Sharon Olds: "El padre", ed. Bartleby, 2004, pp. 76-77; traducción de Mori Ponsowy).

domingo, 16 de diciembre de 2012

Dos poemas de Eugenio Montale.

Conozco la hora en que la cara más impasible
es cruzada por una cruda mueca:
se revela un instante una pena invisible.
No lo nota la gente de la atestada calle.

Vosotras, palabras mías, traicionáis en vano la mordedura
secreta, el viento que en el corazón sopla.
La más cierta razón es de quien calla.
El canto que solloza es un canto de paz.

.....

Tal vez una mañana yendo por un aire de vidrio,
árido, veré, volviéndome, cumplirse el  milagro;
la nada a mis espaldas, el vacío detrás
de mí, con un terror de borracho.

Después, como en una pantalla aparecerán de golpe
árboles casas colinas para el engaño usual.
Pero será demasiado tarde; y me iré callado
entre los hombres que no se vuelven, con mi secreto.

(Eugenio Montale: "Huesos de sepia y otros poemas", ed. Orbis, 1983, pp. 62 y 66; traducción de Carlo Frabetti).

jueves, 13 de diciembre de 2012

Mis tiranos favoritos (5).

     NERÓN

     Venía de un linaje con solera. Su tatarabuelo Gneo Domicio ya se paseaba por su provincia en elefante. Se decía que su padre había aplastado adrede a un niño en la Vía Apia, encabritando al caballo, y que cierto día le sacó un ojo a un patricio por censurarle con excesiva franqueza. Las vanidades y envenenamientos masivos de su madre, Agripina, son conocidos y hasta históricos. Sin embargo Nerón fue un niño noble y dotado de una inteligencia notable. Le gustaba criar pájaros cantores: un estornino y dos ruiseñores entre otros, a los que enseñaba a hablar en griego y latín. Para firmar su primera condena a muerte titubeó, tuvieron que insistirle. "Ojalá no supiera escribir", sentenció. Y es que la sangre le horrorizaba entonces; asistía a los espectáculos circenses con una esmeralda para ver a los gladiadores a través de ella, usándola a modo de espejo. Cuando un actor alado que remedaba el vuelo de Ícaro sufrió un imprevisto y se estrelló a su lado, chiscándole toda la toga, es posible que sintiese un repelús. Aunque indudablemente se repuso. Nerón quiero decir.

     Al cabo de un tiempo fue dejándose de remilgos y milongas. De natural apasionado, excesivo, la inercia de ser césar en una Roma más bien afilada, donde se envenenaba incluso en vano, acabó transformándole en un locanas legendario. Llegó a liquidar a un tipo por ser demasiado melancólico y tener cara de pedagogo. Cuando le trajeron la cabeza de Sila degollado bromeó con sus canas prematuras, y le pareció hermosísima la nariz de la de Plauto. Criaba mulas hermafroditas y a un antropófago egipcio. Organizaba orgías de antología, de las que pasan a los anales, como la del lago Agripa, donde todas las abominaciones que pueda representarse una mente depravada se hicieron realidad. Vamos, que la ruta del bacalao era cosa de fenicios y cenizos. Uno de sus juegos consistía en ponerse pieles de fiera, salir como una posta de una jaula y abalanzarse sobre los genitales de varios hombres y mujeres encadenados en pelotas, ahí en postes, mientras su liberto Doríforo le cubría, según Suetonio. Claro que puede que se trate de una confusión del distinguido historiador, porque lo cierto es que cubierto ya iba: con pieles de fiera. No había ninguna necesidad.

  Como la mayoría de los hijos tirando a empantanados de las familias pudientes su gran ilusión era ser cantante. Para ello no escatimó en medios ni en extremos. Cuando se hartaba de comilonas y ensartes de comedia se disciplinaba en su arte, casi como un asceta. Se pasaba hasta las tantas dándolo todo con el músico Terpno, que tiritaba la cítara; seguía una dieta idiota a base de puerros de Aricia, absteniéndose de fruta y purgándose con lavativas y vómitos; se tapaba la boca con un pañuelo para evitar la acción perniciosa del aire, que debía de estar de lo más viciado por ahí; o hacía ejercicios hipopotámicos con una plancha de plomo sobre el pecho, para robustecer la chorrada de voz. Llevaba un auténtico séquito de lamerones cuando declamaba. Algunos secuestrados de la orden ecuestre, o bien pacones orondos de la plebe (unos cinco mil) adiestrados en el arte de aplaudir con síncopes tipo tejo, zumbido de abeja, o teja acanalada... según lo convenido o conveniente. No obstante, para publicitar bien el asunto, acuñaba monedas de sí mismo tañendo, por si alguien no se había pispado aún del fenómeno. Era sin duda un emperador emprendedor, un dictador didáctico, aunque difícil de bailar a juzgar por los títulos de sus grandes éxitos: Orestes matricida, Edipo ciego, Hércules furioso... Un poco punk de antañazo con su cresta postiza de laurel, o quizá el gran precusor de lo que siglos más tarde Artaud daría en llamar el teatro de la crueldad.

     De hecho las puertas se cerraban durante sus actuaciones y nadie podía salir bajo ningún concepto. Se habla de mujeres que parieron en las gradas, que no debe de resultar nada agradable; de tipos que trataban de saltar los muros y se hacían incluso los muertos por ver si los sacaban para enterrarlos. De un terremoto también que una vez sacudió el escenario, sin que el gran césar se inmutase ni cesase el recitativo (es más: compuso al parecer unos versos a los dioses, para agradecerles su ovación). Hay que reconocer que al menos bemoles para dar el cante sí los tenía. Era en el fondo su especialidad.






   

"A mi hija", un poema de Raymond Carver.

Es demasiado tarde para maldecirte - ya te gustaría
hacerlo, digamos, como Yeats con su hija. Y cuando
la vemos en Sligo, vendiendo sus cuadros...
era la más plañidera, la mujer más vieja de Irlanda.
Pero estaba a salvo.
Durante la mayor parte del tiempo, sus razonamientos
se me escapaban. En cualquier caso, es demasiado tarde,
como dije. Ya eres mayor, y encantadora.
Eres una borracha muy guapa, hija.
Pero eres una borracha. No puedo decir que me partas
el corazón. No tengo corazón cuando se trata
de cosas de la priva. Triste, sí, sólo Dios lo sabe.
Tu amigo, ése al que llaman Shiloh, ha vuelto
a la ciudad, y la bebida vuelve a correr.
Llevas tres días borracha, me cuentas,
cuando sabes jodidamente bien que la bebida es como veneno
para nuestra familia. ¿No te servimos de suficiente ejemplo
tu madre y yo? Dos personas que se querían pegándose.
Golpeándose. Vaciando un vaso tras otro.
Maldiciones y golpes y traiciones.
¡Debes de estar loca! ¿Todavía no tienes bastante?
¿Quieres morir? Debe de ser eso. A lo mejor
creo que te conozco, y no te conozco.
Y no bromeo, niña. ¿Bromeas tú?
Hija, no puedes beber.
Las últimas veces que te vi, lo habías dejado.
Una escayola en el cuello, o si no
el dedo entablillado, gafas oscuras para esconder
tus hermosos ojos a la funerala. Un labio
que un hombre besaría en vez de partirlo.
¡Ay, Dios, Dios, Dios mío!
Tienes que contenerte.
¿Me oyes? ¡Espabila! Tienes que cortar con eso
y mejorar. Mira, nuestra familia fue hecha
para malgastar, no para conservar. Pero cambia ya.
Puedes, así de fácil - ¡eso es todo!
Hija, no puedes beber.
Te matará. Como hizo con tu madre y conmigo.
Como hizo.

  (Raymond Carver: "Bajo una luz marina", ed. Visor, 2005, pp. 43-44. Traducción de Mariano Antolín Rato).

miércoles, 12 de diciembre de 2012

"Sólo por divertirse", un poema de Antonio Santo.

Trepó a los árboles,
se revolcó en la hierba de los prados
y riendo a carcajadas corrió
por la vera del río hasta mi casa.
Subió por la fachada, por las escaleras,
entró y se asomó a las ventanas,
bailó con mi madre y jugó con mi perro,
saltó de sofá en sofá,
lamió mis libros, abrazó toda mi vida
y al fin, cansado,
se tendió en mi cama a dormir,
pero también el lecho se consumió.
Así que
volvió a salir a la calle.

Cuando yo llegué, la lluvia
ya se había llevado al mar las cenizas.
A lo lejos,
saltando de tejado en tejado
entre banderas blancas,
el fuego seguía buscando
algún sitio donde descansar.

(Antonio Santo - con Vicente Drü y Pablo López Cortina - : "Tres poetas porvenir", ed. Canalla, 2012, pp. 128).

jueves, 6 de diciembre de 2012

Un poema de Francisco de Quevedo.

PREFIERE LA HARTURA Y SOSIEGO MENDIGO
A LA INQUIETUD MAGNÍFICA DE LOS PODEROSOS.

Mejor me sabe en un cantón la sopa,
y el tinto con la mosca y la zurrapa,
que al rico, que se engulle todo el mapa,
muchos años de vino en ancha copa.

Bendita fue de Dios la poca ropa,
que no carga los hombros y los tapa;
más quiero menos sastre que más capa:
que hay ladrones de seda, no de estopa.

Llenar, no enriquecer, quiero la tripa;
lo caro trueco a lo que bien me sepa:
somos Píramo y Tisbe yo y mi pipa.

Más descansa quien mira que quien trepa;
regüeldo yo cuando el dichoso hipa,
él asido a Fortuna, yo a la cepa.

.....
zurrapa: brizna o pelillo o sedimento que se halla en los líquidos.

(Francisco de Quevedo: "Poesía original completa", ed. Planeta, 2004, edición y notas de José Manuel Blecua, pp. 518).

martes, 4 de diciembre de 2012

Un poema de Pablo Cortina.

                     II

                 Escribo

         ...sobre el amor,
pero el amor es un trozo de la vida.

            sobre la vida,
pero la vida es un trozo del tiempo.

            sobre el tiempo,
pero el tiempo es un trozo del universo.

            sobre el universo,
             pero el universo
                  entero
        es un trozo de silencio.

(Pablo Cortina, en: "Asturcones (Treinta y un poetas de Asturias)", ed. Canalla, 2012, pp. 52).

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Mis tiranos favoritos (4).

     BENITO MUSSOLINI

     De chavalote, en un internado de Faenza, hirió a un compañero con un cuchillo mientras cenaba. A raíz del incidente tuvo que salir de los salesianos, pero cagando melodías. Le mudaron de escuela, y en la nueva, en Forlimpopoli, volvió a herir a un compañero con un cuchillo. Ya entonces se le veían alardes de líder. Andaba por ahí con un boxer y una manopla de hierro, contaban, y escribiendo poesías que, por raro que parezca, nadie quería publicar. Fue por esa época cuando, firmemente decidido a seguir la tradición, que tanto respeto le merecía, hirió con un cuchillo a una amiga. En su defensa es justo decir que tocaba con cierta gracia el trombón; si bien no era, y a la vista está, lo que se dice un virtuoso.

   Tuvo diversos oficios: chocolatero, marxista, futurólogo por los caminos, vago en Suiza... Le costaba encontrarse a sí mismo, claro que también a menudos sitios iba a buscar. Luego durante un tiempo fue profesor en Tolmezzo. Allí sus alumnos le apodaban "el loco". Jugaba a los fantasmas en las ruinas del castillo del lugar y organizaba fiestas nocturnas en el cementerio donde dirigía ardorosos discursos a los cadáveres. Vamos, que ya se iba aproximando un poco. Aunque la revelación, el momento fetiche (que él mismo calificó como el más hermoso de su vida) aconteció en 1917. Fue una auténtica explosión, y cuando digo auténtica quiero decir auténtica: un lanzagranadas recalentado que detonó, llevándose a varios individuos por delante y dejándole a él con más de cuarenta esquirlas de metralla por todo el cuerpo y varios tornillos flojos en la cabeza. Fue un subidón de muerte. Hasta rehusó - según su versión - la anestesia en el hospital. Quería gozar del frenesí sin frenos.

     Tristemente el zambombazo le dejó secuelas de dominio público. Un ansia atípica, por ejemplo, de someter Etiopía. Como casi todos los fascistas de pro tenía también el síndrome del eterno retorno recurrente, que a veces se manifiesta con regresos alucinatorios a reinos jemeres, a imperios arios, a la época de los filipes de números varios... depende. En su caso quería volver a la Roma de los grandes pendones, a la era del laurel, el águila y las sandalias caligae. Seguir dando la lata con el latín. Organizaba desfiles con ese fin: venga, todos en hilera hacia los tiempos heroicos. Encima caminando como ocas, porque según la leyenda las ocas habían salvado el Capitolio de los galos. O sea, que un desmelene demoledor, de los de no te menees. Se le iba la olla hasta el punto de que ya ni se recordaba que tenía que mear, como le confesó una vez a su amante más mítica, Claretta Petacci: A veces retengo el pipí hasta dos o tres horas, no me acuerdo. Y llega un momento en que me encuentro mal, estoy incómodo, qué me pasa, qué es... Es sencillo, es que tengo pipí, entonces corro. Si tuviese a alguien que me lo recordara, no sufriría. Un caso grave de cojones, y de próstata. Aunque buena parte de la culpa también era suya, todo hay que decirlo. Si en lugar de il duche se hubiese hecho llamar il inodoro lo hubiera tenido más presente y seguro que habría estado mucho mejor.


    

"Ruleta rusa", un poema de Jon Juaristi.

Una tarde inverniza se encorvaba
sobre las falsas ruinas
de aquel rincón del parque del colegio,
detrás del cobertizo de Artes Plásticas.

El hijo del altísimo
jerarca falangista Mendazona
puso el coñac y el arma.

La época agonizaba, con su estilo
demasiado rotundo:
puestas de largo en el Marítimo,
hockey, regatas, tennis,
fiestas de fin de curso con madrinas,
campamentos del Opus,
chóferes de uniforme azul marino,
prestigiosa onomástica ( Cristina,
Verónica, Natalia,
Gonzaga, Álvaro, Diego ),
títulos pontificios
y partidos de cricket en el green.

Al oírse el disparo
corrimos todos a la desbandada,
corzos desparramados
sobre un tapiz de asunto cinegético.

No fue el azar tan cruel con Ibarreche.
Era el más débil de nosotros. No
habría remontado
los malos tiempos que se avecinaban.

(Jon Juaristi: "Mediodía" (antología del autor), La Veleta, ed. Comares, 1994, pp. 63-64).

martes, 27 de noviembre de 2012

Salinger versus Charlot.

  "En julio de 1941 Salinger se encontró en medio de una colección de jóvenes ricas y bellas que constituían el tema constante de las columnas de cotilleo en los periódicos (...). Entre ellas se encontraba el inseparable trío compuesto por Carol Marcus - que salía con el autor William Saroyan -, Gloria Vanderbilt (...) y Oona O'Neill, hija del autor teatral Eugene O'Neill. (...)

  O'Neill era exactamente el tipo de chica que desde hacía mucho tiempo Salinger afirmaba despreciar. Quizá, de manera paradójica, fuera por eso por lo que se enamoró tan profundamente de ella. (...)

  Truman Capote narra las reacciones de los amigos de Oona [1942] ante las cartas de Salinger en su novela inacabada Unanswered Prayers. Según el testimonio algo malicioso de Capote, Carol Marcus las consideraba una especie de intentos de cartas de amor, muy tiernos, más tiernos que Dios. Lo cual es un poco demasiado tierno. (...)

  El compromiso de Carol Marcus casi se echó a perder por las cartas de Salinger (...). Marcus estaba comprometida con William Saroyan, un autor a quien Salinger admiraba. Saroyan había sido llamado a filas recientemente y Carol estaba en la incómoda posición de tener que comunicarse por escrito con un autor famoso para mantener su relación con él. Como explicó Marcus, le dije a Oona que tenía miedo de que Bill descubriera lo idiota que era si le escribía y que decidiera no casarse conmigo; por eso, ella marcó los mejores pasajes de las cartas de Jerry [Salinger] y me dejó copiarlos como si fueran míos en mis cartas a Bill. Cuando volvió a reunirse con Saroyan, Marcus se enteró con sorpresa de que él no estaba seguro de querer casarse con ella. Su opinión sobre Carol había cambiado después de leer todas esas locuaces tonterías que ella le había enviado. Marcus se apresuró a admitir el engaño y, después de hacerse perdonar, se casó con Saroyan en febrero de 1943".

     [De hecho se casarían dos veces: otra en 1951. Carol Marcus inspiró el personaje de Holly Golightly, la protagonista de Desayuno con diamantes de Truman Capote].

  "(...) O'Neill mantenía una relación con Chaplin. (...) a pesar de que él era treinta y seis años mayor. (...) Su romance se convirtió en una sensación en los medios (...).

  La ruptura de Oona con Salinger y su unión con Chaplin constituyó la gran tragedia sentimental de la vida de Jerry. (...)

  (...) detestaba a Chaplin.

  (...) Charlie Chaplin se casó con Oona O'Neill el 16 de junio de 1943; ambos permanecieron juntos hasta la muerte de él en 1977 y tuvieron ocho hijos".

     [Salinger escribió una carta burlándose de la pareja en su noche de bodas y envió copias a sus amigos. Eugene O'Neill no volvió a dirigirle la palabra a su hija, y hasta la desheredó].

(Kenneth Slawenski: "J.D. Salinger", Galaxia Gutenberg, 2010, pp. 54-82. Traducción de Jesús de Cos).
 

lunes, 26 de noviembre de 2012

"Con tristeza y esperanza", un poema de José Hierro.

Demasiado amor fue aquél
- olvidamos que somos criaturas mortales,
seres de mar y viento, de nube y piedra y hoja.
Demasiado amor. Nos dimos vida
como quien va a morir un instante después.
Y estamos condenados a vivir,
muriendo poco a poco,
de una manera dolorosa y sin grandeza.
Te busco a veces con desesperación,
pongo mi oído en el papel que tú me escribes.
Una vez más parece que descanso
sobre tu pecho - acaso no comprendas
el niño que hay en mí. Pecho o papel
palpitan cuando los escucho,
hacen sonar la vida que te di,
la vida y muerte que me diste.
Con furia y amor lejano me golpea
este papel - pecho quise decir.
Trata de destruir el tiempo.
Sobre su ruina edifica el amor,
un amor hecho de esperanza,
no de alma y cuerpo unidos, como ayer.
Me dice que no puede morir nada que fue,
nada tan lleno de sentido, me dice.

  Demasiado amor aquél.
Poco para llenar toda una vida,
suficiente cuando pensamos
que este momento es un silencio,
un abismo entre dos orillas
lleno aún del aroma del amor,
de su recuerdo vivo, de la seguridad
- a qué vivir, si no - de que algún día la vida
desplegará otra vez - no sé si fugazmente, pero basta -
ante nosotros sus mágicos colores.

(José Hierro: "Libro de las alucinaciones", ed. Cátedra, 1998, pp. 157-158).

viernes, 23 de noviembre de 2012

"El amor en los tiempos de prosa", un poema de Jesús Orta Ruiz.

Junto a mi cabecera
una mujer marchita,
celosa de la muerte,
está velando día y noche,
atenta a mis orines y mis heces fecales,
sustituyendo con los ojos suyos
los míos obsoletos,
dándome el alimento como a un niño,
bañándome, vistiéndome, besándome,
acariciándome las manos.

En un ambiente así
- no luna, no balcón, no prímola -,
si Romeo y Julieta
no hubieran decidido suicidarse
y hubiesen arribado a la vejez
ella, caído el seno y desdentada,
poniéndole un enema a su galán montesco;
él, enferma la próstata
y consumido el falo,
¿se mantendrían la promesa de amor eterno?
No sé:
pero el amor en las postrimerías
es más prueba de amor que el suicidarse
una joven pareja enamorada,
pues los muertos no ven su pudrición.
Nosotros, sin embargo, pudriéndonos en vida,
palpando nuestras ruinas como los jaramagos,
continuamos amándonos,
cambiamos la pasión por la ternura
y reafirmamos que es posible
la eternidad en el amor.

(Jesús Orta Ruiz: "Eros en tres tiempos", ed. Trabe, 2000, pp. 63-64).

jueves, 22 de noviembre de 2012

Mis tiranos favoritos (3).

     OBIANG NGEMA

     Se producen numerosas presiones internacionales para democratizar África. Obiang, que se ha educado en el franquismo, en la Academia Militar de Zaragoza, no ve nada claro el concepto, ya que además ha llegado a la conclusión de que el monopolismo es el sistema político más adecuado para Guinea Ecuatorial. Muchas dudas sesudas, pero su compadre Mobutu Sese Seko le explica el truco: Resiste. Tú dales la razón... pero ni caso. Eso es una moda de los blancos. Ya se les pasará. Puede que su hermano y amigo Felipe González le diese algún juicioso consejo al respecto también.

      El Viceministro de Asuntos Sociales y Derechos Humanos, Ricky el pistolero para los allegados, no sabe si eso significa que no podrá volver a ocupar militarmente los centros estudiantiles. Algo parecido le sucede al Ministro de Asuntos Exteriores, que en 1992 le pregunta a una delegación de Amnistía Internacional: ¿Qué tiene que ver la democracia con los derechos humanos? Para acallar ciertas críticas malintencionadas, Obiang decide legalizar la oposición, siempre y cuando no pueda gobernar en su lugar, sólo faltaba, y asimismo festejar cada año el Día Internacional de la Libertad de Prensa y el Derecho a la Información. La decisión es potencialmente sediciosa, pero aplaudida por las potencias. No obstante el Ministro de Defensa se ve obligado a imponer tres días antes de una de esas celebraciones tan exóticas allí, por lo que pudiese pasar el filtro, una estricta prohibición de dar noticias de carácter negativo contra las Fuerzas Armadas, de Seguridad del Estado y sus miembros.

     En España las reformas se interpretan con cierta euforia. Pese a que Nguema advierte que se trata sólo de un ensayo democrático, nada serio oigan, pues una reforma súbita podría producir traumas psicológicos y sociales en el pueblo, un canal de televisión le describe como el Suárez guineano. Los elogios, sin embargo, no son recíprocos. La prensa aborigen habla de un sabotaje del gobierno español al proceso, nada más y nada menos que enviando a sus tan socorridos comandos etarras. A veces, hay que decirlo, se daban confusiones de ese calibre en los medios de Obiang. Por ejemplo cuando Eric Moussambani, el célebre nadador chapoteante, casi se ahoga en las olimpiadas de Sidney. El diario Ébano, Órgano de Información Nacional, le presentó como ganador de la prueba, y a su llegada, naturalmente, fue recibido por toda la banda de banderólicos, trompeteros y honoradores. Como héroe de la patria que era.

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Un poema de Fernando Pessoa (Ricardo Reis).

Para ser grande, sé entero: nada
          tuyo exageres o excluyas.
Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres
          en lo mínimo que hagas.
Así la luna entera en cada lago
          brilla, porque alta vive.

(Fernando Pessoa: "Antología poética", ed. Austral, 2012, pp. 146).

martes, 20 de noviembre de 2012

Wittgenstein, el amigo desconocido.

  "(...) pasó en la escuela por un tipo raro, tanto más cuanto que exigía que sus compañeros lo tratasen de usted. (...)

  (...) fabricaba dragones voladores y globos cautivos. (...)

  En una carta (...) Russell escribía estas palabras  [1911]: Creo que mi ingeniero alemán está loco. Opina que no es posible conocer ninguna cosa empírica. Le invité a que admitiese que no había ningún rinoceronte en la habitación, pero se negó. (...)

  El 14 de julio de 1914 envió Wittgenstein a Ludwig von Ficker (...) cien mil coronas para que las repartiese (...) entre artistas austríacos carentes de medios de fortuna. (...) le rogó que no dijese de quién procedía el dinero. (...) Wittgenstein se mostró inmediatamente de acuerdo en que los poetas Rilke y Trakl recibieran veinte mil coronas cada uno (...). (...) el poeta Trakl, el cual, al recibir la noticia del donativo, sufrió un colapso nervioso; por desgracia no tuvo ocasión de hacer uso de las veinte mil coronas que le fueron regaladas. (...)

  En febrero de 1915 el poeta Rilke agradeció a Von Ficker el donativo con un poema dedicado al amigo desconocido".

(Wilhelm Baum: "Ludwig Wittgenstein", Alianza Editorial, 1988, pp. 48-71).

lunes, 19 de noviembre de 2012

Un poema de Hasier Larretxea.

Todo es nuevo.

La luz de la mañana,
y tu caminar. El quiosquero, la panadera,
el sombrero, el perro con el que te cruzas
a las 10:45h en la Plaza Jacinto Benavente.

Todo tiende a cambiar.

La tienda de ultramarinos de toda la vida.
La acera, los cines, la programación musical,
el tiempo de espera, los poli tonos.

Todo se transforma.

Las luces de neón,
los espárragos, que supuestamente
provienen de Navarra,
el flequillo, la tendencia a recordar,
los dioses a quién rezar.

Madonna.

Para volver a la normalidad.

(Revista de poesía Hache, nº6-7, pp. 58-59. Febrero 2011).

jueves, 15 de noviembre de 2012

Mis tiranos favoritos (2).

     SAPAMURAT NIYÁZOV

     Escribió un libro que, leyéndolo tres veces, ibas directo al cielo, sin purgatorio ni colas. Su aprendizaje era obligatorio en los colegios y universidades y también para sacarse el carnet de conducir. Cada año se examinaba a los funcionarios sobre su contenido, y el juramento hipocrático fue sustituido por un juramento de fidelidad al libro. Con semejante popularidad no resulta extraño que le concediesen el Premio Nacional de Literatura, o que un cohete pusiese un ejemplar de la obrita en órbita en 2005, por si algún marciano quería echarle un vistazo y, quizá, largarse a colonizar un planeta distinto. Mejor iluminado.

     Planeó construir un Palacio de Hielo en el desierto de Karakum, donde las temperaturas alcanzan los cincuenta grados. Como había acabado con la Academia Nacional de Ciencia es de suponer que nadie le informó de las dificultades de mantenimiento; de que al final habría sido un gran chasco, o un gran charco; de que en fin, que no. Sorprendentemente tenía una licenciatura en Física. Se nota que le apasionaba ese campo... y quizá por eso obligaba a sus ministros a correr travesías de 36 kilómetros. También la escultura:  por todo el país había centenares de estatuas dedicadas a su persona, incluido un colosal engendro de oro giratorio cuyo rostro siempre miraba al sol (siempre que fuese de día, claro). Su modestia era majestuosa y si se tomaba molestias semejantes era porque la gente quería. No solo le leían; además le liaban.

     Prohibió los play-backs, pero se olvidó de concretar con respecto a los karaokes. Craso error. Tampoco se podían utilizar dientes de oro por ir contra su cultura, salvo que estuviesen en alguna de sus esculturas (él se entendía). Abolió el ballet, el circo, los bigotes y barbas... incluso declaró fuera de la ley las enfermedades infecciosas. Para compensar decretó en todo el país otro ciclo vital, con tramos de edad más civilizados, y un nuevo calendario en el que los meses se llamarían como él y algunos miembros de su familia. Con la oposición en cambio se mantuvo tibio: no existía, y, al no existir, ¿cómo iba a concederle libertad? Bueno, así analizado hay que reconocer que tenía razón. Argumentos no le faltaban. De hecho cuando mandó expulsar a los perros de la capital lo hizo porque olían mal, no por un simple capricho. Porque los muy ordinarios - me figuro - le empapaban los monumentos de orín.




   

miércoles, 14 de noviembre de 2012

"D'Annunzio", un poema de Ernest Hemingway.

Medio millón de italianos muertos
y encuentra placer en esto
el hijo de puta.

(Ernest Hemingway: "88 poemas", ed. Planeta, 1982, pp. 56).

lunes, 12 de noviembre de 2012

La visión de Lorca.

  "Por eso en medio de la tremenda, fantástica pobreza del campesino español que aun yo, yo he visto vivir en cavernas y alimentarse de hierbas y reptiles, pasaba este torbellino mágico de poesía llevando entre los sueños de los viejos poetas los granos de pólvora e insatisfacción de la cultura. (...)

  Me acuerdo ahora de uno de sus recuerdos. Hace algunos meses salió de nuevo por los pueblos. Se iba a representar Peribáñez, de Lope de Vega, y Federico salió a recorrer los rincones de Extremadura para encontrar en ellos los trajes, los auténticos trajes del siglo XVII que las viejas familias campesinas guardan todavía en sus arcas. Volvió con un cargamento prodigioso de telas azules y doradas, zapatos y collares, ropaje que por primera vez veía la luz desde siglos. Su simpatía irresistible lo obtenía todo.

  Una noche en una aldea de Extremadura, sin poder dormirse, se levantó al aparecer el alba. Estaba todavía lleno de niebla el duro paisaje extremeño. Federico se sentó a mirar crecer el sol junto a algunas estatuas derribadas. Eran figuras de mármol del siglo XVIII y el lugar era la entrada de un señorío feudal, enteramente abandonado, como tantas posesiones de los grandes señores españoles. Miraba Federico los torsos destrozados, encendidos en blancura por el sol naciente, cuando un corderito extraviado de su rebaño comenzó a pastar junto a él. De pronto cruzaron el camino cinco o siete cerdos negros que se tiraron sobre el cordero y en unos minutos, ante su espanto y su sorpresa, lo despedazaron y devoraron. Federico, presa de miedo indecible, inmovilizado de horror, miraba los cerdos negros matar y devorar al cordero entre las estatuas caídas, en aquel amanecer solitario.

  Cuando me lo contó al regresar a Madrid su voz temblaba todavía porque la tragedia de la muerte obsesionaba hasta el delirio su sensibilidad de niño. Ahora su muerte, su terrible muerte que nada nos hará olvidar, me trae el recuerdo de aquel amanecer sangriento. Tal vez a aquel gran poeta, dulce y profético, la vida le ofreció por adelantado, y en símbolo terrible, la visión de su propia muerte".

                  Escrito en 1937.

(Pablo Neruda: "Para nacer he nacido", ed. Bruguera, 1980, pp. 74-75).

domingo, 11 de noviembre de 2012

"Los bajíos", un poema de Vicente Muñoz Álvarez.

Había algo ominoso y extraño
en los bajíos de aquel faro.

La playa estaba cubierta de algas rojas
y cientos de cangrejos elevaban sus pinzas
como un desafío al cielo azul.

Unos metros más abajo
se distinguía nítidamente
la inquietud verde del mar,
su monótono gemir
y el reflujo incesante de las olas.

La marea estaba descendiendo,
replegándose al estómago insaciable de la luna,
mientras yo avanzaba
por la desesperación de aquel paisaje
sorteando los cabellos de las algas
y respirando su intenso olor a muerte.

Y era como si por algún designio oscuro
mi corazón hubiese dejado de latir
y en su desolación ya no existiera el tiempo.

Aunque la silueta de aquel faro
se distinguía todavía allá en lo alto
y las pulgas de mar y los cangrejos
seguían saltando y moviéndose
como diablillos asustados a mi alrededor.

(Vicente Muñoz Álvarez: "Canciones de la gran deriva", ed. Origami, 2012, pp. 48-49).

jueves, 8 de noviembre de 2012

Mis tiranos favoritos (1).

     HAILE SELASSIE (Ras Tafari)

     Cojeaba y tenía grandes orejas. Ojeras también, porque odiaba dormir. Se levantaba irritado, arrepentido por las horas de sueño, y ese era el momento propicio para oír de las conspiraciones, de las tramas nocturnas contra él que le contaban sus leales. Que le susurraban más bien en su enorme pabellón.

     En la Sala de Audiencias el lacayo más importante era el de la Tercera Puerta: por allí salía el Bondadoso Señor, y había que abrirla. También tenía su relevancia el Porta-cojín, con su almacén de cincuenta y dos almohadones, cuyo cometido primordial consistía en evitar que se notase que el trono no era de la talla de Su Alteza (o que el emperador anterior tenía mayor estatura). Otro limpiaba con un elegante paño de raso los chorros de orín de Lulú, la perrita japonesa que a veces se meaba en los zapatos de los dignatarios sin que éstos se moviesen ni un palmo. De escribir y todas esas formalidades se ocupaba el Ministro de la Pluma, ya que el Venerable ni siquiera se molestaba en firmar; era demasiado esfuerzo. Por suerte cada hora, el Cuco, como le llamaban con sorna los cortesanos, se deshacía en reverencias para indicar a Su Extraordinaria Majestad que había transcurrido una más. O que quedaba una menos, según se mire, antes de tener que volver a perder Su precioso tiempo en el lecho de nogal blanco y telas vaporosas, allí en el Palacio Viejo. Se decía que era tan delicado que ni siquiera se notaba el bulto bajo las sábanas. Todo era pura ilusión.

     En sus salidas al exterior, los barrios miserables, donde en épocas de hambruna los muertos por inanición podían contarse en cientos de miles, se escondían tras muros de cemento pintados de vivos y lenitivos colores; todo con tal de no estropear aquel delicioso cuento de hadas. Príncipes y aristócratas de todo el país asistieron al entierro, un fastuoso funeral de Estado, para darle su último adiós... a Lulú.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

"Las noticias de las 08.00", un poema de Sofía Castañón.

El mundo es muy exigente.

No hay que perder de vista
a los chinos a los indios a los árabes,
porque son más productivos.
Trabajan y trabajan y no quieren
esos lujos nuestros. Vacaciones.
Tiempo.

El mundo es ahora muy exigente
y Europa se rompió el otro día.

Mantenemos
entonces
los ojos
abiertos a la noche.

Muy callados
escuchamos cómo producen
desde otra parte del mundo
la mejor parte del mundo.

(Sofía Castañón: "La noche así", ed. Ya lo dijo Casimiro Parker, 2012, pp. 51).

Burroughs y señora.

  "En su dormitorio de la facultad tenía una comadreja atada a una cadena. Cuando era muy joven se cortó una falange para impresionar al hombre del que se había enamorado. Lo separaron del ejército tras ser declarado esquizofrénico con tendencias paranoicas en el psiquiátrico en el que lo internaron tras la automutilación - aunque le dieron el alta al poco tiempo, dado que su comportamiento era perfectamente normal -. (...) creía a pies juntillas en los extraterrestres; construyó un acumulador de orgones y se sentaba en su interior para recargar energía vital; se sintió atraído por la cienciología; en alguna ocasión, completamente borracho, amenazó a alguien con un revólver. (...)

  Sus hijos - una niña de Joan [su esposa] y un niño de ambos - vivían en un clima de completa permisividad (...) hacían sus necesidades en cualquier sitio y se levantaban cuando querían. Si los abandonaban en ocasiones era por circunstancias fuera de su control: por ejemplo, cuando coincidió que William estaba en la cárcel y Joan fue internada en el psiquiátrico después de excederse con la Benzedrina. (...)

  En una ocasión William y Joan fueron detenidos por embriaguez y escándalo público: estaban copulando borrachos en la cuneta mientras sus hijos aguardaban en el coche. (...)

  El 6 de septiembre de 1951 William Burroughs mató a su mujer de un disparo en la cabeza. Él tenía treinta y siete años; ella veintiocho.

  Se encontraban en el apartamento de un amigo y Burroughs había llevado unas armas que pretendía vender. Tanto él como los dos testigos afirmaron que Burroughs había disparado contra una copa que Joan balanceaba sobre la cabeza, después de decir: "Va siendo hora para nuestro número de Guillermo Tell". (...)

  "¡Matar a una zorra y escribir un libro, eso es lo que hice!", exclamó, según un testigo, William Burroughs (...), de repente y sin venir a cuento, pocas semanas antes de su muerte".

  (José Ovejero: "Escritores delincuentes", ed. Alfaguara, 2011, pp. 102-107).

martes, 6 de noviembre de 2012

"Chupa chups", un poema de Lucas Rodríguez Luis.

Vuestro sistema no funciona,
practicáis extracciones al pueblo llano
la clase trabajadora que financia vuestro status,
hacéis transfusiones invisibles
números que no son reales, cuentas, balances
engordáis a los más gordos,
vuestros colmillos son insaciables
entre las sombras perpetráis vuestros siniestros tejemanejes
da miedo este sistema vampírico
políticos, banqueros y demás
ya me habéis chupado bastante la sangre,
ahora lo que podríais hacer
es chuparme la polla.

("Strigoi. 25 poemas vampíricos. Un homenaje a Bram Stoker", ed. del 4 de agosto, 2012, pp. 48).

martes, 30 de octubre de 2012

"El pensador", un poema de William Carlos Williams.

Las nuevas pantuflas rosas de mi mujer
tienen unos alegres pompones.
Ni una sola mancha, ni una mota
en su puntera de raso o en los laterales.
Por la noche descansan juntas
bajo su lado de la cama.
Por la mañana, entre tiritones,
las entreveo y me sonrío.
Más tarde las miro
bajar por la escalera,
pasar apresuradas por las puertas
y trajinar en torno a la mesa,
moviéndose con decisión
¡y con un bamboleo
de sus alegres pompones!
Y colmado de felicidad hablo con ellas
en mis adentros.

.....

The Thinker

My wife's new pink slippers
have gay pompons.
There is not a spot or a stain
on their satin toes or their sides.
All night they lie together
under her bed's edge.
Shivering I catch sight of them
and smile, in the morning.
Later I watch them
descending the stair,
hurrying through the doors
and round the table,
moving stiffly
with a shake of their gay pompons!
And I talk to them
in my secret mind
out of pure happiness.

(William Carlos Williams: "Antología bilingüe", Alianza Editorial, 2009, pp. 86-89. Traducción de Juan Miguel López Merino).

lunes, 29 de octubre de 2012

El terremoto de Violeta.

  " Aquel parecía un día normal (...) en la mitad del otoño de Chile; el día, 22, y el año, 1960.

  La visitante recorrió lenta e impaciente, de arriba a abajo, el pequeño hall de recepción, como buscando alguna cosa no muy especial ni muy importante. (...) Finalmente, se aproximó a la ventanilla.

- Buenos días. Quiero poner un telegrama - dijo (...).

- Señora, no es posible.
- ¿Cómo que no es posible? ¿No es éste el Telégrafo del Estado?
- Sí lo es - repuso la joven -, pero si curso su mensaje puede costarme el puesto.

  La mujer tamborileó sobre el mesón reflexionando.

- Déjeme hablar con el jefe de la sección - dijo. (...)

- Veamos - dijo el hombre (...).

  Efectivamente, la muchacha no había mentido. Leyó enarcando las cejas:

'OYE DIOS: ¿POR QUÉ NO ME MANDAS UN TERREMOTO?
                                                       Fdo. : Violeta Parra'. (...)

- Conforme, no hay ningún problema - dijo -. Pero necesito su dirección. Ponga el remitente y yo me encargo de hacerlo llegar. (...)

- ¿Cuánto es?
- Ah, no se preocupe. Esto lo paga el destinatario. (...)

  Ciento quince minutos después, una vasta porción geográfica de aproximadamente 400.000 kilómetros cuadrados entró en acción. El primero y único aviso previo fue un remezón corto y violento. (...) Más de 10.000 muertos y once provincias destruidas fue el saldo del seísmo.

  (...) sólo años más tarde, conocí esta historia. Cuando algunos miembros de la delegación lograron salir a la calle, vieron desplomarse el hotel vecino, en que se alojaba la folklorista. No cayó por partes, no se derrumbó contra la calle: se arrugó sobre sí mismo hasta que sus cuatro pisos destartalados quedaron convertidos en un chato y humeante montón de tablas y clavos retorcidos impecablemente acumulados sobre la base, entre nubes de polvo y gritos. De entre aquellas vaharadas siniestras emergió Violeta, arrastrándose, las ropas desgarradas, el cuerpo cubierto de cenizas y lodo, con una guitarra desenfundada en la mano. No había sufrido la menor herida".

  (Patricio Manns: "Violeta Parra", ed. Júcar, 1984, pp. 13-16)

domingo, 28 de octubre de 2012

"Uno entre muchos epílogos", un poema de Pier Paolo Pasolini.

Ay, Ninarieddo, recuerdas aquel sueño...
del que tantas veces hemos hablado...
Yo estaba en el coche y me iba solo con el asiento
vacío al lado mío, y tú corrías;
a la altura de la ventanilla aún semiabierta,
corriendo ansioso y obstinado, me gritabas
con un poco de llanto infantil en la voz:
"Paolo, ¿me llevas contigo? ¿Me pagas el viaje?"
Era el viaje de la vida; y sólo en sueños
osaste descubrirte y pedirme algo.
Tú sabes muy bien que aquel sueño es parte de la realidad;
y no un Ninetto soñado el que dijo esas palabras.
Tan verdad es que, cuando hablamos de ello, te ruborizas.
Ayer, en Arezzo, en el silencio de la noche,
mientras el centinela echaba la cadena a la cancela
detrás de ti y tú ibas a desaparecer,
con tu sonrisa fulmínea y burlona, me dijiste... "¡Gracias!"
"¿Gracias, Niné?" es la primera vez que me lo dices.
Y, efectivamente, te das cuenta de ello y te corriges, aguantando el tipo
(en eso eres un maestro), bromeando:
"Gracias por el viaje". El viaje que tú querías
que yo te pagase era, lo repito, el viaje de la vida:
y en ese sueño de hace tres, cuatro años decidí
lo que a mi equívoco amor por la libertad era contrario.
Si ahora me agradeces el viaje... Dios mío,
cuando estás en el calabozo, tomo con miedo
el avión hacia un lugar lejano. De nuestra vida soy insaciable,
porque una cosa única en el mundo no puede nunca agotarse.

                                                    2 de septiembre de 1969

(Pier Paolo Pasolini: "Transhumanar y organizar", ed. Visor, 2002, pp. 90-91. Traducción de Ángel Sánchez-Gijón).

sábado, 27 de octubre de 2012

Céline al empezar el Viaje.

  "No se puede apreciar el arte del Viaje al fin de la noche en su justa medida sin saber que en la época en que, según sus propias declaraciones, llevaba ya un año trabajando en la novela, Céline entregaba comunicación tras comunicación a la Sociedad de Medicina de París (...). El primero de estos textos se reeditó y difundió de forma más amplia, durante la ocupación alemana, en 1941.

  En esta primera comunicación Céline alaba los métodos del industrial estadounidense Henry Ford (...), método que consistía en contratar preferentemente a 'obreros tarados física y mentalmente', a los que Céline también llama los 'desheredados de la existencia'. Este tipo de obreros, señala Céline, 'desprovistos de sentido crítico e incluso de una vanidad elemental' constituyen 'una mano de obra estable y que se resigna mejor que cualquier otra'. Céline deplora que todavía no exista nada semejante en Europa , 'bajo pretextos más o menos tradicionales, literarios, siempre fútiles y, en la práctica, desastrosos'. (26 de mayo de 1928).

  En el segundo texto, Céline propone crear un cuerpo de médicos-policías de empresa, una 'vasta policía médica y sanitaria' encargada de convencer a los obreros 'de que la mayoría de los enfermos puede trabajar' (...). Se trata de una 'labor paciente de corrección y rectificación intelectual', perfectamente factible, sin embargo, puesto que 'el público no pide comprender, sino creer'. (Artículo publicado en La Presse médicale el 24 de noviembre de 1928, precedido de una entradilla en la que la redacción se desvinculaba de semejante llamamiento 'a favor de la militarización de la medicina y la clase obrera')".


  (Michael Bounan: "El arte de Céline y su tiempo", ed. Pepitas de calabaza, mayo 2012, pp. 35-37. Traducción de Diego Luis Sanromán).

viernes, 26 de octubre de 2012

"Menú", un poema de Michel Gaztambide.

Medallón caliente sobre ensalada
Crema de lujuria con sus profiteroles
Lenguado con erizos de tu vientre
Liebre envuelta en mantas azules
Hojaldre con crema de castañas
Caracoles sin trabajo en salsa de Domingo
Foie frío con su gelatina dura
Lubina al horno sin precauciones
Pichón asado con pistolas
Harina caliente
Solomillo amarillo
Pastel de frutas rojas y crema de limón
Canutillos fritos al calor de la mano
Quesos variados de nuestra casa

  (Michel Gaztambide: "Ternura blindada", ed. Línea de fuego, 1999, pp. 23)

jueves, 25 de octubre de 2012

"La última rebanada de pan bimbo", un poema de Pablo X. Suárez.

Quizás no tengas nada
que envidiar a Rita Hayworth esta mañana, amor
con tu brazo enfundado hasta el codo en la bolsa
mientras tratas de coger la última rebanada
de pan bimbo.
El mundo que nos tocó vivir
a veces nos sorprende con ese tipo de metáforas
no tan sorprendentes como el hecho de que pretendas
comerte realmente la última rebanada
de pan bimbo.
Pero quizás estemos así de desesperados los dos
en este desayuno trágico.
Quizás ya las legañas
nos impidan de por vida contemplar aquel
paisaje, el de afuera, la calle trepidando
y estemos abocados a comer a ciegas
nuevamente, cada día temprano
la última rebanada de pan bimbo.

(Pablo X. Suárez: "Pop Retórika", ed. Glayíu, 2010, pp. 54)

miércoles, 24 de octubre de 2012

Nietzsche y la Biblia nazi.

  "(...) a partir de ese paseo al Montesacro, donde él dirá: - El sueño más maravilloso de mi vida lo debo a usted -, Nietzsche, iluminado, perderá todo contacto con la realidad. (...)

  La entrevista de Lucerna - donde Rée [Paul Rée] se reunirá con ellos - finaliza en el estudio de un fotógrafo. La idea es de Nietzsche. El resultado será un negativo que se ha hecho famoso. En la fotografía se ve a Nietzsche y Rée tirando de una carreta, mientras que Lou [Lou Andreas-Salomé], sentada detrás, agita una fusta. (...)

  Lou promete a Nietzsche pasar unas cuantas semanas de vacaciones con él. La invita a reunirse con él en Tautenburg, un pequeño pueblo donde ha alquilado una casa con su hermana Elisabeth. Esta hermana, hay que decirlo, ¡es una auténtica arpía! Pasó a la historia falsificando, sin ninguna vergüenza, los textos de su hermano, que murió loco en 1900, para adecuarlos a la doctrina hitleriana. Así, la voluntad de poder, la esencia más íntima del ser según Nietzsche, será glorificada bajo la denominación de nacionalsocialismo. (...)

  En 1882, Elisabeth no era más que una mema enamorada de su hermano que mantenía relaciones con un antisemita militante con el que contraería matrimonio. (...)

  Elisabeth lo intoxica con mentiras abominables sobre la mujer que continúa amando (...).

  Nietzsche es frágil, está enfermo de amor. Primero, se subleva; después, se lo traga todo. Entonces, escribe cosas horribles sobre Lou, (...) esa mona de pechos falsos, sucia, seca y hedionda... (...).

  De manera que, en Tautenburg, Nietzsche sufre solo, sin resignarse. Después, comprende que Lou se le ha escapado definitivamente (...).

  En ese momento, sufre un nuevo golpe: Wagner muere. Las dos heridas van a avivarse mutuamente. Nietzsche no es más que un bloque de dolor cuando coge la pluma y, en diez días, se arranca la primera parte de Así habló Zaratustra (...).

  Nos encontramos, entonces, a principios de 1883. En junio, redacta la segunda parte con idéntica celeridad. (...)

  ¿Qué habría sucedido si Lou hubiera compartido la vida y el amor de Nietzsche? Tenemos derecho a pensar que no habría escrito ese libro, cuya doctrina, la del superhombre, se convirtió, falseada por Elisabeth, en la Biblia del pensamiento alemán en la Alemania nazi".

   (Francoise Giroud: "Lou. Historia de una mujer libre", ed. Paidós, pp. 34-42)

lunes, 22 de octubre de 2012

Un poema de Gsús Bonilla.

15.

una máquina de agua
dos de snacks
otra de refrescos
y una más de cafés, tilas y
manzanillas;
todas - menos la última, y
no sé por qué - te daban las putas gracias.

no había pérdida,
esa era la sala de urgencias
aquel día
en aquel hospital... ah, y había
- también - un guardia
- de seguridad - para más señas, que nos dijo,
a mí (el burro, siempre delante)
y
a mi viejo: hola...

y adiós

  (Gsús Bonilla: "Mi padre, el rey", ed. La baragaña, 2012, pp. 41).

Baroja y Falange.

  "Un día fueron a verle unos cuantos falangistas, al mando de Ponce de León, todos de uniforme, y Baroja les decía:

- Yo, antes, bajaba un poco ahí al Retiro a darme un paseo pero ahora, con esos cabrones de falangistas, es que no me atrevo".

  (Francisco Umbral, "Cela: un cadáver exquisito", ed. Planeta, 2002, pp. 23).

jueves, 18 de octubre de 2012

"Sillas de oficina", un poema de Pepe Ramos.

Condenadas a galeras en filas de a dos,
con manchas de tinta sudada
a la luz de fluorescentes
nacisteis sillas de oficina
y no palcos de ópera.
                                  Nacisteis
con el tren de aterrizaje sacado de serie
como esperando el impacto,
con ruedas que os alejan de todo lo inmueble,
para que no olvidéis nunca vuestra temporalidad,
vuestro nomadismo por el escalón más bajo
de la pirámide trófica de material de oficina
soportando solas el peso de bancos,
escaños, reclinatorios y tronos.

Ninguna estatua ecuestre a lomos de vuestra grupa
ninguna en parihuelas, ninguna bajo palio:
ninguna de vosotras pisó jamás
la moqueta prometida del hemiciclo.

Ahora que el futuro viene de nalgas
llegó el momento de no dar nada por sentado,
de dejar de ser carretillas mineras,
asientos de porcelana con cisterna,
banquillos de juzgado y mecedoras de sueños
despeñadas por las pendientes del IBEX 35.

Recordad que en la otra vida os espera cero:
como recompensa, cero creador,
cero tapicero.

Defended ahora vuestro derecho a un culo digno,
defended ahora vuestro derecho a un culo sano,
vuestro derecho a un culo bien formado.

Defended vuestro derecho
a sentar cátedras y jurisprudencias,
a sentar las bases de un porvenir
en el que ningún glúteo se siente en el vacío
cuando la música deje de sonar.

Cualquiera puede sentarse en un hormiguero
pero solo el necio no se levanta;
levantaos pues y levantad también
la voz, la liebre, el ánimo
y vuestras quintúpedas manos al cielo
hasta hacer girar el mundo.

  (Pepe Ramos: "La ansiedad del escapista", ed. Huacanamo, 2012, pp. 40-41)

miércoles, 17 de octubre de 2012

Entrevista a Cristina Peri-Rossi (1981).

(Realizada por Ana Basualdo y publicada en la revista "El Viejo Topo", nº de mayo de 1981, pp. 47-49).


- Indicios Pánicos fue publicado por primera vez en Montevideo, en 1970. ¿Ese libro constituye exclusivamente el registro de una serie de indicios del pánico uruguayo en la época o propone, más bien, un género narrativo de proyección más amplia?

- No es un género narrativo propiamente dicho pero propone, sí, una visión del mundo a partir de algunos signos que se encuentran en distintas realidades. En aquella época los "indicios" eran sobre todo colectivos. Ahora, veo el pánico reflejado en una dimensión individual, vinculado a la sociedad y a veces también a las formas institucionales pero sin un reflejo colectivo. En los años anteriores al golpe, en Uruguay, todo se había exacerbado. Existe una relación entre la psicosis individual y colectiva: por lo tanto, al derrumbamiento de un sistema de vida - individual y colectivo - corresponden formas apocalípticas generales. Si la inseguridad de un solo hombre es sin duda terrible, la de un pueblo entero provoca todo tipo de signos. Había entonces un fenómeno de locura colectiva. Nadie podía apoyar su inseguridad personal en ningún marco salvador. Todos vivíamos en la misma inseguridad. Esto fue especialmente difícil para un pueblo que había conocido, en su corta historia, seguridad institucional, material y psicológica. Pasamos del Uruguay de "aquí no pasa nada", de la atmósfera sedentaria y pueblerina, al Uruguay de "todo es posible".

- ¿Es posible definir, o describir, una situación típica de pánico, de una o de otra especie?

- Pueden serlo muchas, pero sucede que algunas me resultan literariamente estimulantes y otras, en cambio, son demasiado perfectas. Cuando una situación está ordenada y sus elementos tienden visiblemente a una interpretación, siento que estoy de más. Una reunión de exiliados, por ejemplo, podría constituir una situación típica perfecta, en la que sólo hay que forzar la vista y entender. No hace falta escribirla. Todo está allí, ordenado con claridad. El contexto circunstancial (banderas, arengas, carteles, formas de vestirse, el "¡compañeros!", etcétera) es conocido, significativo. Está lleno de personajes que desarrollan su papel. El ex-dirigente, que todavía tiene los tics profesionales. Los jóvenes revolucionarios, con sus tics lingüísticos correspondientes. Los "intelectuales y artistas representativos": cada uno es un personaje particular pero todos tienen en común el hecho de estar en rol. Son algo así como la "conciencia activa" del exilio. Las mujeres, que normalmente se encargan de la organización. Un comité o un partido es como una casa y las mujeres asumen en esa casa las tareas prácticas: sólo hablan de política en la parte informal, cuando la reunión aún no se ha estructurado. Es así. La mujer de izquierdas creyó, en nuestros países, que había accedido a la igualdad simplemente porque había accedido al fusil. Falso: en todos los movimientos armados, en todas las guerras, se termina (o se empieza) por llamar a los marginados. Cualquiera es útil. Pero, a la hora de la palabra o de la decisión, la historia sigue siendo la misma.

- ¿Y cuál es tu papel en esas reuniones?

- Soy consciente de que tengo que actuar como compatriota, porque creo que todo eso cumple una función, según determinada perspectiva. Pero trato de que el rol no se me instale demasiado. Es posible hacerlo de varias maneras: evito el llamado a la irracionalidad o recurro al humor. Está tan lleno de símbolos, todo eso, que es necesario ventilar un poco el ambiente. En la reunión de fin de año, a las doce de la noche, nunca falta el himno y la imagen de todo el mundo al ponerse en pie.

- ¿Tiene razón Buñuel: "La patria es la madre de todos los vicios"?

- No de todos, pero creo, sí, que el patriotismo es un sentimiento exagerado. La reunión con el himno y toda esa escenografía me parece algo patético. La emotividad me parece superficial y retórica: ya se sabe que estamos allí porque somos uruguayos. ¿Para qué acentuarlo de ese modo? Todo eso me parece una limitación de la realidad. Como la foto de Gardel junto a la radio en los cuartos de pensión de Montevideo. Cuando en esas reuniones oigo el himno, no puedo olvidar que los militares también lo cantan y que están convencidos de que los representa. Hay algo retórico en insistir en lo que todos sabemos. La vida nos encasilla en roles, no hay remedio, pero hay que tener una actitud cautelosa: no creérselo demasiado. Hay que intentar una relación dialéctica, y no esclavizada con ese rol. Encorsetados en el papel, nos ponemos de pie: estamos emocionados pero cómodos. Eliminamos las contradicciones, lloramos y, alienados, dejamos de pensar. No estoy ensañándome especialmente con los exiliados. Esto sucede en cualquier grupo social. Muchos de los que van a reuniones de poetas, se creen allí más poetas que cuando escriben. No guardan distancia con respecto al papel.

- ¿Sucede lo mismo en las reuniones feministas?

- Sí, claro. Es algo común a cualquier proselitismo. Sería mejor establecer una distancia que es lo que preserva la relatividad de cualquier tipo de causa. El feminismo es un descubrimiento reciente: eso explica en parte algunas sobreactuaciones de recién llegado o de converso. Cuando yo era muy joven, tampoco me gustaba escribir acerca de estas situaciones pero sí provocar a quienes las protagonizaban. Pero a veces es muy difícil y trabajoso: ¿cómo hacerlo con alguien que lleva treinta años creyéndose solemnemente poeta o veinte tomándose exclusivamente como militante?

- ¿Por qué ninguna de esas situaciones te induce a escribir y cuáles, en cambio, sí?

- Todo eso me parece demasiado perfecto y estereotipado. Una realidad cargada de datos no me estimula literariamente. No me permite intervenir. Constituyen pánicos tan perfectos que no me dan ocasión de descubrirlos. Siento que alguien - Dios, el azar - ya los escribió, y yo no puedo competir. Disfruto al encontrar, en una situación determinada, elementos que yo pueda ordenar. Situaciones contradictorias y ambivalentes, que permiten un trabajo de selección. Una de las situaciones que más me sucede literariamente es la inversión de roles. Cuando un viajero sube al avión, ¿qué sucede entre él y la azafata? El viajero está en el aire, suspendido, y establece con la azafata una relación de dependencia (aunque en la realidad lo sea al revés: la azafata lo es básicamente porque existen viajeros). Atado a un cinturón, sus movimientos están limitados. Están suspendidas sus relaciones con el tiempo y con el espacio. La azafata es el único vínculo con su libertad. Como en el útero materno, sólo ella proporciona alimento. Sólo ella informa de lo que sucede y, a veces, para "tranquilizar", miente. Estoy segura de que no a todos los viajeros les pasa lo mismo que a mí, pero algunos sentimos que esa situación remite a uno de los vínculos esenciales entre los seres humanos: madre-hijo, amo-esclavo, etcétera. Otros sienten otra cosa, tienen otra reacción. Hay quien prolonga allí su certeza de poder (la azafata está, entonces, a su servicio): pide comidas distintas, ordena esto y aquello. Yo dependo totalmente y mastico lo que me dan, aun sin ganas.
  También en el ascensor están suprimidas las relaciones con el espacio. Es un ámbito reducido, uno viaja en compañía de alguien tan embarazado como uno. Los actos más habituales - mirarse los zapatos, mirarse al espejo, ponerse la mano en el bolsillo - pueden querer decir otra cosa. Hasta la frase convencional de saludo tiene, en el ascensor, otra resonancia. Situaciones como éstas, que menciono esquemáticamente, me inducen a encontrarles una clave.
  Cualquier acto habitual, repetido hasta el estereotipo, puede ser analizado como "indicio de pánico". También las frases habituales del lenguaje. Cuando llegué a España, me asombró la ausencia del tiempo verbal pretérito indefinido: nunca "estuve"; siempre "he estado". Pensé que debía corresponder a una estructura psíquica determinada: al pánico por concluir un acto, por ejemplo. Si digo "he subido y no te he encontrado" es menos comprometido que decir "subí y no te encontré". Hay una posibilidad para el azar o para alguna clase de vacilación. Me parece, en efecto, más terrible que "subí y no te encontré". Siento que, dicho así, el sujeto sigue subiendo y sigue no encontrándome, a pesar de que ya me encontró y está hablando conmigo. Una estructura lingüística corresponde a una estructura psíquica. O dicho de otro modo: una manera de hablar es una manera de ser.

- ¿El escritor actual está obligado (como sostiene Juan Goytisolo, entre pocos) a conocer científicamente el lenguaje? ¿O ese conocimiento le resulta (como sostiene, entre muchos otros, García Márquez) nocivo?

- El escritor de cualquier época sabe lingüísticamente de un modo intuitivo, y no creo que le perjudique racionalizar esas intuiciones. De todos modos, no se escribe con la lingüística. Lo inhabilitaría, en cambio, quizá, descubrir los mecanismos de la memoria. Una cosa es que sea consciente de los instrumentos; otra que lo sea de sus fuentes. Cuanto más conscientes se hagan los instrumentos, mejor podrán ser empleados. A mí, en cambio, me asombra que un escritor sea capaz de escribir sus memorias. En el caso de que su memoria haya hecho, justamente, literatura. Cuando Canetti (en el excelente libro que estoy leyendo estos días: La lengua absuelta) cuenta episodios presuntamente biográficos, me asombra muchísimo. Yo no podría escribir mis memorias: están absolutamente mezcladas con mi imaginación.

- ¿En qué pliegue - generacional, de estilo, de afinidades, de influencias - crees que se cumple tu vínculo más estricto con la literatura uruguaya?

- Yo no sé si existe la literatura uruguaya. Sé que algunos escritores, en el mundo, son uruguayos. Hay muchos libros sobre estas cosas. A cualquier tema analizado detenidamente se le pueden encontrar procesos, etapas, generaciones. Pero, ¿a qué generación pertenece la hoja de un árbol? Quizá su conocimiento sea muy importante para la hoja, pero bastante menos para el árbol y absolutamente nada para la gente que pasa debajo.

- ¿Felisberto Hernández podría no ser uruguayo?

- Yo no sé qué es ser uruguayo. Lo original de Felisberto Hernández es su punto de vista, su sensibilidad, pero él nunca escribió sobre el 18 de julio y Andes (esquina montevideana por excelencia). El vínculo que uno mantiene con una sociedad determinada no puede ser tan alienado como para convertirse en absoluto. Depende del azar que yo haya nacido en Uruguay. Esto no tiene por qué ser una limitación ni es, tampoco, en sí, un absoluto.

- Si es cierto que no sabes qué es ser uruguayo ni qué es la literatura uruguaya, no te habrá resultado difícil, por lo tanto, acostumbrarte a escribir fuera de Uruguay.

- Mi identidad está en escribir. Escribo contra la realidad. Empecé a hacerlo porque la realidad que veía a mi alrededor - en mi casa, primero; luego, en mi país - no me gustaba. Y sigo escribiendo, me parece, por la misma razón (y por eso siempre tengo a la vez deseo y miedo de ser feliz). En este sentido, poco importa cuál sea la realidad geográfica. Lo incómodo es, por supuesto, el reajuste. Pero hay algunas preguntas que, por higiene, no me planteo. El acto de escribir está separado de cualquier interrogante que no tenga que ver, estrictamente, con lo que uno escribe.

- ¿Pero cómo actúan esas incomodidades de "reajuste" que provoca el exilio?

- No son problemas estrictamente literarios. Tienen que ver con lo que uno necesita para escribir. En este sentido, me parece obvio que estaría peor presa o aislada en un país donde hay censura para todo, que exiliada. Un escritor uruguayo no necesita la presencia física de dos millones novecientos mil uruguayos para escribir. No hay una relación tan directa entre el lugar donde se vive y lo que se escribe. En el fondo, no creo que los problemas de un país sean muy distintos a los de otro. Y si uno pretendiera escribir sobre el fascismo, no necesita vivir en él: no hay, para esto, mejor ejemplo que Kafka.

- Hablemos de El deseo del bosque (Prometeo), libro de poemas. ¿De qué modo, en qué punto se verifica - si es que sucede - la diferencia entre lo narrativo y lo poético?

- Hay poetas que escriben en verso y en prosa. Alguno sólo en prosa y otros sólo en verso. Aparte de esto, hay novelistas. Por mi parte, cuando siento un estímulo, sé si es narrativo o poético. El estímulo es de índole narrativa cuando establece un vínculo entre el mundo y yo, cuando tiene que ver con mi situación (o la de los personajes) en el mundo. En cambio, el estímulo para escribir poesía surge de un estado de ánimo, o de un estado de gracia. Los poetas escriben menos que los narradores porque lo hacen, justamente, en ese estado, que no es frecuente.

- Alejandro Rossi cuenta, en Manual del distraído, cuánto le sorprendió haberse enterado de que Valle Inclán le dio alguna vez una patada a su perro. Así, cuando un lector "creyente" se asoma a la trastienda de la literatura, comprueba que, detrás de muchos poemas bellos ( por lo tanto, según cierta ética, "bondadosos" ) se esconden personajes sórdidos y avaros, tan preocupados del escalafón como un ejecutivo bancario. No se trata de ninguna maldad sublime sino de artimañas y dobleces. El mismo lector intuye entonces que existen artificios llamados, por error, poemas: repertorios de palabras, frases, ideas y ritmos que no expresan a quien los reunió sino que explotan una tradición o una moda. Esas combinaciones no pueden indicar, por lo tanto, ninguna auténtica visión del mundo. Varias preguntas ingenuas: ¿La buena retórica puede ser, a la vez, buena poesía? ¿La obsesión formal (o la demagogia política) se encarga de cubrir una falta de profundidad? ¿Debe haber transparencia (como quería Rilke) entre la vida y la escritura? ¿El poeta está obligado a alguna clase de aislamiento y de fidelidad? ¿Fidelidad al origen, a la función de la palabra poética? Las preguntas suponen un sobreentendido: no es que el poeta deba ser santo sino, en todo caso, estar - sea el pecador que sea - en el poema.

- A mí me gustaría que los buenos poetas no fueran, por ejemplo, vanidosos, pero también me gustaría que no lo fueran los buenos médicos ni los buenos abogados (buenos políticos, no hay). Hasta hace poco, pensaba que no se puede ser un buen artista y a la vez una persona mezquina. Luego, admití que un narcisista agresivo puede coincidir con un buen escritor. Pero no vale la pena conocer a los escritores: la obra es autónoma y permanece, hasta cierto punto, incontaminada. De todos modos, la buena retórica no puede ser buena poesía. Hay poetas que fabrican poesías mediante el dominio de las formas y de fórmulas: el lector lo percibe. Lo importante de un poeta es su visión del mundo y, al combinar una serie de palabras armónicas (o inarmónicas, según el caso), no expresa necesariamente su visión del mundo (a veces, porque no la tiene). Sucede también que hay poetas sin talento que sí la expresan pero no resulta interesante. La poesía es expresión de un vínculo pero no resulta interesante. La poesía es expresión de un vínculo íntimo entre las emociones, las sensaciones y las palabras. Y la palabra poética tiene una moralidad propia: a pesar de las tretas, o por encima de ellas, sabe delatar la zona profunda o banal que le dio origen.
  La novela puede no provenir de una zona profunda y, de todos modos, estar bien construida y ser válida. La poesía - que nunca es artículo de consumo: nadie lee poesía para entretenerse -, en cambio no existe si sólo está bien escrita. Tampoco, por supuesto, si no lo está.

- ¿Existe aún el lector de literatura (al margen de quien recurre a los libros como a la televisión) o determinado tipo de obras y todas las revistas literarias se mueven en un circuito cerrado: escritores, aprendices, críticos?

- Está perdido, confundido ante la literatura de consumo. Es muy difícil que se publiquen 50 mil buenos libros al año (lo serán, a lo sumo, diez o quince). Vivimos en una civilización de la facilidad, pero está claro que determinadas cosas se pueden gustar a partir de una dificultad para entenderlas. Sin una educación que estimule el conocimiento de los valores intrínsecos de la literatura, con una crítica que - salvo excepciones - tampoco cumple ese objetivo y ante la invasión de subproductos, el lector consciente debe estar, seguramente, al borde de la extinción.

Sobre el alcoholismo de Dylan Thomas.

  "Es un error considerar a Dylan Thomas alcohólico. Bebía para producir una corriente de sentimientos entre el mundo exterior y él. Es verdad que, como los isabelinos, nunca probó más líquidos que los alcohólicos y hacía gestos de repugnancia si se le ofrecía té o café para desayunar, pero le bastaba la cerveza. En los cinco bares de Aldbourne nunca tomaba otra cosa. Bebía tranquila y lentamente desde las once hasta la una y más rápidamente por las tardes; su mejor momento era entre las siete y las ocho. Entonces se iba entonando y, sobre todo, si tenía el compañero adecuado, se animaba y crecía su locuacidad, a menudo con un tono bastante malicioso, pasando enseguida a su amplio repertorio de chistes verdes que contaba con gran entusiasmo, dándoles todo su sabor dramático. Cuando cerraban los bares se iba a casa de un amigo si era posible, acostándose razonablemente borracho hacia las doce o la una.

  (...) Cuando terminamos la última botella, temí por un momento que pudiera empezar a romper los muebles como se sabía que había hecho anteriormente al acabarse el alcohol, pero se marchó tranquilamente. Afuera brillaba la luna llena. Junto a la puerta de la calle había cuatro grandes basureros de metal que resplandecían a la luz de la luna. De repente, Dylan alzó las manos, como aterrorizado. - ¡Alí Babá! - exclamó. - ¡Alí Babá!".

  (Gerald Brenan: "Memoria personal, 1920-1975", ed. Alianza, 1979, pp. 480-481).